Elecciones de fachada

Publicado por

MJ del Valle

Publicado el 25 Sep 2012

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Bandera de Karabaj en el castillo de Shabulag (Agdam) 2013 | Vagharsh / Creative Commons 3.0
Bandera de Karabaj en el castillo de Shabulag (Agdam) 2013 | Vagharsh / Creative Commons 3.0

Ser o no ser una democracia. O al menos parecerlo ante el mundo. Estas cuestiones fueron clave en las elecciones presidenciales de Nagorno Karabaj del pasado mes de julio. La victoria fue para Bako Sahakyan, en el poder desde 2007, que fue investido la semana pasada.

Pocos medios internacionales cubrieron las elecciones, y eso que es mucha la importancia geoestratégica de este territorio, también conocido como Alto Karabaj, en el Cáucaso Sur. Tanto que la magnitud de un conflicto aquí es inimaginable, pudiendo implicar a potencias como Turquía, Rusia e Irán. Así las cosas… ¿podrían los resultados de estos comicios variar en algo el curso de los acontecimientos en esta turbulenta región?

“Cada día esperamos que empiece de nuevo la guerra… estamos preparados pero no sabemos cuándo será”

“Nadie sabe qué es lo que va a pasar, cada día esperamos que empiece de nuevo la guerra… estamos preparados pero no sabemos cuando sucederá” dice Karen Ghavalyan, un habitante de Talish, una pequeña aldea a 5 kilometros de la línea de frente entre Nagorno Karabaj y Azerbaiyán.

En Talish viven alrededor de 400 personas. En las tardes de verano los vecinos se sientan a las puertas de sus casas. Los niños juegan en las calles. El sonido de sus voces tiene el trasfondo del agua de la fuente. Y el de los ocasionales disparos que a veces llega desde la frontera. “El ganador de las elecciones debe saber que dada nuestra ubicación necesitamos una protección especial”, dice contundentemente la mujer de Ghavalyan, Anahit Danielyan.

La gran mayoría de las personas que vive en Nagorno Karabaj considera que reside en un país independiente. Fuera de sus fronteras, sin embargo, ningún país lo ha reconocido como tal. Aunque la comunidad internacional considera a Nagorno Karabaj como parte de Azerbaiyán, este pequeño enclave montañoso depende casi totalmente de Armenia. Ambos países libraron una cruenta guerra en los noventa por el control de este territorio, uno de tantos conflictos que la Unión Soviética legó al futuro. Fue, de acuerdo con la opinión de algunos expertos, el conflicto en Karabaj, iniciado ya a finales de los ochenta, lo que iba a desencadenar el desmantelamiento del coloso comunista en 1991.

 Las heridas son profundas y se suceden las aldeas arrasadas a lo largo del camino

El intercambio de disparos en las fronteras de Nagorno Karabaj hoy está aún a la orden del día. En junio murieron 9 soldados de ambos bandos. Quizás en 1988 las autoridades en Moscú no entendieron el huracán que este remoto territorio en los confines del imperio podía desatar, pero hoy en día, lejos de subestimar las consecuencias que una escalada de tensiones en este lugar podría acarrear, el presidente de Rusia Vladimir Putin, al igual que sus homólogos Barack Obama y Francois Hollande, ha exhortado a las partes implicadas a llegar a un acuerdo pacífico.

Pero las heridas son profundas. Entre la capital de Nagorno Karabaj, Stepanakert, y Talish se repiten dos constantes: las montañas y, en el último tramo del camino, las aldeas arrasadas.

Los enfrentamientos empezaron en 1988, cuando la República Socialista de Armenia reclamó a Moscú la anexión de Nagorno Karabaj, territorio atribuido por la administración soviética a la República Socialista de Azerbaiyán.

Con la desaparición de la URSS el conflicto no hizo otra cosa que recrudecerse. La guerra iba a cobrarse la vida de 25.000 personas y desplazar a 600.000 azeris de Nagorno Karabaj y las siete provincias adyacentes que tras la guerra quedaron bajo ocupación armenia. En 1994, dirigentes de Armenia, Azerbaiyán, Nagorno Karabaj y Rusia acordaron un alto el fuego. Pero ningún acuerdo de paz llegó a firmarse y Nagorno Karabaj quedó bajo control armenio.

Casi dos décadas después, algunas cosas han cambiado, otras no tanto. En Nagorno Karabaj apenas quedan azerís. De acuerdo con la ONG International Crisis Group, de entre los desplazados en Azerbaiyán, 400.000 personas viven por debajo del nivel de la pobreza. El diario estadounidense Wall Street Journal publicó recientemente un artículo en el que describía las condiciones en que viven muchas de esas personas. Algunos afirman que no pueden aguantar más, y que quieren volver a casa a toda costa, incluso si eso significa entrar en guerra con Armenia de nuevo.

Pero permitir el retorno está muy lejos de ni tan siquiera mencionarse en el programa político de ningún candidato a la presidencia en Karabaj. Tanto el gobierno como la oposición coinciden en que un eventual regreso de los azeríes que se fueron en los años noventa podría provocar fuertes enfrentamientos, e incluso una nueva guerra.

Paseando por las calles de Stepanakert todas esas consideraciones parecen de otro planeta. Es una ciudad tranquila, limpia y segura, como tantas otras ciudades tranquilas, limpias y seguras. Quizás donde más bella es esta ciudad sea en las descripciones que de ella ofrecen sus habitantes. En Nagorno Karabaj cualquier conversación suele desembocar en un elogio del paisaje, la cultura y la gente karabajas. Aquí todo se organiza como si efectivamente se tratara de un país independiente, incluyendo los procesos electorales.

“No hay una división clara entre política y empresa” denunció el candidato opositor

En las elecciones del pasado 19 de julio, un 73% de los ciudadanos registrados para votar acudió a las urnas. El presidente Bako Sahakyan fue reelegido para un segundo mandato. Su programa era más conservador que el de su principal oponente, Vitali Balasanyan, quien presentó su candidatura de forma independiente. Sus principales diferencias eran en materia económica y social, siendo una de las principales propuestas de Balasanyan la reducción de la burocracia y de privilegios asociados a altos cargos oficiales.

Balasanyan subrayó la necesidad de que se respete la legislación vigente. Según esta, aquellas personas que formen parte del gobierno de Nagorno Karabaj tienen prohibido emprender o involucrarse en negocios de cualquier tipo. “Uno de nuestros principales problemas es que hay miembros del gobierno que tienen negocios privados, no hay una división clara entre política y empresa”, denunció Balasanyan.

Expresa un hartazgo difundido. “En mi opinión, los que le votaron a Balasanyan no es que realmente lo quieran ver gobernando. Votaron por un cambio”, cree Karen Ohanjanyan, coordinador del comité local de la Iniciativa Helsinki 92 y presidente del pequeño Partido de Justicia Social karabajo. De hecho, el eslogan de Sahakyan dejó claro que su propuesta era simplemente mantener la situación actual: “Continuemos lo que hemos empezado”.

En todo caso, ambos candidatos coincidían en lo que respecta al estatus de Nagorno Karabaj y las relaciones con el exterior. Ni Sahakyan ni Balasanyan consideraban siquiera la posibilidad de aceptar una de las principales condiciones impuestas por el Grupo de Minsk, creado por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), para el establecimiento de un plan de paz: retirar las tropas armenias y karabajas de las provincias azeríes aledañas a Nagorno Karabaj.

Ningun candidato considera retirar las tropas armenias de las provincias azeríes aledañas a Karabaj

La retórica de ambos atestiguaba el peso que la guerra sigue teniendo aun hoy. Para Balasanyan, sería necesario reforzar las posiciones fronterizas. Ese aspecto es algo que también recalcan los ciudadanos de a pie. “No nos dan miedo los enfrentamientos, nuestra esperanza es nuestro ejército; si nuestros soldados guardan nuestras fronteras, entonces podemos dormir tranquilos”, dijo Anahit Danielyan. Esta constante presencia del ejército y de la sombra de la guerra afecta a muchas áreas de la vida en este lugar.

De hecho, en opinión de Sylvana Kolaczkowska, especialista de la ONG Freedom House en el Cáucaso y Asia Central, a la ley marcial que de forma efectiva existe en Nagorno Karabaj se deben en buena parte problemas que lastran el desarrollo de este territorio, como la censura en los medios de comunicación y la restricción de las libertades civiles.

En las pasadas elecciones, Balasanyan obtuvo un 32,5% de los votos, un margen sin precedentes en la historia electoral de este territorio. En presidenciales previas, el candidato ganador había obtenido siempre más del 85% de los votos. Este tipo de resultados se considera normal en momentos de cambio sistémico pero no en democracias bien establecidas. Kolaczkowska comentó en entrevista con Mediterráneo Sur que “en territorios donde el estatus es incierto es común que mostrar disconformidad – lo cual incluye el activismo de grupos de oposición – se considere un signo de deslealtad, una amenaza a la seguridad”.

Thomas de Waal, periodista especializado en el Cáucaso, calificó los resultados de las últimas elecciones de sorprendentes. En la ex Unión Soviética es raro que un candidato de oposición obtenga un margen de votos de esa amplitud, dándose cierta reticencia a cambiar de gobierno. Según de Waal, Nagorno Karabaj confirma una tendencia en el espacio post-soviético: que algunas de las elecciones más competitivas de la región están teniendo lugar en repúblicas no reconocidas o parcialmente reconocidas.

En los días previos a las elecciones podía escucharse a la gente hablando en las calles sobre los diferentes candidatos. Nadie parecía tener miedo a expresar su opinión abiertamente. Las libertades personales son, de hecho, uno de los aspectos que Freedom House valora positivamente en Nagorno Karabaj. Más de ochenta observadores de 15 países estuvieron presentes en las elecciones del pasado 19 de julio. Todos coincidieron en que, aparte de algunos pequeños fallos técnicos, las elecciones habían sido llevadas a cabo de forma legítima.

Más de 80 observadores de 15 países estuvieron presentes en las elecciones del 19 de julio

Según el representante de Nagorno Karabaj en Estados Unidos, Robert Abetisyan, la transparencia de estas elecciones debería contribuir a que el mundo reconozca la independencia de este territorio: “A una nación democrática debería serle mucho más fácil lograr la independencia que a una nación que opte por otro tipo de sistema de gobierno”. ¿Podría ser el nivel de democracia percibido por la comunidad internacional, y no la victoria de uno u otro candidato, un factor que pudiera afectar el curso del conflicto en Karabaj?

Algo más de dos semanas después de celebrarse las elecciones del pasado julio, la Cámara de Representantes del estado de Massachussets aprobaba una resolución exhortando al Congreso y al presidente de Estados Unidos a respaldar la autodeterminación y la independencia de Nagorno Karabaj.

El documento elogiaba los comicios del pasado mes de julio como “otro gran paso” en sus “continuados esfuerzos por desarrollar la democracia”. Este paso, sin embargo, está probablemente más relacionado con la efectividad del lobby armenio que con las pasadas elecciones, sobre todo teniendo en cuenta que en mayo de este año la Cámara de Representantes de Rhode Island instaba también al presidente y al Congreso a reconocer la independencia de Karabaj.

En Karabaj, la democracia es un valor, pero sin duda también una forma de presentarse ante el mundo

Por su parte, la diputada uruguaya Susana Pereyra, presente en los comicios como observadora internacional, elogió en entrevista con Mediterráneo Sur la forma como se había llevado a cabo la votación y dijo que su país seguirá presionando en el marco del Mercosur para que se atienda la cuestión del reconocimiento de Karabaj.

Puede que para las autoridades de Nagorno Karabaj la democracia sea un valor en si mismo, pero sin duda es también una forma de presentarse ante el mundo. Y de alejarse de quienes consideran su principal enemigo: Azerbaiyán está catalogado dentro de la categoría “No libre” por Freedom House. Pero no todo el mundo está de acuerdo en que los estándares democráticos de Karabaj son como para tirar cohetes. Un activista de la oposición le dijo a Mediterráneo Sur que si bien es cierto que el día de la consulta electoral todo había transcurrido de forma limpia y transparente, muchos votantes habían recibido presiones y amenazas para que destinaran su voto a Sahakyan.

En 2011, Freedom House degradó a este territorio del grado de ‘parcialmente libre’ al de ‘no libre’. Según Kolaczkowska, la puntuación otorgada a este territorio es muy baja en todos los parámetros que la ONG tiene en cuenta, ya sean derechos políticos o libertades civiles. “No tenemos motivos para pensar que la situación no vaya a mejorar. Durante el primer mandato del presidente Sahakyan hemos visto un fuerte grado de compromiso para que las cosas cambien”, añadió Kolaczkowska.

En la arena internacional, las elecciones del pasado 19 de julio no sólo no fueron reconocidas sino que en algunos casos fueron incluso condenadas. Catherine Ashton, Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, afirmó que la UE no reconocía el marco constitucional y legal de estas elecciones. Por su parte, Azerbaiyán declaró que los comicios eran una provocación.

Para algunos, el problema es que faltan los votos de los azerís que dejaron Karabaj durante la guerra. El último censo soviético, realizado en 1988, señalaba que el 23% de la población de este territorio era azerí. Para Thomas Goltz, académico de la Universidad de Montana especializado en el Cáucaso, “la población de Nagorno Karabaj fue una mezcla de azerís y armenios hasta que los armenios llevaron a cabo una limpieza étnica de azerís, por eso de ninguna manera pueden considerarse estas elecciones representativas de este territorio”.

Cuestionado acerca de la importancia que un proceso electoral justo pudiera tener en un eventual reconocimiento de la independencia de este territorio, Goltz dijo que “los fundamentos de la sociedad karabaja se encuentran en la limpieza étnica de los azerís que allí vivían; de ningún modo diría que son merecedores de ningún tipo de respeto, y mucho menos, del reconocimiento a su independencia”.

Cuán democráticas fueron las elecciones en Nagorno Karabaj del pasado mes de julio es una cuestión abierta a discusión. También habría que ver qué peso tendría el nivel de democracia exhibido en Karabaj a la hora de reconocer otro país su independencia. Lo que está claro es que cualquier paso hacia el reconocimiento internacional de Nagorno Karabaj sacudiría el frágil equilibrio actual.

El gasto en armamento de Azerbaiyán supera el presupuesto estatal de Armenia

Azerbaiyán, por lo pronto, no ha renunciado a la amenaza militar. Su gasto en armamento se ha disparado en los últimos años y alcanzó los 3.000 millones de dólares en 2011, una cantidad que supera el presupuesto estatal de Armenia. De acuerdo con el Instituto de Investigación para la Paz Mundial (SIPRI) en Estocolmo, el aumento porcentual del gasto militar de Azerbaiyán fue el más grande del mundo en 2011.

“Existe el peligro de que la violencia escale y que el conflicto se agrave, una situación que sería trágica para todos los implicados” dijo Hillary Clinton en su visita al Cáucaso Sur el pasado mes de junio. Y no es para menos, teniendo en cuenta que Azerbaiyán cuenta con el respaldo de Turquía, Armenia con el de Rusia y que Nagorno Karabaj limita con Irán.

Entre las consecuencias que podría tener un conflicto en Karabaj se encuentran las relacionadas con la energía. La línea de frente con Azerbaiyán pasa a pocos kilómetros del oleoducto Baku – Tiflis – Ceyhan (BTC), el segundo más largo de la ex Unión Soviética, que abastece los mercados europeos a través del puerto mediterráneo de Ceyhan en Turquía. A través del BTC fluyeron en 2011 más de 32 millones de toneladas de crudo (unos 230 millones de barriles), destinados en buena parte a Europa.

Este oleoducto, con una capacidad de un millón de barriles al día, sería un blanco fácil si aumentan las hostilidades entre Armenia y Azerbaiyán. Otro motivo por el que la mayoría de las potencias mundiales parecen preferir la tensa calma actual a cualquier paso que vuelva a barajar las cartas en esta volátil región.

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