«En la Italia actual es lo mismo tener un buen currículum que un buen cuerpo»

Marian Trapassi

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 14 Mar 2010

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Marian Trapassi | Foto promocional
Marian Trapassi | Foto promocional

Cuatro discos han bastado a la palermitana Marian Trapassi para hacerse merecedora de un sitio de honor en la canción de autor italiana actual. A Sogno verde (2002) le sucedió Marian Trapassi (2004), y tras obtener el premio Ciampi y participar en un tributo colectivo a Nick Drake salió a la luz Vago e torno (2006), siempre con la producción de su inseparable Simone Chiviló.

Su último larga duración hasta la fecha, Vi chiamerò per nome  (2008), se presenta como una galería de tipos femeninos, tan italianos como universales, cada uno de los cuales plantea una reflexión sobre cuestiones como el matrimonio, la obsesión por la imagen, la soledad, la idea que las mujeres tienen de sí mismas.

Recientemente actuó en España, en el ciclo de conciertos La Casa de la Bombilla Verde que se celebra en San José del Valle (Cádiz) con la colaboración de Mediterráneo Sur.

En este momento ultima los detalles de 4 Minutes Miracle, su próximo álbum, del que ofrecemos un adelanto en exclusiva aquí.

Mujer, siciliana, artista. ¿Cuál de estas tres cosas es más condicionante en Italia?
¡Siciliana! [risas]. Aunque pueda parecer retórico o un poco pasada, en Italia existe todavía una gran división entre el sur y el norte. Yo diría antes siciliana, después mujer y por último artista, en ese orden. La figura de la mujer-objeto se ha convertido en un valor, una moneda de cambio para la corrupción

Siempre la cuestión meridional…
Sí, la cuestión meridional no se ha resuelto jamás, y me temo que nunca se resolverá. Hay una gran división, aunque en este momento político lo que está pasando en Italia se parece mucho a lo que ocurre en Sicilia. Por eso creo que se puede hablar de una cuestión italiana, no sólo meridional. No se trata sólo del prejuicio siciliano: llega hasta el norte la idea de que meridional, estafador, mafioso, son sinónimos.

La Italia actual parece una sociedad bastante machista, hasta el primer ministro es un ejemplo de ello. Pero además el cine, la literatura, el arte, nos han mostrado a menudo una imagen similar del país. ¿Hasta qué punto podemos hablar de una tradición arraigada? ¿Dónde acaba el tópico?
Yo creo que se ha producido un retroceso cultural en estos últimos años. Tanto es así, que la izquierda ha tomado como propias actitudes de estos nuevos modelos culturales, e incluso ha contribuido ella misma a esta decadencia. Por lo que se refiere a la figura femenina, estamos llegando a un punto extremo. Se ha convertido en algo normal que, puesto que la mujer es libre de hacer lo que quiera, pueda también ofrecerse sexualmente para hacer carrera. Es decir, las chicas de hoy que quieren ir a la televisión saben que lo mismo vale tener un buen currículum que un buen cuerpo y aceptar hacerle favores a este o a este otro. Y también es cierto que se ha hablado tanto en estos últimos tiempos de los escándalos que se han producido en el ámbito político, que la figura de la mujer-objeto se ha convertido en un valor, en una moneda de cambio para la corrupción. No es suficiente sólo con el dinero, sino el dinero, las mujeres, la droga…Y de todo esto son partícipes también las mujeres. De todos modos, es un proceso que ha creado la televisión. Desgraciadamente no hay una burguesía intelectual tan fuerte para oponerse a todo eso; triunfa sobre todo el dinero, porque todo lo haces con dinero, la cultura la haces con dinero, los espectáculos los haces con dinero…

¿Ha hecho un disco para que la mujer se sienta identificada, o en cambio para que los hombres entiendan algo más sobre ellas?
En realidad no lo sé. Al principio lo he hecho para mí misma, para comprender lo que ocurría a mi alrededor, y lo que me pasaba a mí. No soy ya una chica joven, soy una persona adulta y quería contar lo que le pasaba a las mujeres en ese momento de su vida. Fijándome en mis amigas y en mi entorno he descubierto cómo ha cambiado la mujer… y las pocas verdades que existen sobre nosotras. También esta obsesión por la belleza, por ser jóvenes, las mujeres la están asumiendo de una forma muy poderosa, y eso es una trampa. Somos víctimas de todo eso.

¿Es la música una herramienta para cambiar el pensamiento de las personas?
He intentado hacerlo de forma más bien indolora y subliminal. Hay un cantautor que en los años setenta era muy famoso, y ahora también, Edoardo Bennato, un napolitano que tenía una carga política fuerte, escribía canciones diciendo que eran sólo cancioncillas, pero él con estas cancioncillas lograba decir cosas que quizás en política no se llegaban a decir, y así se justificaba: son sólo canciones. Es un arma de doble filo, puedes decir tantas cosas con las canciones, de una forma que llega…

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En el disco Vi chiamerò… aparece con un vestido de novia casi a pedazos, y con un corte de pelo desenfadado. ¿Qué mensaje quería transmitir con esa imagen?
Se trataba de desacralizar el traje de novia. De hecho, aparezco con un vestido que está cortado, viejo, no es el de una mujer convencional con este vestido de boda que está cargado de cosas, el que todas las mujeres querrían ponerse, con el que sueñan desde que son niñas. Y mi mensaje es que ese vestido es todo y es nada, es un símbolo cogido con pinzas, como se dice en italiano. Incluso poso en una fotografía así, tomando los bordes con unas pinzas de tender.

Una de las canciones del disco, Margherita, habla precisamente del matrimonio. ¿Sigue siendo el sueño de casarse y tener hijos el de la mujer italiana, o hay quizás otras alternativas que ganan peso en la actualidad?
Aunque no lo confiesen, es el sueño de todas las mujeres. Es el sueño con el que creces. Desde que eres una niña todos los cuentos, todo lo que te dicen es que un día te casarás, con ese vestido blanco… y te queda un valor muy fuerte del matrimonio. Aunque quizás después no se realice porque la sociedad ha cambiado, en un pequeño cajón de la cabeza de la mujer siempre está esa posibilidad. A veces se queda sólo como un sueño por realizar porque el matrimonio tiene hoy día un valor un poco…bueno, no hay más que ver que actualmente hay más divorcios que bodas. Y de hecho existen otras alternativas, hay muchas mujeres solteras y también muchos hombres, claro que sí, y sobre todo en Milán yo he visto este tipo de mujer que trabaja, independiente, fuerte, que se dedica a su carrera profesional pero que puede también tener una familia… existen estos nuevos modelos, y son mujeres que están satisfechas con su vida. También se están creando nuevos roles masculinos, esos padres que se quedan en casa con los bebés. Es una fase de cambio, donde los modelos culturales y sociales están un poco en crisis y se están revisando. Además, nosotros tenemos a la Iglesia católica, también fuerte en España, para la que la familia es un valor muy fuerte. Italia es un país muy católico, aunque con este papa la gente no se identifica tanto; el anterior tenía mucho carisma, llegaba más a las personas.

Otros temas del disco, como Marta o Lucilla, hablan de la mujer que es víctima de la moda, del consumo. ¿Cómo se libra una de esa presión viviendo en la ciudad de la moda por excelencia, como es Milán?
También yo me siento un poco víctima, creo que como todas las mujeres, de la moda. Nadie escapa a esto. Tengo amigas que trabajan con su imagen, en televisión, y he asistido a algunas de sus crisis porque sabes que cuando cumples 35 años más o menos estás viendo que tus compañeras consiguen un programa porque son más guapas y tú estás verdaderamente preparada para ese mismo puesto.Y en las entrevistas de trabajo se manifiesta cómo esta cuestión de la imagen es una condición fundamental. Yo, sinceramente, intento hacer mi trabajo lo mejor posible, no apuesto por la imagen, me salgo de ahí y me centro en escribir.

Nos preguntamos si la fuerza económica de Milán, gracias a la moda, repercute de alguna forma en una mayor vida cultural para la ciudad.
Si se celebra la Semana de la Moda se paraliza la ciudad, pero la cultura tienes que buscarla. De hecho, en verano, el ayuntamiento de Milán no organiza absolutamente nada. La cultura está siempre ligada al negocio. En Milán no se hace cultura para educar al público; sí hay ideas, fundaciones culturales, pero todo de pago. Es cierto que allí la oferta cultural es extensa, pero por una simple cuestión estadística, mientras que por ejemplo Roma tiene una tradición cultural mucho más fuerte. Por ejemplo, el famoso festival Estate Romana, donde hay espectáculos cada día durante tres meses y gratis o a un bajo precio. Milán es el centro de todo, todo lo que sucede en Italia parte de allí, pero se debe sólo a que hay dinero en medio…

Dicen que los sicilianos que viven fuera de la isla, en la península, se dividen entre milaneses, como Ferdinando Scianna, o romanos, como Camilleri. Usted ha caído del lado milanés.
Sí, es verdad, me encanta que me hayas hecho esta comparación. Roma tiene un clima más meridional, y también las relaciones entre las personas, es un poco española; mientras que Milán es trabajo, ritmo acelerado… En Milán no se hace cultura para educar al público; sí hay fundaciones culturales pero todo es de pago

¿Se atrevería a hacer también un listado de arquetipos del hombre italiano, o sería éste un terreno de arenas movedizas?
Con la misma ironía y la misma ligereza, sí que me atrevería a hacerlo, pero no sé si quiero [Risas]. Quizás sí, sería divertido.

En España, uno de los grandes problemas sociales es la violencia de género. ¿Existe este mismo problema en Italia? ¿El debate está también entre los ciudadanos?
En Italia es diferente, se da menos ese debate. Seguramente en el ámbito doméstico suceden cosas tremendas, también en mi país, pero no se viven como en España; y lo sé porque he oído hablar de este problema que tenéis aquí, he visto las noticias que aparecen en prensa, las campañas sociales. En Italia este fenómeno existe, pero quizás más en el sur. En el norte está establecido que la mujer trabaja, el núcleo familiar es mujer y hombre que trabajan ambos. En cambio, el modelo más antiguo resiste al sur, quizás porque tampoco hay trabajo y las mujeres están en casa, con los hijos, etcétera. Y estoy convencida que si hubiera trabajo, trabajarían, porque las jóvenes del sur están preparadas, quieren hacerlo, pero no hay oferta para ellas.

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