Prohibido ser gay

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Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 29 Feb 2008

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Un activista gay bromea en un bar de Beirut (2005) | © Ilya U. Topper / M'Sur
Un activista gay bromea en un bar de Beirut (2005) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Madrid | Febrero 2008 | Con Andrea de Pablo

“No hay homosexuales en Irán”. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, fue tajante cuando un estudiante de la Universidad de Columbia de Estados Unidos le preguntó, en septiembre pasado, por las ejecuciones de jóvenes gays en Teherán.

La risa general que siguió a esta declaración en la mayor parte del mundo musulmán retumbó sólo de forma anónima en los foros de internet, refugio y palestra del colectivo homosexual en los países árabes. En los cafés, bares y discotecas de Casablanca, Argel o Ammán —y mucho más aún en El Cairo, Damasco o Dubai— se aconseja discreción. Si no, es fácil dar con los huesos en la cárcel. O incluso en el patíbulo.

En casi todos los Estados árabes, la homosexualidad se castiga —al menos teóricamente— con penas que van de dos meses de cárcel en Argelia a diez años en los Emiratos Árabes, o a pena de muerte en Arabia Saudí, Yemen y Sudán. Jordania, Iraq y Egipto carecen de legislación al respecto, pero tampoco toleran esta tendencia sexual: los tribunales de El Cairo condenan rutinariamente a los gays bajo la acusación genérica de “depravación moral”.

Si la homosexualidad se persigue depende mucho más de cómo lo vive la sociedad que del código penal

“La ley es irrelevante. Si la homosexualidad se persigue en un país árabe depende mucho más de cómo lo vive la sociedad que del código penal”. Lo dice Georges Azzi, coordinador de la asociación libanesa Helem. Teóricamente le podría caer un año de cárcel por asumir abiertamente su condición de gay en Beirut. En realidad, nadie le pone pegas legales cuando detalla las metas de su organización —la única del mundo árabe dedicada a la lucha contra la homofobia— en centros comunitarios, librerías, colegios… “La semana pasada incluso presenté Helem en una iglesia”, resalta Azzi.

“El último caso en el que alguien fue llevado a los tribunales por homosexual fue en 2000. Hoy sigue habiendo dificultades, hay mucho chantaje, incluso por parte de la policía, pero eso disminuye conforme aumenta nuestro trabajo de ‘visibilización’ pública”, concluye Azzi. Desde primavera de 2005, Helem edita una revista en árabe dedicada a los derechos del colectivo gay y vendida en media docena de librerías. Es la única del mundo.

¿Quién es el siguiente?

“Entre los demás países, Marruecos parece tener el mayor potencial para crear una asociación como la nuestra, quizás Jordania también”, cree Azzi. La calle marroquí, no obstante, ve lejano el momento en que una asociación de gays y lesbianas se establezca oficialmente, pese a que la policía raramente molesta a los homosexuales. “Pero si lo prohíbe la ley…” es el comentario más frecuente en Rabat.

Quizás ya no por mucho tiempo. El 26 de febrero, la Asociación de Derechos Humanos de Marruecos (AMDH) lanzó, junto a la organización internacional Human Rights Watch, una acción de recogida de firmas para pedir al Gobierno marroquí la abolición del artículo 489, que castiga con seis meses a tres años de cárcel “los actos impúdicos o contra natura con una persona del mismo sexo”.

“Nos critican: dicen que vamos contra la religión o que hacemos el juego a los islamistas…”

“AMDH milita por los derechos individuales. Deben respetarse mientras no vulneren los de los demás”. Khadija Ryadi, presidenta de la asociación, es tajante. Sabe que va a ser muy criticada por dar este paso, toda una primicia en Marruecos, pero no es algo que le importe: “Es habitual que nos critiquen todos los bandos. Que si vamos contra la religión o que hacemos el juego a los islamistas… Vamos a menudo a contracorriente de la sociedad en las causas que defendemos”, admite.

Pero la sociedad puede estar despertando en este aspecto tras el revulsivo que supuso, en noviembre, el caso de la pequeña ciudad de Ksar el Kebir, situada en el norte del país y dominada por el partido islamista. Tras denunciar la prensa una supuesta ‘boda homosexual’ en una fiesta privada, una muchedumbre se lanzó a una violenta caza de sus integrantes, supuestamente gays, y asaltó sus casas. El Estado, normalmente reacio a aplicar el artículo 489, se puso de lado de los integristas: en enero condenó a cinco participantes de la fiesta a penas de dos meses de prisión y a uno, inculpado además por venta ilegal de alcohol, a diez meses.

El escándalo de Ksar el Kebir catalizó ya en enero una iniciativa a favor de las “libertades individuales”, lanzada por la asociación marroquí Bayt al Hikma. Su fundadora, Khadija Rouissi, defendió en la prensa no sólo el archivo de la causa sino la denuncia de quienes incitaron a los asaltos —”si lo permitimos, pronto tendremos a teólogos y policías en casa”, vaticinó—, pero el manifiesto es más cauto.

No menciona el término “homosexual”, aunque lo insinúa al denunciar la presión que sufren los ciudadanos “con gustos u opciones de vida considerados ‘desviados’ y acusados de ‘ofender los sentimientos de los musulmanes’”. Ha sido firmado en el primer mes por más de 800 marroquíes, empezando por la flor y nata de la intelectualidad: desde el laureado escritor Tahar Ben Jelloun, pasando por políticos y ex ministros socialistas, hasta músicos raperos, periodistas famosos, empresarios y numerosos cineastas.

“La sexualidad es un tabú. Incluso si existen palabras no puedes utilizarlas”

Ya en 2006, el joven escritor marroquí Abdellah Taïa se declaró públicamente gay, algo que también expresa en sus novelas, y tuvo una excelente acogida en la prensa francófona marroquí. Pero jugaba con una ventaja: vive en París y escribe en francés. En árabe no es tan fácil: “La sexualidad es un tabú. Incluso si existen palabras no puedes utilizarlas. Estamos trabajando para configurar un lenguaje que pueda expresar nuestra sexualidad de un modo correcto en árabe”, explica Nisrín Mazzawi, activista de Aswat, una red palestina de lesbianas creada en 2002.

Aswat es la única asociación de defensa de los homosexuales en el mundo árabe aparte de Helem. Tiene su sede en Haifa, pero trabaja tanto con mujeres en los territorios palestinos ocupados como con las que tienen ciudadanía israelí. “Empezó como una red de correo electrónico porque la mayoría vivíamos años en secreto y queríamos poder hablar sobre la sexualidad sin necesidad de exponernos físicamente ni desvelar nuestra identidad”, recuerda Mazzawi. “Ahora somos 70 y nos reunimos todos los meses”.

Aswat lleva una lucha difícil. “Nosotras somos una minoría dentro de una minoría dentro de otra: somos palestinas en Israel —o en los territorios ocupados—, tenemos que afrontar la sociedad patriarcal en la que el tema de la sexualidad es algo totalmente tabú y, por último, somos lesbianas”, dibuja Mazzawi el complejo de prejuicios a los que se exponen.

“La idea del hombre gay choca más que la de la lesbiana: atenta contra la imagen del árabe viril”

No todas las leyes contra la homosexualidad hacen referencia a las lesbianas, porque el tabú social en este caso es todavía más fuerte que el referido a los hombres. Por otra parte, ellas tienen la parte práctica un poco más fácil, cree Georges Azzi, porque “cuando dos chicas se juntan suscitan menos sospechas” y porque “la idea del hombre gay choca más que la de la mujer lesbiana: el hombre atentaría contra la imagen del árabe viril”. Aunque desde Iraq a Marruecos se considera normal cierto contacto físico entre hombres —tomarse de la mano, besarse en las mejillas—, precisamente los gays suelen evitarlo para no dar lugar a comentarios.

Beirut es la excepción. En el barrio de Hamra no sólo hay bares de ‘ambiente’ sino también otros de aspecto familiar en los que se mezclan parejas ‘hetero’ de todas las edades que toman una copa tranquilamente y jóvenes gays que bromean en voz alta, lucen alguna falda —con vaqueros debajo— e incluso llegan a marcarse un baile insinuante subidos en la barra o hacen un divertido amago de ‘striptease’ sin que nadie se moleste.

Azzi asegura que “el tema es mucho menos tabú que antes. La sociedad libanesa y los medios de comunicación han evolucionado mucho”. Recuerda que durante las manifestaciones contra la guerra de Iraq, en 2003, Helem enarboló por vez primera la bandera del arcoiris. La ley que penaliza la homosexualidad se podría haber abolido ya si no fuera por la parálisis política. “No hay Gobierno ni Parlamento, de momento no se votan leyes”, señala.

El creciente protagonismo de la milicia fundamentalista chií Hizbulá en la sociedad libanesa no ha afectado la labor de Helem. “Hizbulá nunca ha interferido, nunca ha dicho nada negativo respecto a nuestro movimiento. Es más, su televisión, Al Manar, ha cambiado su terminología y utiliza la palabra ‘homosexual’ en lugar de ‘pervertido’, algo que en el resto del mundo árabe no es frecuente”, señala Azzi. “Parece que los grupos religiosos no incluyen la homosexualidad entre sus prioridades y esperamos que eso siga siendo así”, remacha.

Tampoco Mazzawi quiere plantearse la posibilidad de encajar la cultura homosexual en el islam. “En Aswat no nos hacemos preguntas religiosas. Es lo mismo que puede ocurrir con el cristianismo. Según como se entienda son formas irreconciliables. Se trata de una cuestión política y social, no religiosa”, sentencia.

Telepredicadores

Entre los teólogos musulmanes hay todo tipo de opiniones: desde el que defiende la pena de muerte basándose en los escritos clásicos de la ley coránica hasta quien interpreta que un acto de amor no puede ser contrario a la esencia de la fe y que un milenio de historia musulmana tolerante muestra que no siempre ha prevalecido la interpretación severa. Hoy es la que más se difunde, gracias al apoyo de la maquinaria televisiva y asociativa —apoyada con el dinero de Arabia Saudí— cuya influencia, a través de los telepredicadores y consultas de internet, también ha crecido en Europa.

“A menudo la gente de la calle te sorprende gratamente y te respeta mucho más de lo que pueda aparentar”

A menudo, los detractores de la homosexualidad asocian esta tendencia a la prostitución masculina, bastante común en algunas ciudades del sur de Marruecos, gracias al turismo sexual europeo. Otros acusan a los defensores de los derechos gays de “occidentalizados” o pertenecer a una élite europea sin contacto con su sociedad. Algo no sólo equívoco —la homosexualidad fue una práctica admitida durante siglos en la civilización islámica— sino falso, según Mazzawi. “Puedo decir, por experiencia personal, que a menudo la gente de la calle te sorprende gratamente y te respeta mucho más de lo que pueda aparentar”, asegura.

Las redes de homosexuales árabes son sobre todo virtuales: disponen de numerosas páginas web, incluso una específica para lesbianas magrebíes. Gracias al anonimato se buscan amigos y parejas y se comparten experiencias. La Red sirve a Helem para extender antenas. “Tenemos contacto con grupos clandestinos en muchos países árabes; estamos pensando en organizar un encuentro regional en Beirut”, señala Azzi. No es fácil cuando hasta “los Emiratos Árabes, que parecen tan modernos, tienen tan atrasado el nivel de los derechos humanos: Dubai sigue mandando a los gays a la cárcel”, lamenta.

La Universidad de Kuwait obligó a una profesora a dimitir por decir que los gays existen en el país

Scott Long, experto de Human Rights Watch, señala que Arabia Saudí es, desde luego, el país árabe con el mayor grado de represión, sólo igualado por Irán. Normalmente impone castigos de azotes a los condenados por “perversión sexual” pero retiene la pena de muerte para este delito. Teóricamente, también podrían imponerla Sudán, Mauritania y Yemen, pero no se conocen casos de ejecuciones y ni siquiera de persecuciones a gran escala.

Los países del Golfo son más abiertos —no hay una persecución policial sistemática, asegura Long—, pero suelen expulsar con cierta frecuencia a grupos de trabajadores inmigrantes acusados de ser homosexuales. La Universidad de Kuwait obligó en 1997 a la profesora Alía Shuaib a dimitir por señalar que esta tendencia sexual existía en el país.

Los teólogos egipcios pusieron el grito en el cielo en enero, cuando se estrenó la película ‘Hasta nuevo aviso’, por una breve escena en la que una mujer intenta seducir a otra. Pidieron incluso juzgar al director, Khalid Yusuf, y a las dos actrices. El año anterior, una escena similar entre dos hombres en el filme ‘El edificio Yacubian’ había suscitado una petición en el Parlamento para censurar la cinta, algo que no se hizo.

Scott Long afirma que en Egipto, que condena a penas de un año de cárcel a personas homosexuales o acusadas de serlo, también hay movimientos que les ofrecen abogados y asesoría legal. “¿Por qué no piden la legalización? La sociedad civil egipcia está bajo una tremenda presión del Gobierno; las organizaciones de derechos humanos ya sólo luchan por poder seguir trabajando. Es más fácil donde haya una sociedad mejor estructurada”, dice Long.

Peor aún es la situación en Siria y Túnez, donde el integrismo es casi inexistente pero la sociedad civil no tiene margen de maniobra. En Jordania “no me consta que el Gobierno haya encarcelado a nadie, pero es un tabú social; la propia familia puede ser peligrosa. Los ‘asesinatos de honor’ —que normalmente castigan la pérdida de virginidad de una hermana o hija— son un problema serio en Jordania y también se aplican a gays y lesbianas”, detalla el experto de Human Rights Watch.

Khadija Ryadi recuerda que los casos de Ksar el Kebir no son las únicas condenas de homosexuales en Marruecos, aunque el artículo 489 se aplique raramente. “Estos juicos no son mediáticos, nadie acude a una ONG para buscar ayuda, no lo denuncian públicamente, sus familias se callan”. Ryadi espera que la petición de legalización reciba el respaldo de políticos, aunque las firmas recogidas sean pocas, aclara, “nos damos por contentos con el debate público”.

Un tabú reciente

Fragmento de un poema homoerótico de Abu Nuwas
Fragmento de un poema homoerótico de Abu Nuwas

Numerosos teólogos musulmanes aseguran que la homosexualidad es una degeneración de las costumbres traída por Occidente y asociada a la pérdida de valores islámicos. En realidad, la homosexualidad ha sido una práctica conocida e incluso celebrada durante siglos en la cultura árabe, turca y persa.

“La literatura y la tradición árabes también están llenas de historias homosexuales”, recuerda la palestina Nisrín Mazzawi. El placer sexual, ya fuera ‘homo’ o ‘hetero’, “ha quedado plasmado en la literatura y la historia anterior al siglo XVIII, pero en los últimos dos siglos se ha ido convirtiendo en un tema tabú, algo de lo que no se habla y no se debe hablar”, resalta.

La socióloga marroquí Soumaya Naamane Guessous revela la insatisfacción sexual de muchas mujeres y el tabú que les impide verbalizar sus deseos… cuando uno de los manuales de sexología más detallados del mundo fue escrito por el tunecino Ahmed Tifachi en el siglo XIII. Sin ningún pudor respecto a las prácticas homosexuales, desde luego, a las que dedica incluso más espacio.

Uno de los poetas árabes más famosos de la historia es Abu Nuwas, del siglo VIII, que hoy se sigue estudiando en todas las facultades de literatura árabes. Dedica la mayor parte de sus versos a cantar los placeres del vino y el sexo con sus amantes, siempre masculinos. La primera vez que su obra poética fue mutilada para ser reeditada fue en El Cairo… en 1932. Hasta entonces se le leía en versión no censurada.

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