Peligro de muerte

Publicado por

Saverio Lodato

Publicado el 19 Sep 2015

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Nino di Matteo, el fiscal jefe que instruye la causa del Acuerdo Estado-Mafia en Palermo, hace menos de una semana [Junio 2015] apareció en la tele en el programa de Fabio Fazio, Che tempo che fa, para presentar su último libro: Collusi (Corruptos), una larga entrevista a Salvo Palazzolo, recién publicado por Bur. Como pasa muchas veces en casos como éste, el libro se ha quedado en segundo plano, siendo la materia de discusión no precisamente literaria, sino de candente y acalorada actualidad.

Di Matteo ha hecho muy bien en ir. En exponerse a las luces de los focos. En exponer frente millones de italianos el balance amargo de un magistrado que, llevando años indagando, ha llegado a conclusiones tan evidentes, tan incuestionables, tan documentadas, que la lista, por sí sola, sería suficiente para entender por qué Italia se ha convertido en lo que es.

Desde hace 150 años Cosa Nostra quiere tener relaciones cercanas con el Poder y la Política

Y por qué la previsión de Giovanni Falcone sobre la mafia, que como todas las cosas de la vida, teniendo un principio, habría tenido también un fin, no se ha realizado. Y, por lo menos por ahora, no se puede realizar.

Di Matteo, sin actuar como tribuno de la plebe, sin dirigirse a “sociedades civiles” que desafortunadamente, como diría Maquiavelo hablando de ciertos “principados”, ahora hemos entendido que no tienen razón, sin unirse al coro de los que sueñan “nuevos sujetos políticos”, sin dejar de respetar los deberes de confidencialidad que son propios de un magistrado, en definitiva sin instrumentalizar la materia, pronunció un acta de acusación que no habría podido ser más rompedora.

Di Matteo explicó que desde hace 150 años Cosa Nostra quiere tener relaciones cercanas con el Poder y la Política. Que desde 150 años el Poder y la Política no solamente no se apartaron de este abrazo, sino que lo consideran un halago. El voto de intercambio es el plato principal de este banquete podrido. La corrupción es la linfa vital para las Mafias de cualquier tipo. El gran empresariado del Norte, en cuanto desembarca en Sicilia, no es que soporte las imposiciones de Cosa Nostra, sino que se presenta directamente a su puerta, pidiendo un acuerdo preliminar a la realización de los objetivos empresariales que se quieren alcanzar.

Los poderes ocultos han incitado y favorecido a la mafia para luego despistar los procesos penales

La “comisión antimafia” hace bien en compilar sus listas de “impresentables”, pero mejor aún sería que los partidos sancionaran “políticamente” algunos comportamientos, sin esperar – y, por cierto, Di Matteo citó a Paolo Borsellino – las definitivas sentencias de “tercer grado” para ampararse en ellas. La mejor manera de sancionar a los “impresentables” sería no “presentarlos”.

Detrás del asesinato de Mattarella y la masacre de Chinnici, las matanzas del 1992-1993, en Roma, Florencia, Milán, se empiezan a ver las manos, más o menos poderosas, de los poderes ocultos y los servicios desviados, que han incitado, sugerido y favorecido a la mafia para luego despistar los procesos que surgieron de aquellos hechos sangrientos. Por eso, aquellas páginas negras no se deberían considerar “casos cerrados”, como muchos querrían.

Ni siquiera hay que buscar una “interlocución” con la mafia – que no “trato” – si no se quiere que el Estado aparezca no creíble en el momento en el que se dirige a las víctimas de las extorsiones, convenciéndolas para denunciar el chanchullo del “pizzo”. En el caso de Marcello dell’Utri, fundador del partido Forza Italia, que tiene sobre sí una sentencia firme, se confirma que un gran empresario ha hecho política por más de veinte años, a niveles apicales, y sigue haciéndola.

Di Matteo ha terminado admitiendo, sin énfasis retórico, tener miedo de las muchas amenazas de muerte por parte de Totò Riina, el carnicero, y de la noticia de que en Sicilia circulan 200 kg de trilita para su eliminación. Pero, a pesar de todo, dice que “ama la verdad”.

Los italianos, por lo menos los que han visto “Che tempo che fa”, han podido escuchar sus palabras, hacerse una idea. ¿Di Matteo es un “juez protagonista”? ¿se le han escapado “opiniones”, “conjeturas”? ¿tiene “ambiciones políticas”? ¿ha faltado al papel de “magistrado” que solo tiene que hacer respetar las leyes? ¿o quizá no ha hablado, como ha precisado varias veces, “cartas en mano”?, queriendo definir con “carta en mano” las responsabilidades penales de sujetos y sus entornos consagradas por veredictos definitivos. Y después de sus respuestas a las preguntas de Fazio, ¿qué ha pasado? absolutamente nada. O mejor. Se desató la Tempestad Ácida del Silencio.

Silencio por parte de todos los altos cargos del Estado, ninguna excluida.

Silencio del Consejo Superior de la Magistratura.

Silencio de las grandes firmas del periodismo de derecha.

Silencio de las grandes firmas del periodismo de izquierda.

Silencio de los hombres políticos de derecha, de izquierda y del centro.

Silencio del primer ministro y de los demás ministros.

Silencio de algunas caras bonitas de la antimafia que no pierden ocasión para declarar, pero, si la cosa se pone negra, se callan, ellas también (desafortunadamente pasa eso también). Pero la Lluvia Ácida del Silencio ya no puede ocultar toda la mala fe interesada, interesadísima, de los que atacan, al azar, a Nino di Matteo. Y que, justo por las cosas que dice, Nino di Matteo está en peligro de muerte. Y mucho.

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