El segundo destierro de Abu Nuwas

Publicado por

Eva Chaves

Publicado el 5 Dic 2010

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El poeta árabe Abu Nuwas (recreación) | Khalil Gibran (Al Funun, 1916)
El poeta árabe Abu Nuwas (recreación) | Khalil Gibran (Al Funun, 1916)

Como gran poeta clásico, Abu Nuwas nunca ha dejado de estudiarse en las escuelas de educación secundaria de los países árabes. Nacido en Persia a mediados del siglo VIII, el poeta de la melena (éste es el significado del mote de Hasan ibn Hani al-Hakami) era una estampa habitual en las tabernas de Bagdad… y durante un milenio, sus versos lo serían en boca de los estudiantes de literatura de Rabat a Yemen.

Sin embargo, sus versos más libertinos, que describen explícitamente el amor, el erotismo y las bacanales homosexuales, y aquellos considerados hoy más rebeldes, que manifiestan su desobediencia religiosa, han sufrido la mano de la censura en varias ocasiones. Con todo, lo que forzó a Abu Nuwas a dejar Bagdad y buscar refugio en Egipto durante algunos años no fue su preferencia sexual ni su afición al vino, ni siquiera sus burlas al sagrado mes de ramadán, sino un poema de contenido político.

En el siglo XX, los gustos del público cambiaron. En Egipto, el intento de publicar una antología de toda su poesía fue abortado en 1934 cuando salió a la luz la primera edición moderna en árabe de su obra… y la primera en la que se suprimieron los poemas más irreverentes.

En 1934, se suprimieron por primera vez los poemas más irreverentes de una edición de la obra

Mucho más tarde, en 2001, Gamal Ghitani, escritor y editor del suplemento de literatura egipcio Ajbar al Adab, fue el encargado de la edición impresa de una colección completa de su obra: alrededor de 13.000 versos. El afán de recuperar al clásico no duró mucho: tras la publicación y distribución de miles de ejemplares, el Ministerio de Cultura egipcio ordenó confiscar y retirar del mercado los volúmenes tercero y cuarto del diván, correspondientes a la poesía nuwasí más controvertida.

La decisión del por entonces ministro de Cultura, Faruk Hosni ―nombrado en 1987 y en el cargo hasta hoy― vino tras la pregunta de un diputado parlamentario de los Hermanos Musulmanes, que criticó la publicación de tres novelas donde aparecían escenas sexuales, que en opinión de su partido, eran deshonestas y contrarias a la moral y valores de la sociedad.

Faruk Hosni agradeció la intervención del diputado y anunció el despido de los funcionarios encargados de la publicación de las tres novelas, olvidándose de que así estaba cooperando con aquellos que durante años le acusaron de ser el responsable de la difusión de la decadencia en el país. En consecuencia, el Ministerio de Cultura ordenó la retirada de la circulación de varias obras literarias, entre las que se encontraban las tres novelas y los volúmenes de la antología de Abu Nuwas mencionados.

La respuesta de los intelectuales egipcios ante las actuaciones del ministro fue boicotear la Feria Internacional del Libro de El Cairo de aquel año. El propio Ghitani declaró, figurativamente, que se habían quemado los volúmenes de Abu Nuwas, lo que le costó decenas de declaraciones para explicar que se refería a un secuestro de libros. Las aclaraciones no llegaron a muchos medios occidentales pues siguen referiéndose aquel supuesto acto escandaloso e inquisidor cual escena de Fahrenheit 451 llevada a la práctica.

A Faruk Hosni, en todo caso, la irreverente poesía nuwasí le debió de parecer poco universal: en 2009 se postularía como candidato a secretario general de la UNESCO, carrera que perdió por un escaso margen ante la búlgara Irina Bokova.

Reivindicaciones islamistas

La existencia de una censura justificada con argumentos de base fundamentalista se repite en la mayor parte de los países árabes. La supresión de escenas y formas de expresión en el arte, el cine, la canción y la literatura se encuentra entre la lista de objetivos reivindicados por quienes quieren implantar la bandera de un estado islamista. Desgraciadamente, se viene demostrando que la aprobación de esa censura es uno de los recursos más fáciles con el que el gobierno intenta captar el apoyo de los sectores fundamentalistas.

En Iraq, la censura y la represión de las libertades de opinión, expresión y pensamiento en los ámbitos social, cultural y político son cada vez mayores. El pasado 6 de diciembre, el Ministerio de Educación iraquí eliminaba los estudios de Teatro y Música en el Instituto Superior de Bellas Artes de Bagdad, a la vez que ordenaba quitar las esculturas figurativas de la entrada al edificio por considerarlas ilícitas en un jardín de tránsito público.

Estudiantes y profesores temen que después le llegue el turno a otras materias, como Cine o Fotografía, pero los miedos personales a posibles represalias ni siquiera dejan lugar para expresar ante las cámaras una oposición firme, como se pudo observar en los noticiarios.

El poder de los miembros de los partidos religiosos conservadores en el Congreso de los Diputados iraquí estuvo a punto, el pasado mes de octubre, de impedir la celebración del Festival Internacional de música, teatro y arte de Babilonia. El mismo poder fundamentalista ha conseguido cerrar todos los clubes culturales, sociales y de ocio iraquíes, incluidas las asociaciones literarias.

En una manifestación multitudinaria de intelectuales iraquíes el pasado 3 de diciembre en defensa de las libertades, las pancartas clamaban que “No se construyen naciones reprimiendo las libertades”, “Las libertades lo primero” y “Bagdad no será Kandahar”. Cierto es que Iraq no fue ni es similar a aquella ciudad afgana, pero el pesimismo de imaginar que lo pueda ser en un futuro no se aleja de la realidad que se está construyendo bajo el amparo de una nueva Constitución, basada en muchos de sus puntos en los valores religiosos musulmanes más estrictos.

En Bagdad hay una estatua de Abu Nuwas, pero las obras ya no se estudian en los colegios

Es por ello que, en la que fuera tierra de adopción de Abu Nuwas y escenario de la mayor producción de poesía báquica y libertina clásica, la situación de la obra del más popular poeta árabe es aún más entristecedora. Una de las avenidas más largas y más populares de Bagdad lleva décadas luciendo el nombre del poeta, e incluso una estatua suya, en la que aparece sentado y aferrado a un vaso de vino, pero una breve encuesta sobre la difusión de su obra en los colegios e institutos, arroja dos respuestas contundentes: “No, ya no se estudia” y “¿Quién es Abu Nuwas?”

Sin duda, las nuevas generaciones de jóvenes iraquíes ya no van a poder presumir de ser los más cultos, como resumía el célebre proverbio árabe “Los libros se escriben en Egipto, se imprimen en Líbano y se leen en Iraq”. Pero el dicho ha quedado doblemente desfasado, pues tampoco Egipto es ya el lugar que focaliza las actividades de manifestaciones cultural y artística árabes.

Desde las dos últimas décadas, el foco de producción cultural apunta a otros países, con Marruecos a la cabeza. Cierto es que muchos intelectuales siguen escogiendo vivir en la cosmopolita ciudad de El Cairo, a pesar de la crisis que sufre el país en todos los aspectos, y la mayoría de las editoriales árabes siguen siendo libanesas, pero cada país cuenta con una creación cultural propia cada vez más amplia.

Antologías contracorriente

La melena de Abu Nuwas no es la única recortada por las tijeras del censor: hay más obras del patrimonio literario árabe que son pasadas por el microscopio. Las mil y una noches, sin ir más lejos, se publica con las más variadas extensiones dependiendo de la evaluación arbitraria que cada editor hace de la obra.

Por fortuna, y en contraposición a estas lisiadas ediciones, nos encontramos con otras, tanto de Las mil y una noches como del diván de Abu Nuwas, que reúnen aquellas partes normalmente censuradas. El motivo por el cual se ha permitido la publicación de estos trabajos es bastante arbitrario pues depende básicamente de la autorización que en esos momentos hacen los funcionarios encargados del gabinete de censura, autorización que varía de un año a otro.

Así, la antología prohibida de Abu Nuwas la podemos encontrar en Marruecos, pero no en Egipto, donde podrá comprarse tiempo después y más tarde quizá haya vuelto a desaparecer. Todo dependerá de los censores y las críticas fundamentalistas que haya recibido la obra.

Donde sí se reúnen los poetas malditos es en internet: contamos con numerosos blogs en árabe cuyos autores se han encargado de compilar cientos de textos censurados o difíciles de encontrar en ediciones impresas. El criterio de agrupación responde a los temas objeto de censura. Abu Nuwas destaca dentro de tres tipos de microantologías: las que reúnen legado literario de temática homosexual, las que recopilan versos de poetas clásicos que critican la prohibición de beber alcohol y, por último, las que satirizan el mes de ramadán.

Ciertamente, Abu Nuwas no fue el único en abordar este tema de crítica al mes del ayuno musulmán. A él se sumaron los poetas clásicos, también mesopotámicos, Abu Dulama (siglo VII), Ibn al Rumi (siglo IX) o Ibn Daniel al Mosuli (siglo XIII) entre otros.

Resulta una paradoja que quienes dicen no leer lo que se llama literatura mágica, los que quizá boicoteen la televisión, quienes afirman que no van al cine ni al teatro, sean conscientes de que la supresión de las voces de los que ellos mismos llaman intelectuales es el primer paso para la construcción de su dura línea religiosa.

Resulta una paradoja que justo frente a quienes se erigen en portavoces del esplendor pasado del mundo musulmán haya que reivindicar los versos de poetas de hace más de diez siglos, que deba lucharse por recuperar la integridad del legado literario árabe, que haya que protestar, al fin, contra el segundo destierro de Abu Nuwas.

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