Shalit, por ejemplo

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 26 Jun 2010

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Redacto estas líneas mirando por la ventana las aguas azules del mar Mediterráneo y pensando en el joven que permanece retenido no lejos de este mar, a unas docenas de kilómetros de aquí.

¿Puede Gilad Shalit mirar el mismo mar a través de su ventana? ¿Tiene siquiera una ventana? ¿Cómo se encuentra? ¿Cómo le tratan?

Hoy hace cuatro años y un día que permanece en un estado de cautiverio que por ahora es indefinido.

Gilad Shalit se ha convertido en un símbolo viviente, un símbolo de la realidad israelí, de la incapacidad de nuestros dirigentes para tomar decisiones, de su cobardía moral y política, de su incapacidad para analizar una situación y sacar conclusiones.

Si hubiera habido una oportunidad de liberar a Shalit mediante la acción militar, el gobierno israelí la habría aprovechado de buena gana.

Israel prefiere solucionar un problema por la fuerza antes que negociar

Esto es más que obvio, ya que la opinión pública israelí siempre prefiere solucionar un problema por la fuerza a hacer nada que pudiera interpretarse como una debilidad. El rescate de los rehenes en Entebbe en 1976 se considera una de las hazañas más gloriosas de la historia de Israel, a pesar de que el éxito no se convirtió en fracaso por los pelos. Apostaron las vidas de los 105 rehenes y de los soldados y ganaron.

En otros casos, sin embargo, la apuesta no les salió tan bien. Ni en Munich en 1972, cuando jugaron con la vida de los atletas y perdieron. Ni en Ma’alot en 1974, cuando jugaron con la vida de los colegiales y perdieron. Ni en el intento de liberar al soldado capturado Nachschon Wachsman en 1994, cuando jugaron con su vida y perdieron.

Si hubiera habido alguna posibilidad de liberar a Shalit por la fuerza, habrían arriesgado su vida y probablemente habrían perdido. Afortunadamente para él, no han tenido tal oportunidad. Por ahora.

En realidad, esto es bastante sorprendente. Nuestros servicios de seguridad tienen cientos de colaboradores secretos en la Franja de Gaza, además de sistemas de vigilancia de alta tecnología. Sin embargo, parece que no se ha obtenido información fiable sobre el paradero de Shalit.

¿Cómo ha conseguido eso Hamás? Entre otras medidas, no permitiendo ningún contacto con el prisionero, ningún contacto con la Cruz Roja Internacional ni con dignatarios extranjeros, nada más que dos videos cortos, y casi ninguna carta. Sencillamente no se les puede presionar. Se niegan a cualquier petición de esta naturaleza.

Este problema podría haberse resuelto si nuestro gobierno hubiera estado dispuesto a garantizar que no se haría ningún intento de liberarlo por la fuerza, a cambio de un compromiso por parte de Hamás de permitirle contactar con la Cruz Roja. Para que fuera creíble, tal empresa probablemente requeriría una garantía por parte de un tercero, por ejemplo de Estados Unidos.

En ausencia de un acuerdo de este tipo, todos los discursos moralistas de los estadistas extranjeros acerca de “dejar que la Cruz Roja vea al soldado” son sólo palabras vacías.

No menos hipócritas son las exigencias de las personalidades extranjeras para “liberar al soldado secuestrado”.

Los discursos moralistas acerca de “dejar que la Cruz Roja vea al soldado” son sólo palabras vacías
Estas peticiones son música para los oídos de los israelíes, pero pasan completamente por alto el hecho de que el tema tendría que ser el intercambio de prisioneros.

Gilad Shalit está vivo y respira, es un joven cuyo destino despierta fuertes emociones humanas. Pero también lo son los presos palestinos. Están vivos y respiran y su destino también despierta fuertes emociones humanas. Entre ellos hay jóvenes cuyas vidas se desperdician en la cárcel. Entre ellos hay líderes políticos, a los que se castiga por el simple hecho de pertenecer a una u otra organización. Entre ellos hay personas que, en la jerga israelí, “tienen las manos manchadas de sangre” y que, en el lenguaje de los palestinos, son héroes nacionales que han sacrificado su propia libertad por la liberación de su pueblo.

El precio exigido por Hamás puede parecer exorbitante: un mil por uno. Pero Israel ya ha pagado ese precio por otros prisioneros en el pasado, y eso se ha convertido en la media normal. Hamás no puede aceptar menos sin quiere guardar las apariencias.

Los mil presos palestinos tienen familias; padres, madres, maridos, esposas e hijos, hermanos y hermanas. Exactamente igual que Gilad Shalit. Ellos también gritan, exigen, ejercen presión. Hamás no los puede ignorar.

Todo el asunto es una prueba impresionante de la incapacidad de nuestro gobierno, tanto del anterior como del actual, para tomar decisiones e incluso para pensar de manera lógica.

Nuestros dirigentes son incapaces de decidir sobre cualquier asunto importante

Hamás ya ha fijado el precio hace cuatro años, de acuerdo a los precedentes anteriores. Sus exigencias no han cambiado desde entonces.

Desde el primer momento, era necesario tomar una decisión.

Sin duda, semejante acuerdo fortalecería a Hamás. Confirmaría su legitimidad como un jugador importante en el tablero palestino. Se vería como una confirmación del mantra de que “Israel sólo entiende el lenguaje de la fuerza”.

Por lo tanto, todo se reduce a una simple pregunta: ¿Sí o No?

SÍ significa un golpe a Mahmud Abbas, cuyos medios conciliatorios no han dado lugar a la liberación de un solo preso palestino importante. (Estados Unidos ha vetado cualquier acuerdo de este tipo, ya que fortalecería a Hamás, a la que tilda de ‘organización terrorista’, y debilitaría a Abbas, a quien los estadounidenses consideran uno de los suyos.)

NO significa cadena perpetua para Shalit, quedando su vida en constante peligro.

Desde hace cuatro años, nuestros dirigentes han sido incapaces de decidir, como también lo son de decidir sobre cualquier otro asunto importante respecto a nuestro futuro. (Por ejemplo: ¿dos Estados o un Estado de apartheid? ¿Paz o asentamientos? ¿Firmar un acuerdo de paz con Abbas o negociar con Hamás?

Para escabullirse de la necesidad de tomar una decisión, han empleado varios trucos.

El bloqueo se impuso para que Gaza derrocara a Hamás; relacionarlo con Shalit fue sólo un golpe de efecto

Entre otros, la afirmación de que el propósito del bloqueo a Gaza era liberar a Shalit.

Eso fue desde el principio un pretexto falaz. El bloqueo fue impuesto para obligar a la población de Gaza a derrocar el régimen de Hamás, que había ganado las elecciones palestinas. Relacionarlo con Shalit fue sólo un golpe de efecto.

Ahora, el bloqueo ha sido levantado parcialmente. Ésa es una gran victoria para la flotilla de ayuda, una victoria que sus organizadores no se atrevieron a esperar ni en sus mejores sueños. Como resultado de la estúpida decisión de atacar el barco turco, la presión internacional hizo que este paso fuera inevitable.

Entre otros pretextos, el gobierno declaró que “el bloqueo, sea como fuere, no ayudó a la liberación de Shalit”.

Los padres de Shalit pusieron el grito en el cielo. Realmente creían que había una conexión entre el bloqueo y el destino de su hijo. Pero es obvio que, cuando se decidió ceder a la presión internacional y levantar el bloqueo parcialmente, a Binyamin Netanyahu y Ehud Barak ni se les pasó por la cabeza Shalit.

Hago hincapié en la palabra ‘parcialmente’. Es cierto que es una gran victoria para todos aquéllos de nosotros que dijimos desde un principio que el bloqueo era inmoral, ilegal y poco prudente. La decisión de permitir la entrada en la Franja de todo tipo de cosas excepto armas constituye un gran cambio.

Pero el principal problema en Gaza es la pobreza inducida por el desempleo. Prácticamente todas las empresas en la Franja de Gaza han sido cerradas a consecuencia del bloqueo. No sólo no podían abastecerse de materias primas sino que, lo cual no es menos importante, no podían exportar sus productos a Cisjordania, Israel o al mundo en general.

Parece que esta situación no ha cambiado. Incluso si las empresas que quedan reciben materias primas ahora, no pueden exportar sus productos textiles, frutas, flores y todo lo demás. Los proveedores israelíes ganarán ahora millones vendiendo sus mercancías en la Franja de Gaza, pero los habitantes de Gaza no podrán vender sus productos en Israel.
De todos modos, esto no atañe al destino de Shalit.

La familia Shalit está terriblemente afligida. Uno puede entenderlos, pero simpatizar con ellos no quita que se pueda estar en desacuerdo.

Se equivocan cuando se oponen al levantamiento del bloqueo. Se equivocan cuando piden que los prisioneros de Hamás en Israel no puedan recibir visitas de familiares. (Y no sólo porque a las familias que residen en Gaza no se les permita entrar en Israel de todas formas.)

No se puede tener todo. Cuando Noam Shalit, el padre, exige que se libere a un millar de presos de Hamás para liberar a su hijo, no puede participar al mismo tiempo en la persecución de los prisioneros de Hamás. No puede exigir un trato humano para su hijo y al mismo tiempo justificar el trato inhumano a la población de Gaza. Este doble rasero desconcierta a la opinión pública y socava la campaña de liberación de Gilad.

El mensaje a Netanyahu debe ser simple, claro y directo: hacer el intercambio de prisioneros ya

El mensaje debe ser simple, claro y directo, y dirigido a Binyamin Netanyahu: tomar la decisión de poner en práctica el intercambio de prisioneros inmediatamente. Gilad volverá a casa y todos los israelíes saltarán de alegría. Los prisioneros palestinos también regresarán a sus hogares y, también allí, todo el mundo saltará de alegría.

La incapacidad de Netanyahu para tomar decisiones y ser consecuente con ellas revela la magnitud de su incompetencia como líder.

A cambio, tenemos un especialista en marketing (que resulta ser su profesión original), una persona que se levanta con las encuestas por la mañana y se va a dormir con las encuestas por la noche. Los que hacen las encuestas le dicen que la liberación de Gilad Shalit sería bien acogida en Israel pero que la liberación de los palestinos no sería popular. Por la noche, en la cama, agoniza pensando en esto: ¿Qué sería mejor? ¿Cuántos votos se ganarían? ¿Cuántos votos se perderían?

Eso es aterrador. Si no puede tomar una decisión directa sobre el destino de Shalit, ¿cómo va a tomar decisiones acerca de los problemas que afectarán al destino de todos nosotros, no durante un año sino durante generaciones?

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