«El monstruo de nuestro tiempo es el gilipollas»

Forges

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 16 Dic 2011

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Antonio Fraguas 'Forges' (Sevilla 2011)  |  Estefanía González
Antonio Fraguas ‘Forges’ (Sevilla 2011) | Estefanía González

¿Tiene un humorista derecho a estar muy mosqueado? Desde luego que sí: Forges es la prueba. La promoción de su última obra, un Drácula dibujado a medias con otra leyenda de la viñeta, Alfonso Azpiri, que acaba de ver la luz en Ediciones B, es la excusa para que este veterano dibujante dispare contra algunas docenas de cosas que no le gustan del momento presente.

Antonio Fraguas (Madrid, 1942), un corredor de fondo cuya firma ha figurado en los principales periódicos y revistas españoles (Hermano Lobo, Por favor, El Jueves, Interviú, Diario 16, El Mundo, El País…) se muestra muy crítico con el rumbo que va tomando casi todo, desde la economía a la programación televisiva. Algo que le asusta mucho más que los condes de Transilvania.

Con lo terrorífico que está el panorama, ¿no se han quedado un poco antigüitos los clásicos del terror?
Es curioso, todos los grandes terrores vienen de la más remota antigüedad: lo único que cambia es la indumentaria, los vestidos, las épocas. Shylock [el judío de El mercader de Venecia de Shakespeare], por ejemplo, me parece un cuento de terror terrorífico no considerado como tal. Con los tiempos procelosos que vivimos, creo que Shylock puede convertirse en un monstruo a la altura de Drácula, Frankenstein o el Hombre Lobo. Barba Azul es un relato terrorífico para mayores de la Alta Edad Media, pero en este momento se publica como cuento para niños. Blancanieves es una brutalidad, Caperucita ni te digo, puro sado-maso… Ya ves que todo va derivando, evolucionando.

Los monstruos clásicos respondían a ideales románticos, más tarde vinieron otros que eran fruto del progreso o la tecnificación. ¿Qué monstruos va a producir esta época?
El gilipollas, en general. Que no tiene por qué ser e-co-no-mi-cis-ta, ojo, no economista, no la vayamos a liar. El economicista es una cierta forma de uso de la sociología. Ahora mismo hay un problema tremendo, porque hay un monstruo, una especie de teórico-político que no es un político, que diseña unas estrategias, sinergias o tendencias las llaman, para que la sociedad actúe con parámetros exclusivamente economicistas. No existe el amor, ni la comprensión, fíjate si será grave que no va  a existir ni la tuna. Todo lo que no sea rentable, rentable para ellos, no existe. Cosas que parecen un chiste, como la idea de “estamos dispuestos a dar trabajo, siempre que los trabajadores nos paguen a nosotros”, están pasando. Un alto dirigente de los empresarios españoles ha propuesto crear cientos de miles de empleos a 400 euros. Yo sólo le preguntaría, ¿Usted cuánto gana? Podemos hacer una cosa, usted y sus queridos compañeros superforrados, renuncien a sus gabelas y a lo mejor con lo que usted gana en un mes, salen mil puestos de trabajo de 400 euros. O 500 de 800. Y podemos seguir la progresión, y a lo mejor hay gente que ganaría 2.000 euros extraordinariamente.

¿Y el humor, qué puede hacer ante esos nuevos terrores?
El humor tiene una ventaja. Según el Derecho Romano, siempre está protegido por el animus iocandi del humorista. Es una eximente legal por el cual el ánimo de hacer reír, de hacer felices, tiene licencia para “atacar”, entre comillas, determinadas parcelas de la realidad y el poder. Por eso intentamos decir claro lo que otros dicen embrollado. Vamos al grano.

Eso les emparenta con los periodistas, viejos vecinos que no siempre dan su sitio al humor gráfico.
Yo no me considero periodista, aunque casi todos mis compañeros tienen el carnet que las correspondientes asociaciones de la prensa dan. Pero claro, hay que pedirlos, y yo soy muy malo para pedir las cosas, me da mucha vergüenza. Me considero un periodista vago, solo porque llevo en esto 47 años. Pero hay un gran problema: hay quien se llama periodista, y lo que hace es insultar, decir mentiras e infundios, colapsar los juzgados, amenazar con publicar cosas, quieren cobrar dineros exorbitantes por no decir cosas que dicen saber…

O sea, todo lo contrario de lo que debe ser el periodismo…
El espectáculo lamentable que están dando las televisisones a este respecto es algo por lo cual la sociedad va a tener que pasar factura. Me parece muy bien que haya empresas que hayan empezado a retirar la publicidad de esos programas: tendría que haber pasado hace diez años. No hay que dejar que la cosa se pudra, sino dar ejemplo. No se puede tener a algunas personas inocentes, determinadas reinas de la popularidad por su falta de formación, hacer de ellas un árbol, llenarlas de joyas y luego cortarlas, arrasarlas y por los suelos llevarlas a los confines de la desesperación, que es como se hace habitualmente por parte de una pandilla de sinvergüenzas que no merecen ni que se conozca su nombre. ¿Por qué no dicen esto los periodistas? Porque no son humoristas, no les protege el animus iocandi.

¿Y cómo andamos de libertades en la España actual?
Lo que las constituciones garantizan es la libertad de expresarte. Yo tengo absoluta libertad para expresarme, pero eso no quiere decir que yo pueda decir todo. En ningún sitio se puede decir lo que te dé la gana. Menos en un lugar… Y respecto a la creación intelectual. España es de los pocos lugares donde se exige que los artistas trabajemos gratis, mientras los percebes están a 9.000 el kilo. Claro, yo no tengo ningún inconveniente en trabajar gratis, pero quiero mis percebes y mis angulas, ¡angulas, no gulas! Estos abogados que saben tanto de derecho, y defienden a auténticos piratas en la red, ¿seguro que no cobran por conseguir que otros no cobremos? ¿O ellos sí cobran? Pregunta, verás cómo te dicen que no cobran: mentira podrida.

Pero, respecto a la transición, por ejemplo, ¿cómo ha sido el desarrollo de la libertad para un dibujante?
Cuando los códigos civiles, penales, los corpus legislativos cambian, en general suele ser para mejorar o ampliar las libertades. Maravilloso. Pero insisto, yo exigía libertad para expresarme, tener lugares o sitios para expresar las cosas. Lo que no haré nunca es aprovecharlos para ofender, agraviar, chantajear.., Que es lo que intenta un grupo determinado de gente, que cuando recibe una demanda, dice que están atentando contra su libertad. ¿Lo has dicho y lo has podido decir? Allá tú, entonces. Del agravio y la mentira no hay ninguna ley que te proteja.

¿Cree que ha sido el caso, por ejemplo, de los polémicos secuestros de El Jueves?
Bueno, luego hay una cosa curiosa, España está absolutamente calada de una cosa que se llama mal gusto, que suena muy burgués, muy antiguo, pero cada vez está más presente. Se puede decir todo, pero para poder hacerlo, en vez de coger la pluma o el ordenador y hacer ¡zasca!, te tiras dos días pensando cómo decirlo. Seguro cuando llegues al final, has cumplido tu misión de decirlo, y nadie puede reprocharte nada. A mí, en la vida, ningún director de periódico ―que al fin y al cabo está en el mismo barco que yo― me ha dicho nada. El director no puede con todo, y tu deber profesional es ponérselo fácil.¿Cómo? Que tengas una profesionalidad tan constatada que él pueda meter tu dibujo sin mirarlo, porque no le vas a dejar con el culo al aire. Un chiste diario está tirado, lo que cuesta es pensar cómo tienes que hacer eso.

Hace años hablamos del hecho de que usted sea un clásico indiscutible de los corchos de oficina. ¿Es eso el mayor éxito de un dibujante?
Totalmente, para mí es una honra absoluta. Sé que nunca me van a dar el Nobel, ni el Cervantes, no me van a dar nunca ningún premio, para eso hay que presentarse. Pero puedo garantizar que soy el único español que tiene el Premio Nacional Corcho, ¡y también el Frigorífico!

No hay que desesperar: mire a Mingote, acaban de darle un título nobiliario.
No, no, no…

Que sí, que sí. Fue hace unas semanas, se lo concedió el rey: Marqués de Daroca.
Que no, hombre, si se lo hubieran dado, me habría enterado…

Bueno, ¿usted estaría dispuesto a aceptar un título similar?
No, lo siento, hay gente que se lo merece mucho más que yo. Mingote, por ejemplo.

Cuando usted empezó a meter en sus viñetas el mensaje “Pero no te olvides de Haití”, ¿no temía que fuera una trampa que se ponía usted mismo? No va a tener papel suficiente para recordar todas las causas urgentes del mundo.
Tiene razón. Eso parte de una idea que surgió en España y lleva dos años en funcionamiento, y que implica a todos los humoristas gráficos del mundo. Nosotros tenemos una suerte potra, y es que trabajamos sobre un receptáculo que es susceptible no de uno, sino de varios mensajes. Si podemos imbricar mensajes para conseguir los objetivos del milenio, adelante con los faroles. Zapatero, en el transcurso de una asamblea de la ONU, presentó este proyecto en el instituto Cervantes de Nueva York, y en estos momentos, podemos decir que los casi 36.000 humoristas gráficos cotidianos de todo el mundo por lo menos se han enterado de esto. Y es fácil ver que han cambiado sustancialmente los contenidos de sus dibujos.

Los tiempos no pueden permitirse prescindir de ustedes.
Ten en cuenta que esto que hacemos en el mundo occidental, hay mucha gente que no lo puede hacer. En Afganistán, a ver cómo coño dices qué. En todos los sitios donde el periodismo peligra, lo primero que peligra es el humorista gráfico. Es lo que más se ve, es lo que más se nota, es lo que no hace falta tener una gran conciencia política para ver lo que se dice.

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