Biografía de una noticia

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 20 Nov 2013

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En navidades de 2010 pasé unos días enganchados al ordenador. Un compañero, Francisco Veiga, coordinador de Eurasianhub, me había sugerido ejemplificar en un “estudio de caso” las cadenas de errores que uno descubre a poco que empiece a rascar las noticias. Elegí un tema que me había decepcionado personalmente: un diario alemán había asegurado que los cables de Wikileaks – entonces en el cénit de su corta vida – demostraban por fin la ayuda financiera de Washington a la guerrilla kurda.

Era algo que siempre sospechábamos, pero que nunca se había podido documentar. Hasta que llegó Wikileaks… aparentemente, aunque yo sospeché de inmediato que aquella filtración interesada era, en términos periodísticos, una estafa. No me equivoqué: también el notición kurdo era falso.

“El doble juego de Washington con los kurdos”. Así tituló el 9 de diciembre de 2010 el periódico Die Welt ―tercer diario de Alemania― bajo el epígrafe ‘Cables de Wikileaks’. El reportaje describía las actividades del PEJAK, una organización kurda que lucha contra Irán y que ha sido reiteradamente descrita como un peón de la CIA, pese a que está estrechamente vinculada a la guerrilla PKK, considerada terrorista en Estados Unidos.

¿Por fin una revelación de calado en Wikileaks? No: la noticia era falsa

Las sospechas ahora se confirmaron gracias a Wikileaks, aseguraba Die Welt: “De los cables de las embajadas estadounidenses se deduce que Washington apoya el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK)”, escribió la reportera Birgit Svensson. Dado que es muy inverosímil que el Gobierno norteamericano pague directamente al PKK, “los cables de Estados Unidos se podrían referir al PEJAK y no al PKK”, acotaba la periodista. Continuaba: “En julio, la agencia de noticias iraní Ilna relató que se habían prometido 50.000 millones de dólares y se entregarían a través de intermediarios saudíes. Esto lo confirman ahora los documentos secretos publicados. No mencionan cifras, pero sí entregas concretas.”

¿Por fin una revelación de calado en Wikileaks? Era fácil comprobar: a fecha de la publicación de la noticia se habían hecho publicos 27 cables enviados desde Bagdad y 28 enviados desde Ankara. En todos, las únicas referencias al PKK subrayan la colaboración entre Estados Unidos y Turquía contra la guerrilla kurda. Nada de doble juego. Ni de revelaciones.

¿Inventó Die Welt la noticia? No. El reportaje original de Svensson, que fue editado y abreviado en la redacción alemana, citaba la fuente: el diario árabe Hayat, basado en Londres y referencia para intelectuales arabófonos en todo el mundo. Un análisis firmado por el analista egipcio Bashir Abdelfattah apareció en Hayat el 25 de noviembre bajo el título “La pesadilla de Wikileaks atormenta el gobierno del AKP en Turquía”.

Contenía un error que todo el mundo pasó por alto, y empezó a rodar cual bola de nieve

No era del todo cierto, porque la prensa turca no encontró apenas nada en Wikileaks con qué atormentar al gobierno. Pero parecía plausible. Tan plausible que el mismo día, la web del diario israelí Jerusalem Post (firmado por Redacción a las 14:01 h) publicó un resumen de la noticia:

“Wikileaks planifica difundir documentos que muestran que Turquía ha ayudado a Al Qaeda en Iraq, según el diario Al-Hayat. El periódico asegura también que EE UU ayudó al PKK (…) Los documentos militares estadounidenses llaman al PKK “combatientes por la libertad y ciudadanos turcos” y dicen que EE UU liberó a miembros del PKK arrestados en Iraq. Señalan también que las fuerzas estadounidenses en Iraq dieron armas al PKK y no prestaron atención a las operaciones de la organización dentro de Turquía”.

El resumen contenía un pequeño error que todo el mundo pasó por alto pero que empezó a rodar cual bola de nieve. Horas más tarde (a las 3:03 h p.m.) el diario Washington Post publicó en su web un resumen del resumen: “El diario basado en Londres al-Hayat informa de que WikiLeaks planifica difundir documentos que muestran que Turquía ha ayudado a al-Qaeda en Iraq ― y que Estados Unidos ha ayudado al PKK”.

El mismo día por la noche, la agencia Reuters rebotó la noticia: “Según el diario al-Hayat, basado en Londres, la entrega de WikiLeaks incluirá documentos que muestran que Turquía ha ayudado a al-Qaeda en Iraq ―y que Estados Unidos ha ayudado al PKK (…) según informa el Washington Post”.

Tres días más tarde se publicaron los primeros cables de Wikileaks. Imposible encontrar estas explosivas informaciones. ¿Estarán entre los telegramas que aún faltan por publicar? ¿Quién se las habría filtrado a Hayat? Preguntas innecesarias: Hayat nunca había afirmada nada parecido.

Aparentemente, el error lo cometió un redactor del Jerusalem Post no familiarizado con el historial de Wikileaks. Resumió “Wikileaks planifica difundir documentos” donde Bashir Abdelfattah había escrito: “En un segundo episodio de la serie de filtraciones, la web de Wikileaks difundió 392.000 documentos sobre la guerra de Iraq (…) y sobre la relación de Washington con algunas organizaciones y movimientos armados de la zona, sobre todo el Partido de Trabajadores del Kurdistán”.

Pasaron al futuro gramatical como “soplo” lo que era una referencia a un documento ya público

Era una obvia referencia a los ‘Diarios de la guerra de Iraq’ o ‘Iraq War Logs’ y sus 391.832 informes, difundidos en octubre, meses después de las de Afganistán. Pero tres días antes, Wikileaks había prometido una nueva entrega y en la redacción del Jerusalem Post tuvieron que pensar que el “segundo episodio” era el de los cables recién anunciados. Fusionaron ambas noticias y pasaron al futuro gramatical como “soplo” lo que era una simple referencia a un documento ya público.

El Washington Post sólo cita el Hayat como fuente, pero salta a la vista que no consultó este diario y muy probablemente copió del Jerusalem Post. Un examen muy somero del artículo árabe habría revelado que Bashir Abdelfattah citaba dos informes de los ‘War Logs’, del 17 Nov 2004 y el 25 Feb 2006 y transcribía fielmente su contenido: las fuerzas norteamericanas trataban con indulgencia a miembros del PKK detenidos en Iraq.

¿Faltan traductores de árabe en Washington? ¿Por qué nadie hizo una llamada local?

Es más, habría revelado que la única frase explosiva ―“Además, los documentos señalan que las fuerzas americanas en Iraq intencionadamente cedieron armas pesadas a los combatientes del PKK, además de mirar hacia otro lado respecto a las actividades y acciones de los combatientes del Partido en Turquía”― no venía acompañada por referencia alguna. Un detalle que debería haber motivado una búsqueda en el propio archivo de los ‘War Logs’ antes de dar por buena esta información. La búsqueda ha dado negativo. No sabemos en qué se basaba Abdelfattah para esa afirmación; quizás atribuía a los “War Logs” un rumor que le había llegado por otras vías.

Es llamativo que un diario del tamaño del Washington Post no dedicara un momento a leer el texto original del Hayat, accesible en internet, antes de rebotar una noticia. ¿Faltan traductores de árabe en Washington? ¿Y faltan en Londres? Desde la oficina de Reuters habría bastado una llamada local para consultar con un colega en la redacción de Hayat qué quería decir el artículo de Bashir Abdelfattah.

Nadie hizo esta llamada. Con el negocio del periodismo convertido en una carrera contra el reloj de la competencia, los grandes diarios y agencias aparentemente recortan donde no deberían: en el tiempo dedicado a comprobar la noticia. Sobre todo si la noticia está en árabe. La fiebre por Wikileaks hizo el resto: bastaba con este marchamo para dar por bueno cualquier cosa. Nadie cumplió el deber esencial del periodista, el único ineludible: el de dudar.

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