«Los discos, como los hijos, son como son y tienen que crecer»

Joan Manuel Serrat

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 15 Ago 1999

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Joan Manuel Serrat | ©  Wikimedia Commons.
Joan Manuel Serrat | © Wikimedia Commons.

 

El cantautor catalán viene de América Latina donde acaba de ofrecer cerca de 150 actuaciones y, en plena crisis del mercado, ya tiene firmadas casi 30 galas más. En cada concierto Serrat insiste en que su último disco, Sombras de la China, sea la espina dorsal del espectáculo “porque equivale a compartir con la gente lo mejor que uno tiene”, dice. “Nunca se relaja. Mantiene siempre esa tensión vital antes de salir a escena”, afirma de Serrat su guitarrista, el isleño Antonio Toledo. “Hemos estado actuando prácticamente un día sí y otro no, porque el montaje es bastante complicado, pero nunca lo ves cansado. Por el contrario, si pasa dos días sin dar un concierto, ya lo tienes loco por subir a las tablas”.

Así es un animal escénico al que apodaron El Nano en su infancia, el chaval del Poble Sec que acabó cantando las pasiones y las dudas, la memoria sentimental y las batallas de conciencia de tres generaciones de españoles. Viene de ofrecer alrededor de 150 actuaciones en América Latina, y en plena crisis del mercado tiene firmadas ya casi 30 galas más hasta octubre. Junto al pianista y arreglista Kitflus, es el último en abandonar la prueba de sonido. En el momento de enfrentarse al público, viste de un negro riguroso que no es de luto, sino más bien de elegancia. Pasa de los 55, pero se conserva como martillo en manteca. Se planta sobre el escenario como Pedro por su casa y conversa con una gozosa naturalidad, sin prisa, a pesar de que su público aguarda impaciente fuera. Hoy también será puntual a su cita en el escenario.

Comenzó su gira española en Málaga; bético, lector de Machado y amante del flamenco… ¿Es usted la prueba de que para sentirse andaluz no hace falta nacer aquí?

Uno es en esta vida lo que aprende de ella. Yo tengo una información de una Andalucía concreta, la de la inmigración. Una Andalucía que hizo las maletas buscando un sitio donde meter la vida, y en aquel barrio crecimos todos juntos. Creo que el cariño viene siempre de la relación, del conocimiento, del saber. Lo único que hay raro en este mundo es lo que uno ignora, y en la medida en que uno conoce, quiere. Yo le debo este conocimiento, y por tanto este cariño, a esa Andalucía que hizo las maletas y, de alguna manera, se quedó en casa. Por eso siempre he tenido una relación muy sencilla y muy natural con esta tierra.

¿El mismo que profesa a las tierras del otro lado del océano, que acaba de visitar?

Sí, la misma historia, la de implicarte y conocer, la de no sentirte ajeno. Tal vez por esa necesidad que buena parte de la gente tiene, de querer y ser querido.

¿Qué Chile ha encontrado en plena crisis Pinochet?

Pues un Chile dividido, como lamentablemente está desde 1973. Un Chile que urgentemente necesita reencontrarse con su presente, pero no a costa de olvidar su pasado. Mala llave del futuro es ésa. Es un momento delicado, porque lo que no se hizo en su tiempo -lo que al final de los años setenta se pactó, pero no se consensuó- les obliga a padecer constantemente.

La normalización que se comenta para Cataluña es, de alguna forma, una normalidad con corsé

A propósito de Chile, ¿se le siguen resistiendo las letras de Neruda?

Creo que Pablo Neruda es un poeta perfectamente cubierto en ese sentido. Y me gusta: siempre llevo conmigo el Crepusculario o Los versos del capitán, que leo y releo, y sigo redescubriendo a medida que la vuelvo a leer. No hay un porque sí ni un porque no para dejar de ponerle música.

Dejando a un lado la modestia, usted se siente poeta de letra y música…

No, yo me siento hacedor de canciones. Si hago canciones, es para cantarlas.

Su amigo, el cubano Silvio Rodríguez, ha editado un disco de Descartes. ¿A dónde van a parar las canciones que usted desecha en cada uno de sus discos?

Yo no tengo. Lo que no va a la cocina, lo tiro. Normalmente, cuando preparo un trabajo me quedo con lo que me gusta, y el resto se esfuma, como en aquella serie de televisión…

¿El último hijo es siempre el más guapo?

Es el que te permite poder compartir la vida con los hijos mayores. Si Sombras de la China no hubiese sido un trabajo del que estoy satisfecho, y que la gente ha tomado con tanto cariño, sería más durillo acarrear con todo el resto. Pienso que un artista tiene que estar constantemente en ejercicio. Aunque la vida te permita lo contrario, uno se siente más a gusto incorporando todo el trabajo nuevo. El disco sólo tiene un año, pero insisto en que sea la espina dorsal del nuevo espectáculo porque equivale a compartir con la gente lo mejor que uno tiene, lo más fresco. Los discos, como los hijos, son como son y tienen que crecer.

Aparte de su homenaje a la nova cançó, lleva diez años sin editar un disco en catalán…

Sí, pero ese disco vale por varios, porque fue un trabajo muy duro, difícil… De selección, de desarrollo… Calculo que el año que viene sacaré un disco en catalán, pero nunca se sabe…

Hace poco, Manuel Vázquez Montalbán pedía en El Puerto (Cádiz) la inmediata imposición del catalán como lengua oficial en Cataluña.

Eso es un vacile de Manolo, que afortunadamente tiene sentido del humor y sabe estar a la altura del que tiene la gente de esta tierra.

Otro poeta, José María Micó, reclamaba en cambio una normalidad para Cataluña, más allá de la tan cacareada normalización.

Sí, creo que es lo deseable. La normalización es, de alguna forma, una normalidad con corsé. De todos modos, me gustaría transmitir a la gente de Andalucía que el problema de Cataluña se nota más fuera de Cataluña que allí mismo. Realmente, nosotros no vivimos con un problema de enfrentamiento sociocultural en ningún sentido. Pienso que, por una parte, la gente es bastante tolerante. Y por otro, que los ciudadanos no catalanoparlantes son gente que se ha sabido incorporar con toda normalidad, y que se saben ciudadanos de primer orden, catalanes de primer orden.

Como todos, me siento con los buenos de mi parte. Pero solo con la pluralidad se puede aspirar a la normalidad

¿A quién le queda por convencer?

Creo que lo más importante, más que convencer, es estar uno convencido. O que al menos pueda expresar sus dudas constantemente, de modo que se sienta cómodo en el entorno en que está viviendo, con lo que uno tiene cerca.

¿Se siente Serrat con los buenos de su parte?

Yo creo que en general todos los humanos tenemos esta tendencia. Pero estoy convencido de que sólo con la pluralidad se puede aspirar a la normalidad.

Confiese, para terminar, una espina que tenga clavada, una piedra en el zapato…

No… (ríe). Eso entristece a mis amigos y satisface a mis enemigos. Y no tengo ganas de dar un disgusto a quienes me quieren, ni de darle un gusto a quien no.

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