Los hombres que desafían a la muerte

Publicado por

Ethel Bonet

@Qarnabit

Periodista (Alicante, 1975). Vive en Beirut.

Publicado el 4 Jul 2014

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Un peshmerga en una calle de Suleimanía (Kurdistán iraquí), 2011 | © Ilya U. Topper
Un peshmerga en una calle de Suleimanía (Kurdistán iraquí), 2011 | © Ilya U. Topper

Erbil | Junio 2014

Estefan Polis Hana entra renqueando de su pierna izquierda. Sus articulaciones están ya un poco oxidadas y de vez en cuando la cadera le juega una mala pasada. Sus limitaciones físicas no le frenan a seguir cumpliendo con su promesa de peshmerga y, a sus 67 años, se ha inscrito como voluntario para defender el Kurdistán de la amenaza del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL).

La palabra peshmerga significa literalmente en kurdo “aquellos que desafían a la muerte”. Aunque suene un tanto exagerado, el sentimiento patriótico es tan arraigado que podría decirse que todos los kurdos son peshmerga cuando se trata de defender su territorio.

La historia del Kurdistán está marcada en las arrugas de Polis Hana. “Ser peshmerga es un compromiso desde el corazón, algo que no puedes romper. No son cualidades físicas sino mentales de verdadero convencimiento y sacrificio hacia la patria”, expresa vehemente este miliciano que en los setenta luchó codo a codo con el líder kurdo, Mustafa Barzani, contra las fuerzas de Sadam Husein.

El cerebro tras el éxito militar del ISIL es un viejo enemigo de los peshmerga, exjefe del partido Baath

Entonces tenían enfrente a un ejército regular, dirigido por los hombres del partido Baath, el Iraq. Y ahora, cuarenta años después, la situación parece repetirse: Fuentes de los servicios secretos sostienen que el cerebro detrás del éxito militar del ISIL es el ex jefe del Partido Baath y sucesor de Saddam Hussein, el general Ibrahim Douri.

A pesar de estar en la lista de los más buscados de EEUU desde 2003, el general Douri ha logrado esquivar su captura. Ahora, aseguran, ha salido de su madriguera y junto al ISIL está conquistando enormes partes de Iraq.

También el enfrentamiento entre fundamentalistas islámicos y kurdos tiene sus antecedentes: ya en 2003, los peshmerga colaboraron con las tropas estadounidenses para aniquilar el grupo yihadista Ansar al Islam del mulá Krekar en la región de Halabya. Los supervivientes establecieron un nuevo grupo, Ansar Sunna, en Iraq, que operaba sobre todo en la región de Mosul y Kirkuk. Todo indica que sus filas se han mutado en lo que hoy es el ISIL.

“Me alisté en 1967, bajo el mando de Barzani ‘el Grande’ (en referencia a Mustafa, el padre del actual lider Masud Barzani), por los crímenes que ha cometido el Baath contra nuestro pueblo, contra nuestra tierra”, declara Polis Hana. Por aquel entonces las cosas eran muy diferentes a hoy en día. Los primeros peshmerga eran guerrilleros que se escondían en las montañas y llevaban a cabo escaramuzas contra las fuerzas de seguridad de Sadam Husein en los territorios disputados en el norte de Iraq como Suleimanía, Kirkuk o la llanura de Ninive, cuya capital es Mosul.

Los peshmerga se han convertido en una fuerza paramilitar de élite con tecnología sofisticada

Hoy, los peshmerga se han convertido en una fuerza paramilitar de élite con tecnología sofisticada. Reciben entrenamiento militar profesional por instructores de Estado Unidos. Las buenas relaciones con Washington datan de 2003, cuando los peshmerga apoyaron a las tropas estadounidenses y fueron su punta de lanza en el ala norte de la operación militar que derrocó el régimen de Sadam.

No era una experiencia nueva en las décadas de lucha del clan Barzani contra el poder central. Ya habían buscado ayuda externa en Irán a mediados de la década de los setenta, cuando Sadam llevó a cabo una campaña de “arabización” en las ricas áreas petrolíferas del norte de Iraq. Con su traslado de familias araboparlantes al norte, Bagdad había roto el pacto conocido como “Manifiesto” según el que los kurdos iban a tener un estado autonómico con las fronteras demarcadas en las que se incluía la rica ciudad petrolera de Kirkuk.

En esta guerra de guerrillas participaron milicias iraníes del lado de los kurdos, pero terminó tras un acuerdo de Paz entre el gobierno de Iraq y el sha de Irán, Mohamed Reza Pahlavi, quien garantizó a Bagdad la retirada de las milicias iraníes.

Ahora, los peshmerga forman un Ejército profesional de 190.000 hombres equipados con armamento pesado. Han sido los únicos capaces de frenar a los yihadistas, mientras las tropas de Iraq huyeron en desbandada y siguen perdiendo terreno.

Al no ser una fuerza regular reconocida por el Ministerio de Defensa iraquí, los peshmerga no reciben un salario del Gobierno Central ni visten uniforme oficial. El régimen de Bagdad no sólo ha cancelado los salarios de los peshmergas sino que ha advertido al gobierno autónomo kurdo que sus fuerzas deben entregar sus armas pesadas al gobierno central.

“Yo entré por primera vez en combate con la división de Faransa Hariri [un líder sirio que se unió a las fuerzas de Mustafa Barzani, padre del actual presidente kurdo] en la ciudad de Kirkuk para expulsar a la Guardia Revolucionaria de Sadam Husein ”, rememora Polis Hana.

“Éramos voluntarios. Nadie cobraba ni un duro por ir a luchar. Lo hacemos porque es nuestro deber para con la Patria”, exclama Issa Ashkar, otro peshmerga. “Una vez estuvimos 47 largas jornadas sin comer ni descansar un solo día”, explica orgulloso el veterano guerrillero. “Nuestra misión es proteger las fronteras y proveer la seguridad en el Kurdistán”, remacha.

“Cuando luchábamos con Barzani no había diferencias. Cristianos asirios, caldeos, musulmanes suníes o chiíes, turcomanos o yezidíes, a todos nos llamaban peshmergas”, reflexiona Ashkar.

“Cristianos asirios, caldeos, musulmanes suníes o chiíes, turcomanos o yezidíes, a todos nos llamaban peshmergas”

Pero no todo era armonía. A finales de los ochenta hubo una guerra civil entre las fuerzas peshmerga de los dos principales bloques de poder kurdos. El Partido Democrático del Kurdistán (KDP) de Masud Barzani, el actual presidente kurdo, y la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK) del presidente de Irak, Yalal Talabani se enfrentaron de forma sangrienta a partir de 1995. Barzani no dudó en aliarse con Bagdad para ganarle la mano a su rival, que recibía apoyo de Irán y Siria.

El partido de Barzani se apoya sobre un sistema de clanes tradicionales y rurales en la muy conservador ciudad de Erbil, mientras que el PUK tiene su base en Suleimanía, más al sur, mucho más liberal, y se nutre de los sectores más urbanos y educados.

Tras un acuerdo impulsado por Washington, en 1998, que puso fin a años de enfrentamientos entre kurdos, todos los peshmerga se unieron y se formó un Ministerio de los Peshmerga, pero siguen siendo un sistema de clanes. “La formación de las milicias se basa en el sistema oligárquico. Cada partido tiene su propia milicia peshmerga”, explica Faruq Hanna Atto, director del museo de patrimonio siriaco en Ankawa, el distrito cristiano de Erbil.

Las fuerzas de seguridad del PUK suman más de 20.000 combatientes, y cuentan con un batallón de Infantería, un batallón acorazado y otro de Ingeniería, además de tener 120 tanques. Esta información se filtró recientemente en la prensa, cuando un alto mando del PUK reclamó en una entrevista que el Ministerio de los Peshmerga debería corresponder a su partido, y no al Movimiento Goran, un partido reciente que se considera “la tercera vía” entre los dos antiguos rivales. Se le adjudicó la responsabilidad del organismo para intentar, al menos en teoría, dar una imagen de unidad entre las fuerzas se seguridad kurdas.

Tras la ofensiva del ISIL y la estampida del ejército nacional, son los peshmerga quienes están al mando en Kirkuk

“No seremos parte de la guerra entre el gobierno central y las tribus suníes. Únicamente nos defendemos de la amenaza del terrorismo. Nunca nos rebelaremos contra las autoridades de Bagdad, aunque nos hayan dejado de lado y no hayan cumplido ninguna promesa”, dice Atto en referencia a la disputada ciudad de Kirkuk, ahora en manos de las fuerzas de seguridad kurdas.

La autonomía de esta rica ciudad petrolera está contemplada en el artículo 140 de la Constitución iraquí de 2005, que estipula la celebración de un referéndum antes de terminar el año 2007. Pero el plebiscito en esta ciudad, asentada sobre importantes yacimientos petrolíferos, se ha ido aplazando año tras año, mientras que peshmerga y fuerzas de seguridad iraquíes compartían una tensa calma en la disputada ciudad.

Ahora, la consulta ha quedado probablemente obsoleta. Tras la ofensiva del ISIL y la estampida del ejército nacional, son los peshmerga quienes están al mando. Y todo indica que están dispuesto a quedarse: si el lunes pasado, Barzani pidió la ayuda de Naciones Unidas para celebrar el referéndum de Kirkuk, el martes subió la apuesta en una entrevista con la BBC: en cuestión de meses, anunció, todo Kurdistán iba a celebrar un plebiscito para decidir sobre la independencia del territorio autónomo. Y el jueves pidió a los diputados del Parlamento kurdo en Erbil que diseñasen un plan para celebrar la consulta.

Ante la situación de derrumbe total que vive Iraq, para la mayoría de los kurdos, la secesión es la única salida lógica. Confían en que el nuevo Estado estará seguro, gracias a los veteranos peshmerga.

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