Dejen en paz a Giovanni

Publicado por

Saverio Lodato

Publicado el 9 Jun 2015

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Muchos ya están sacándole brillo a las trompetas con vistas al vigesimotercer aniversario de la matanza de Capaci. El gran concierto, de hecho, se ha celebrado siempre, y no hay motivos para que este año no se retransmita. Son muchos los que se están apuntando al club “Amigos de Giovanni”. Pasan los años, pero las solicitudes nunca decaen y pronto el Instituto Nacional de Estadísticas tendrá que recopilar un informe con el cómputo anual de los últimos en llegar.

Muchos se preparan para reprender a los magistrados palermitanos antimafia todavía vivos, cuando llegue la fecha canóniga del 23 de mayo, porque dicen algo que no debían o por no decir algo que tenían el deber de decir, o porque hacen cosas que Falcone “no habría hecho nunca”. Serán políticos de derecha, de izquierda, del centro: si no nombras la palabra ‘Mafia’ al menos el 23 de mayo, ¿cuándo la tienes que nombrar?

Desenvainarán la Durandal para acallar a quienes se nieguen a beber del gran cáliz de la retórica

Gloriosas señoras de épocas pasadas, amigas que fueron del “querido difunto” – auténticas o sedicentes, ya no importa después de un cuarto de siglo-, desenvainarán la Durandal para acallar a todos aquellos que aquel día se nieguen a beber del gran cáliz de la retórica. Periodistas presos de la duda –ni de un lado ni de otro, para entendernos– nos soltarán filípicas en contra de las Antimafias Oficiales, Antimafias Abusivas, Antimafias de Apariencia, Antimafias Extremistas, y muchas más. Son los herederos de los Jannuzzi, de los Ferrara, de los Sgarbi, que durante años dijeron – y a Falcone le dio tiempo de disfrutar de los primeros retazos de este “pensamiento audaz” – que en Italia existían dos peligros, aparentemente opuestos, pero en realidad perfectamente simétricos: la Cúpula de la Mafia y la Cúpula de la Antimafia.

Los recordamos muy bien. Hasta con un punto de nostalgia, como le pasa a los soldados repatriados que recuerdan al enemigo contra el que lucharon. Los recordamos en los periódicos de Berlusconi. En las televisiones de Berlusconi. Los recordamos en el Parlamento. Hasta dentro de las comisiones antimafia. O aquellas autorizaciones para proceder con las operaciones de la policía. Fueron años al límite. Años de tragedia, de tragedias. Años de enfrentamientos directos, por escrito o en los tribunales. Años que iban anticipando la actualidad, pero eso se descubriría más tarde. Y el hoy es el hoy de la farsa, de los caricaturistas, de los seguidores.

Todos listos para la salpicada de barro o veneno: hay poca diferencia

El viejo Marx acertó por lo menos en eso: la Historia se manifiesta primero como tragedia, y luego como farsa. Es por ello precisamente que nos aparecen como titánicos –ese es el término exacto– en su negación de lo evidente, en su capacidad de torcer la verdad, los pensadores de entonces. Sobre todo si se comparan con la actual banda de empleaduchos que nos recuerdan a los funcionarios sosos de Orwell que borraban trozos de memoria en los hornos calientes del Poder de 1984 a la luz del eslogan: “La guerra es paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es fuerza”.

Y todos allí, a buscar un huequito para la publicidad. Todos listos para la salpicada de barro o veneno, hay poca diferencia. Todo el mundo listo para ponerse cómodo en este desquiciado circo que va a acabar, en veinticuatro horas, su repertorio de lugares comunes. Los demás, los antepasados, trabajaban durante 365 días del año, ¡que no es cualquier cosa! Por esa diferencia de enfoque entre el pasado y el presente, los antepasados nos parecen titanes.

Reclamarán la atención, seguro, hasta los asmáticos representantes de aquellas Instituciones que querrían una antimafia de barricadas, es decir, añeja: como dijo Giorgio Napolitano el año pasado: “La verdadera lucha contra la mafia era la que hacía Giovanni”. ¿Y en estos 23 años qué se ha hecho? ¿Nada?

“La verdadera lucha contra la mafia era la que hacía Giovanni”. ¿Y en estos 23 años qué se ha hecho? ¿Nada?

¿Este año también zarparán las “flotillas de la legalidad”? ¿Los comandantes de siempre se pondrán en el puente de mando sonriendo para las cámaras del telediario? Que lo hagan. Pero, ¿no sería una película ya vista? Y nadie nos podrá quitar el derecho de decir que todo esto no nos gusta. ¿La señora Maria Falcone de verdad va a trasladar los restos mortales de su hermano? No queremos creerlo. Mejor: no lo vamos a creer hasta que asistamos a la insólita y mustia ceremonia.

Aprovechando la ocasión: el cuerpo de Francesca Morvillo, la mujer de Falcone asesinada en la misma emboscada del 23 de mayo, ¿se quedará donde está? ¿Acaso existen nichos de primera clase y nichos de segunda? Si Dante Alighieri siguiera vivo escribiría otro Canto de su Comedia para contar la historia de dos personas que se amaban, a las que mataron juntas y que fueron separadas 23 años después… Y además sin saber el porqué.

“Esté tranquila señora Falcone”, querríamos decirle. No es removiendo lo que queda de los pobres restos mortales de Falcone como se enriquece el debate sobre la lucha contra la mafia. Se necesitarían palabras claras y valientes. Para identificar a los responsables de un país, cuyas mafias siguen aún vivas y presentes. Aquellas palabras que usted – y ya lo escribimos en un artículo nuestro de hace tiempo – no ha creído nunca oportuno pronunciar. Equivocándose profundamente, en nuestra modestísima opinión. Deje que Giovanni Falcone y Francesca Morvillo descansen en paz.

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