«Siempre que me enamoraba el corazón me llevaba a otro lugar»

Etta Scollo

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 22 Jun 2015

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Sevilla  | Mayo 2015

A pesar de ser todavía joven, Etta Scollo (Catania, 1958) es una auténtica enciclopedia de música tradicional siciliana. En ella la genética, el amor a la tierra y una insaciable curiosidad se conjuran para mantener vivo este rico legado: vivo, insistimos, no como rescate arqueológico, sino como fenómeno vigente, que sigue enriqueciéndose a la luz de los nuevos tiempos sin perder su esencia. Discos como Canta Ro’ (2005), dedicado a la gran Rosa Balistreri, Il fiore splendente (2008), basado en la poesía árabe siciliana, o Lunaria (2012), sobre la obra homónima de Vincenzo Consolo, hacen de Scollo una figura fundamental de la cultura de la isla. Actualmente vive entre Catania y Berlín, pero accedió a hablar con M’Sur en una fugaz visita a Sevilla.

Además, la cantante ha cedido a M’Sur tres canciones, de los discos Lunaria, Canta Ro’ y Tempo al tempo.

La música siciliana es todavía muy desconocida en España. ¿De qué modo se la explicaría a un profano?

Mi opinión, ya que no puedo dar una respuesta científica e histórica, parte de que Sicilia ha sido siempre un lugar de paso y dominio de muchos pueblos que luego han seguido su camino hacia el Norte. Eso ha hecho que nuestra tradición musical se haya enriquecido con muchos elementos.

«El pueblo siciliano es más introvertido que el napolitano: esquiva el sol, busca la sombra, se cierra»

A menudo se confunde con la música napolitana, ¿qué cree que la distingue?

Nápoles tiene también su tradición árabe, y española, pero una posición geográfica central, y por tanto distinta. El carácter allí es más extrovertido, hasta el punto de que la canción napolitana ha sido durante mucho tiempo la canción italiana por excelencia desde el inicio del siglo XX, sin prejuicio de que cada región conservara su canto tradicional. A diferencia de los napolitanos, el pueblo siciliano es más introvertido, esquiva el sol, busca la sombra, se cierra. Celebra el rito de la muerte con lamentos. También es un pueblo que ama la fiesta…

Pero pesa más lo otro…

Sí, al final, aunque la isla parece aceptar su condición y absorbe todo, mantiene siempre su connotación propia, su esencia. A pesar de que en su música hay momentos de comunicación muy distintos, lo que emerge en Sicilia es el canto modal del campesino, de las mujeres, de la madre con el niño en brazos. Y es un canto individual. Solo en algunos momentos, como en la cosecha, cantan juntos, pero casi siempre prima la voz solista y el bordón.

¿Podríamos hablar de música doliente?

Hay mucho dolor, sí, pero no creas, también ironía, bromas… Más que dolor, yo hablaría de música un tanto introvertida, y como digo individual. Incluso el canto de cunti, que cuenta la historia del país, de los paladines de Francia, es el canto de uno para los demás. Para descubrir el canto coral hay que asomarse a las fiestas religiosas, paganas, a la recogida de la aceituna, del grano, o a los carreteros que comunican la distancia con la voz, que se encuentran en un lugar, todos juntos, e improvisan. Pero son solo momentos puntuales.

«La verdadera tradición siciliana ha sido muy poco cuidada; hay mucho folklore kitsch»

 ¿Cuál es el papel de la mujer en estas canciones?  

Bueno, hay que pensar que se cantan muchas cosas del pasado que no tienen nada que ver con la situación actual. La tradición siciliana viene marcada a menudo por el folklore en sentido peyorativo: es turismo, goliardismo. No es la verdadera tradición, sino una alteración de ésta, su versión kitsch. La verdadera tradición siciliana ha sido muy poco cuidada. Han salido grupos, cantantes, que han  redescubierto nuestro acervo musical, pero no ha habido nada como lo que se ha hecho en Portugal con el fado, o con el flamenco aquí…

Pero le preguntaba por las mujeres en esa tradición…  

Sí, el canto de la mujer era muy importante en el pasado, sobre todo con la ninna nanna, el canto de cuna… Luego hay cantos muy hermosos que se dirigen al hombre, que son como una provocación: te hablo de amor pero te desdeño, te digo que no, ¡márchate de aquí…! Es todo un poco irónico. Pero los cantos de amor son sobre todo de hombre. Mi padre, que tenía una bellísima voz, era cantante de serenatas, lo llamaban los muchachos para que fuera a cantar bajo los balcones. Los cantos fúnebres, en cambio, son típicos de las mujeres.

También abundan aquellos en que la mujer aparece como astuta, burladora del hombre, ¿no?

Sí, aparece como más inteligente, más astuta que el varón. Y luego también están los cantos de las mennulare, de la recogida de la aceituna y la almendra, son típicos de mujeres que trabajan en grupo: una canta para las demás y hacen así más fértil su trabajo.

En España se ha comercializado la llamada musica di malavita, los cantos mafiosos. ¿Forman parte de esa tradición?

Verás, una vez me encontré casualmente al productor, por así decirlo, de esos discos, Francesco Sbano, que a finales de los 90 vivía en Hamburgo. Tuvimos una animada discusión sobre el contenido de esos trabajos y sobre la llamada música de la mafia. Son discos fabricados ad hoc, con un objetivo comercial y para dar lustre al aspecto musical del fenómeno mafioso, la ‘Ndrangeta, etcétera. Para publicitar y dar una imagen positiva a un fenómeno tan negativo como es la malavita. Más tarde leí en una revista que este hombre fue investigado por la fiscalía de Reggio Calabria, por haber irrumpido en un laboratorio anti-cosche del Museo de la ‘Ndrangeta de esta ciudad, exigiendo el pago de derechos de autor. Esto da una idea de la autenticidad de dicho proyecto.

Hay discos fabricados para dar una imagen positiva a un fenómeno tan negativo como es la malavita, la mafia

¿Todo inventado, pues?

Creo que el único documento sonoro y sobre el papel sobre el tema de la mafia, es aquel, verdaderamente sobrio, recogido por Antonino Uccello. No creo en una cultura de la mafia, sino en la explotación de obras pertenecientes al repertorio siciliano tradicional, a los que ciertos mafiosos, investigados y/o detenidos, han adaptado sus textos a modo de parodia. La música de la mafia, en realidad, está más representada por el género neo-melódico napolitano que se oye en ciertas calles de la Palermo y de la Sicilia más degradadas.

¿Y tienen mucho éxito?

El hecho de que ciertos productos discográficos hayan suscitado interés tiene mucho que ver con la curiosidad y el deseo de escalofrío del público consumidor, más que con un fenómeno sociocultural. Con la misma actitud de quien se sube a una montaña rusa o va al cine a ver un thriller violento.

Repasando su discografía, destacan sus homenajes a la gran cantante Rosa Balistreri, a quien ha definido como la Billy Holliday siciliana. ¿Por qué?

Es una comparación extraña, lo sé, pero no la hice por meter a ambas en el mismo saco ni homologar su música. Quien conozca a Billy Holliday puede hacerse una idea del dolor de una mujer como Rosa, sola, que logró con sus propias fuerzas imponer su talento. Como Billy Holliday, vivió un drama: Billy de niña estuvo encerrada en casa con su abuela muerta durante dos días; el padre de Rosa se suicidó, su hermana murió a manos del marido… Ambos son destinos trágicos que se transformaron en arte. Rosa ha cantado como una cuntista –cosa rara, pues los cuntistas son siempre hombres- la historia de su hermana…

«Rosa Balistreri descubrió su propia cultura, los cantos sicilianos del XIX, en Florencia»

¿Es cierto que era analfabeta?

Se han dicho de ella muchas cosas –que Rosa cantaba de niña, etc.– que no son ciertas, pero esta sí lo es. Rosa solo tenía su voz como patrimonio, eso y su energía vital. Cantaba las canciones napolitanas conocidas. Cuando salió de Sicilia y se fue a trabajar a Florencia, a vender verduras en los mercados, empezó a conocer a intelectuales sicilianos y florentinos… ¡Que le hicieron conocer el canto siciliano! ¿No es absurdo? Descubrió su propia cultura, los cantos sicilianos recogidos por Alberto Favara en el siglo XIX, en Florencia. Giuseppe Ganduscio, un cantante lírico y etnomusicólogo, fue su principal guía. Y ella tuvo el talento de unir el instinto primordial de su naturaleza con la búsqueda. Cantaba al final que era la misma de las mujeres del XVIII y del XIX que cantaban en Sicilia. No transformó el canto siciliano en folklórico, unió la cultura con la tradición. Esa fue su verdadera genialidad.

A la hora de preparar su disco, ¿cómo logró no caer en la mimesis, o en el kitsch?

Yo cantaba música tradicional siciliana desde chica, con 12 o 13 años, incluidas las canciones de Rosa Balistreri, pero hice otro recorrido, estudié música, canto, pasé por el pop, de todo, todo… Y luego hace doce años mi pasión me llevó a explorar la tradición, pero me dije que no haría copias, ni remakes, ni parodias. El respeto de un artista se expresa a través de su propia sensibilidad, y por eso el homenaje a Rosa lo planteé como un homenaje a la música romántica, también. Favara tenía el deseo, y el conflicto, de armonizar el canto modal de la tradición, lo cual es casi imposible. Frontini, Bellini, todos los compositores sicilianos románticos han tomado de la tradición popular. Compartían este deseo de unidad. También quería homenajear esto, por eso he trabajado con una orquesta. El riesgo de caer en el estereotipo es grande, es todo un desafío. Porque nosotros no somos campesinos, es inútil fingir que lo somos.

Por otro lado, usted ha trabajado en diversos proyectos de carácter literario. Por ejemplo, en un homenaje a Ignazio Buttita, el gran poeta popular siciliano. ¿Cómo surgió?

Muchos de sus poemas fueron musicados con anterioridad, pero el hijo de Ignazio, Antonino Buttita, me pidió si quería formar parte de un proyecto sobre él. Me regaló una antología suya y musiqué sus versos. Se trata de un poeta contemporáneo, que vivió la II Guerra Mundial, que conservó la tradición y al mismo tiempo escribió poesía contra la bomba atómica y los misiles, y como Rosa Balistreri se implicó políticamente en los años 60 y 70…

«No quería caer en la trampa del arabesco, hacer unas Mil y una noches a la siciliana para turistas»

Luego llegó el proyecto de musicar poesía árabe siciliana. ¿Le pareció más ajeno, más exótico?

Todo lo contrario, sentí esos poemas muy cercanos. Para mí la música es un medio para aprender, para crecer, para conocer. Y espero no imponer nunca una cosa sobre otra. Es un modo de traducir a música una emoción que he experimentado, que nace de un proceso de aprendizaje. Por casualidad, me encontré en las manos una antología de poetas árabes en Bolonia, en una biblioteca. Textos fascinantes, primero traducidos por Michele Amari y otros, luego rescritos por poetas contemporáneos. Aquello formaba parte de un proyecto de la lingüista Francesca Corrao, y le pregunté, ¿dónde puedo encontrar este libro? Era imposible. Poco después, Ludovico Corrao concibió otro proyecto y, hablando de aquella antología, me indicó que ha salido una nueva edición en una pequeña editorial. He estado seis meses estudiándolo a fondo, y poco a poco he empezado a musicar textos, tratando de trabajar sobre el imaginario musical sugerido del imaginario poético.

¿Cómo lo abordó?

No quería caer en la trampa del arabesco, de una especie de Mil y una noches a la siciliana para los turistas alemanes… He contado con Fabio Tricomi, polinstrumentista, que conoce muy bien la manera de tocar el taksim con el oud árabe, persa, conoce la técnica… y luego con Nabil Salameh, cantante libanés que vive en Bari, que canta en árabe clásico. El texto habla de una historia de amor entre hombres, de homosexualidad. También hay elementos europeos, contemporáneos, para no hacer algo imitativo. Quería que fuera algo moderno. La poesía de Ibn Qalâquis me hace sentir mucho de lo que siento con el canto popular siciliano.

Llegamos a Lunaria. ¿Cómo surgió su colaboración con Vincenzo Consolo?

Surge de un encuentro. Me encontré con Consolo en Selinunte, durante un festival. Luego lo invité a un festival de literatura en Suiza, en un pequeño cantón romanche. Un año después me pidió que musicara Lunaria, se sentía muy ligado a esta fábula y yo empecé a estudiar. Desgraciadamente Vincenzo nos dejó antes de que estuviera terminado, pero yo iba periódicamente a Milán y le hacía oír las grabaciones. Escuchaba sus opiniones y compartía los avances del trabajo.

¿Cuál cree que es el encanto de Consolo no como novelista, sino como letrista?

Consolo tiene una tensión, una rítmica, una sonoridad con cada palabra, que no es nada difícil escribir música para sus textos. Ya son musicales de por sí. He tenido mucho respeto, hay casi miedo de gastarlo con la música. Cuando dices “A ogni notte illune,/ nel nero più nero della notte,/ invocherò la Luna/ dall’alto della torre”, es ya música, ¿qué puedes hacer? Espero haber tenido la misma delicadeza del elefante que camina por una cristalería y sabe dónde poner el pie para no perjudicar nada. Como tantos lectores principiantes, ignorantes, que es como me siento ante él, una escolar, he llegado a Consolo con Las piedras de Pantálica y A este lado del faro por un deseo de sicilianidad, un impulso egoísta de revivir Sicilia. Y Consolo es el escritor que, más que ninguno, me ha hablado de la Sicilia que amo, en su profundidad y en su dolor, sin adornitos típicos, sin ciuri ciuri, sin hermosear la realidad. Debo ser muy sincera, yo no comprendo todo lo que leo en sus libros…

«La escritura de Consolo te crece dentro, como una planta. Tú no te das cuenta, pero te cambia»

Puede que haya mucha gente a la que le ocurra lo mismo…

…No comprendo todo pero lo siento, directo en el estómago. Es como si se filtrara en ti el jugo de sus escritos. Lo hermoso de su lectura es que vuelves a ella y una y otra vez, y siempre te da algo más, de nuevo, de distinto, te hace crecer. Es una escritura que te crece dentro, como una planta. Tú no te das cuenta, pero te cambia interiormente la vida.

Ha colaborado usted con Franco Battiato.  ¿Qué ha aprendido de él?

Tenemos una bellísima relación amistosa. Lo impliqué en el proyecto de los poetas árabes y nos hicimos amigos. Es una persona muy proyectada a la mística, a la espiritualidad. Yo soy quizá más sobria, o no he llegado a sus conclusiones, pero me gusta descubrir cómo ha llegado a ciertos puntos, me siento curiosa, me descubre libros. Nuestros encuentros son siempre de comida: voy a su casa, comemos juntos y se habla de todo. Él es un referente en Italia, pero para mí es un hermano. Me interesa que esté bien, que sea feliz. Hice con él un viaje, y todos, todos los que querían un autógrafo o una foto la tenían: no por divismo, sino por gratitud. Ama su público sin énfasis, con simplicidad.

¿Recuerda algunas de sus recomendaciones librescas?

Sí, hemos hablado mucho de Gurdjieff, de poetas árabes, de San Juan de la Cruz, que para él es lo máximo. Y luego fuimos a Würzburg porque él quiso encontrar a Willigis Jäger, un monje benedictino que Ratzinger hizo salir porque hizo una relación entre la mística cristiana y la budista. Escribió un libro llamado El sentido de la vida que a Battiato le gustó mucho.

«El destino no es sacrificarse por el amor del hombre, sino descubrir otro mundo»

¿Cómo surgió la colaboración de aquel filme de Kim Ki-duk, Bad Guy, donde suena su interpretación de I tuoi fiori?

Verás, no he trabajado mucho para el cine, aquello surgió por pura casualidad. El director vino a Alemania, oyó la canción y la cogió para el filme. Yo ni siquiera lo sabía, la casa discográfica no sabía quizá ni quién era Kim-Ki-duk. Yo descubrí que mi canción estaba ahí porque empecé a recibir cartas de gente de Japón, de Corea… Últimamente he cantado para un filme que se verá en la televisión alemana sobre Beirut. Quizá porque vivo en Berlín surgen estas posibilidades.

¿Si se hubiera quedado en Sicilia habría estado más aislada del mundo, habría sido peor para su carrera?

Me fui de Sicilia porque me enamoré a los 18 años y me casé con un chico siciliano que vivía en Turín. Nos separamos después de un año, luego estudié en Viena y me desplacé a Hamburgo, el mío es un destino extraño, porque siempre que me enamoraba el corazón me llevaba a otro lugar. Ha sido el motor para todas estas pequeñas revoluciones personales, que no consiste en sacrificarse por el amor del hombre, sino en descubrir otro mundo, una lengua nueva. El amor se acaba, pero se crece.

[Especial para MSur]

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