Guardar el amor

Publicado por

Soumaya Naamane Guessous

Publicado el 12 Mar 2016

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¿Quién nunca ha soñado con encontrar el amor, ser atraído por una mirada fascinante que te aspire en un torbellino de placer, de delirio… y te lanza a un cielo donde parpadean las estrellas?

Cuando estas enamorada, se activa en ti una multitud de hormonas, causando efectos parecidos a los que causan algunas drogas: bienestar, confort, felicidad, excitación, euforia. Baja el apetito, y se ponen en marcha hiperactividad e hiperdinamismo. Ibn Hazm, en El collar de la paloma, himno al amor del siglo X, escribia: “El amor es una fitna (caos), una sedición, una guerra civil. Amar es escoger, en contra de todos los otros, un solo ser que se distingue por el propio amor que le llevamos. Es dar un sentido singular a los gestos, las señales, las palabras.”

El amor te vuelve ciego… ¡y el casamiento te devuelve la vista!

La cercanía del ser amado se torna obsesión. Las áreas del cerebro vinculadas al espíritu critico se apagan. Solo vemos en el ser amado lo que es bello y bueno. El amor te vuelve ciego… ¡y el casamiento te devuelve la vista!

Una vez establecido el contacto, las dulces palabras embriagan, las caricias como rayos prometen un éxtasis eterno. El enamorada te acapara, le perteneces, te pertenece, te atormenta… ¡para siempre! El amor se conjuga al futuro eterno. Los enamorados se prometen cosas con “siempre”, “nunca”. El casamiento se presenta como la prueba más grande del compromiso apasionado de por vida, de la fidelidad total, de una indestructible simbiosis física.

Pero no es eterna la magia… Con el paso del tiempo, el amor afloja, se cansa. A veces hasta la muerte. El aterrizaje puede ser brutal: un día, de pronto, se descubren defectos insoportables. El lazo de la pasión se deshace. Lo que ahora une a la pareja solo son las limitaciones de una dura realidad: conflictos, agresividad, forcejeos. Que lejos está la época de los abrazos, las dulces palabras, las bonitas atenciones.

La pasión, un soplo

No existen recetas milagrosas, pero si una voluntad cotidiana y mutua, estando atentos en controlar comportamientos y palabras. Cuidando de no infantilizar al otro y de no acosarlo con comentarios sin parar, de no herir su dignidad y de mantener el respeto mutuo. Las palabras acerbas dejan profundas heridas. Un dicho marroquí afirma “Más vale un golpe que hace sangrar que una palabra envenenada.” Las malas palabras destruyen el amor et despiertan el animal que duerme en cada uno. Las palabras bonitas, sobre todo en momentos contrariados, evitan las heridas. El dialogo respetuoso alivia las tensiones y acerca las soluciones. Una vez arreglado el conflicto, el odio y el rencor dejan de tener terreno.

Se dice que la luenga no tiene hueso, por eso no hay nada que pueda retener el lenguaje

El resentimiento destruye la persona y su relación con el otro. La lengua, se dice, lleva al infierno o al paraíso. Las palabras tiernas endulzan la relación. El conflicto más fuerte puede tratarse con palabras justas y sin agresividad.

Para eso hay que desterrar del lenguaje el “nunca” y el “siempre”: “¡Siempre eres así !”, “¡Nunca has sido capaz de…!” Se dice que la luenga no tiene hueso, por eso no hay nada que pueda retener el lenguaje. Una palabra, se dice, es como escupir: cuando sale de la boca, nunca puede volver a meterse dentro. Pedir perdón está bien, pero la mayoría de las veces, el daño está hecho.

Los “te quiero”, “amor mío” y demás “querido” refuerzan el lazo. Los elogios hacen feliz y incitan al otro a adentrarse más en la relación. Hay que valorizar en vez de despreciar, servir, acompañar, escuchar, mimar… ningún ser humano es insensible a tales atenciones. También usar y abusar de gestos de ternura: regalos, invitaciones, sorpresas. El regalo puede tener un valor simbólico: un ramo de flores, una caja de chocolates, un paseo, un cucurucho de cacahuetes… Es la intención la que hace feliz.

También es necesario luchar en contra de la rutina, peor enemiga del amor, innovar, sorprender al otro. La seducción, que nunca se consigue para toda la vida, debe renovarse cada día. También hay que encontrar el buen balance entre vida privada y profesional, no hablar del trabajo en la pareja, darse placer a si mismo para tener suficiente energía como para darle placer al otro.

Por otra parte, el amor se vive físicamente. Tocar estimula el deseo. Besos y caricias se deben consumir sin moderación, y no solo como preludios sexuales. Todo el día, tocar mantiene viva la candela de la pasión y atiza la sensualidad. El acto sexual, cimiento del amor, no debe vivirse como una obligación sino como una forma de compartir la extrema voluptuosidad, introduciendo novedades, sorprendiendo y entregándose totalmente. El erotismo funciona mejor que cualquier antidepresivo para aliviarse mutualmente y fortalecer el bienestar.

Hablar de sexo

Es imprescindible nutrir la complicidad, reír juntos, crear momentos cara a cara. Y sobre todo ser benevolente, reconocer el esfuerzo, el sacrificio. No decimos bastante o quizás nunca al ser amado lo importante que es en nuestra vida y qué contentos estamos con él cuando se lo merece.

Te has enamorado de una persona que tiene una familia y no puedes sacarla de ahí

 

Acuérdate de la ultima vez que has expresado tu agradecimiento a tu marido o tu mujer. Vete ahora mismo a hacerle un piropo y verás que efecto las palabras positivas tienen sobre su entusiasmo. Nadie es infalible, y ser capaz de dialogar y pedir perdón cuando eres consciente de tu error es una oportunidad. Dialogar es la mejor técnica para mantener una relación sana evitando juicios y reproches y teniendo empatía. Es decir: si de mi se tratara, ¿cómo hubiese querido que se me hable?

Dialogar sobre todo, incluso sobre tu sexualidad, mejora la satisfacción mutua. Evitar las intoxicaciones que te vienen del rechazo de los suegros: tu madre, mi madre, tu familia, mi familia. Te has enamorado de una persona que tiene una familia y no puedes sacarla de ahí. Lidia con los suegros y, por encima de todo, no te metas en algún conflicto entre tu pareja y su familia. Tranquiliza a tu pareja con palabras cariñosas: “Te quiero, tú eres el que es importante para mi, pero no puede cortar con mi madre. Aguántala, por favor cariño, es mi madre…”

Al fin y al cabo, es necesario hace balance de tu vida de pareja, solo o juntos. Cuando sientes un peligro, habla de eso, analiza, sin reproches, buscando las soluciones juntos. No se trata de buscar culpables, sino de rectificar el tiro. Porque mantener la pasión de una amor candente es posible. Se trata antes que nada de ser consciente de la utilidad de mantenerlo y de luchar en contra de un gran peligro: el orgullo (annafs) que destruye cualquier relación.

Amar es ser generoso, en el perdón y la tolerancia. Ninguno de nosotros es el ejemplo ultimo. Hagamos de nuestra diferencia una riqueza. ¡Que viva el amor!

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