De la celestina a internet

Publicado por

Soumaya Naamane Guessous

Publicado el 8 Dic 2016

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Los caminos se cruzan para sellar una unión. Un encuentro, un maktub (destino), programado por Dios: “La gente se casa en el cielo, antes de nacer”. Sí, pero ¿dónde encontrar este destino entre más de 30 millones de marroquíes, entre los miles de millones de habitantes del planeta?

Según el islam, casarse es una obligación, una buena obra, un baluarte contra la fornicación. Cada sociedad, cada época fija la franja de edad del primer matrimonio. A las chicas se las casaba en la infancia o al principio de la adolescencia. A los chicos, al final de la adolescencia.

La unión podía programarse cuando los interesados no habían sido aún concebidos o cuando eran fetos o bebés. “Cuando mi padre se casó, mi padre le dijo que las hijas que tuviera mi madre se casarían con los hijos de mis tíos”. A las mujeres se las encerraba y los matrimonios se hacían, sobre todo, entre primos y vecinos.

Las empleadas del hammam sabían en qué hogar había chicas casaderas y las veían desnudas

En la ciudad, las mujeres solo salían para ir al hammam. ¡Cuántas parejas se han formado a partir de ese templo de la higiene y la belleza! A las chicas las espiaban las clientas y el personal del baño, las tayabat, que guardaban los secretos de las familias. Ellas eran las celestinas, porque sabían en qué hogar había chicas en edad de casarse; ellas escudriñaban el cuerpo desnudo de las candidatas, su pelo, observaban su comportamiento… Las madres les confiaban la tarea de elegir novia para sus hijos y maridos para sus hijas.

Cuando las chicas tenían la posibilidad de salir, nació una nueva fórmula: “Los hombres les hacían la prueba a las chicas en la calle diciéndoles piropos. Si la chica bajaba la cabeza y salía corriendo, el hombre podía ir a pedir su mano. Si ella le respondía, eso quería decir que era de costumbres ligeras. La petición de mano se podía hacer entre desconocidos. “Algunas mujeres de la familia del pretendiente se presentaban en el domicilio de la candidata y decían que eran invitadas de Dios. Se las recibía bien y se podía llegar a acordar el matrimonio”.

La jattaba

Las jattaba , o celestinas, eran mujeres de edad, divorciadas o viudas, que podían salir a la calle sin atraer las miradas de los hombres. Gozaban de buena reputación y eran dignas de confianza. Pasaban de casa en casa y desempeñaban el papel de dalala: “Ellas nos ofrecían caftanes, tejidos y joyas que otras mujeres les habían entregado para venderlos”. También llevaban noticias de matrimonios, nacimientos, fallecimientos… Transmitían, verbalmente, invitaciones. Disponían de un repertorio y una base de datos: “Ellas sabían qué familias tenían chicas o chicos para casar y proponían pretendientes, teniendo en cuenta los criterios de las familias”. Hacían esas propuestas a las madres, de forma espontánea o cuando se lo demandaban.

Su retribución dependía de los medios de cada familia: dádivas en especie, ropa, babuchas, un poco de dinero… Cuando proporcionar un buen partido, la retribución eran acorde.

“Con las chicas de los cafés no se puede casar uno; se citan con muchos hombres”

El mismo rol ejercían también las negafat (modistas de la novia), porque pasaban de hogar en hogar y podían relatar los méritos de esta o aquella familia, y la belleza y sensualidad de sus hijas o la formalidad de sus hijos.

Las costumbres han cambiado. Los jóvenes buscan una pareja a su gusto y no al gusto de sus madres. Es más fácil con la mezcla de sexos, como se da en las universidades, los lugares de trabajo y el espacio público: restaurantes, cafés, salas de baile… Pero muchos hombres tienen sus reservas. Alí, 34 años: “Con las chicas de los cafés no se puede casar uno; se citan con muchos hombres. Yo me niego a ser parte de una colección. ¡Yo quiero una chica pura!”.

Pero pese a la mezcla de sexos y a la libertad adquirida por las mujeres, encontrar el alma gemela supone un problema. En la era de la comunicación, es difícil que se formen las parejas. Rashida: “Encontramos muchos hombres, pero ¿dónde encontrar uno que valga la pena? A menudo solo quieren divertirse”. Se retrasa la edad del primer matrimonio, por lo que muchas chicas se desesperan: 27,2 años para ellas y 31,8 años para los hombres.

Las ceremonias de la boda siguen siendo un lugar de encuentro, en el que las chicas rivalizan en coquetería para atraer a un buen partido. También los funerales son ocasiones para ser descubierta. Continúa habiendo matrimonios arreglados. Y la familia y los amigos organizan encuentros entre solteros.

Aunque la jattaba (‘celestina’) haya desaparecido, ha sido reemplazada por un nuevo perfil de intermediario, cada vez más frecuente en los ambientes islamistas: un hombre con buena reputación, a los que la familia le entrega fotografías de su hija para que propongan candidatos. Como el matrimonio es un medio para luchar contra la fornicación, el intermediario se siente investido con una misión.

“Pongo en contacto a personas que me parecen compatibles, según el criterio de las familias”

Mustafa, profesor de colegio: “He hecho buenas obras. Hay hombres que me piden que les encuentre una mujer para su hijo; o me lo piden los propios hombres jóvenes. Los padres y las madres me entregan fotografías de sus hijas. Pongo en contacto a personas que me parecen compatibles, según el criterio de las familias. En mi barrio y en la mezquita tengo fama de facilitar excelentes uniones. Me inundan a peticiones”. El intermediario está presente en la petición de mano y en la ceremonia. “Rechazo el dinero. Me dan regalos para mí o para mi mujer, que acepto por cortesía. La satisfacción me la da Dios”.

Ese tipo de intermediarios ha proliferado también entre las mujeres de los ambientes islamistas, por los mismos motivos. Halima, costurera: “Recibo a mujeres que quieren casar a sus hijas para protegerlas. Una chica debe casarse antes de los 22 años. Si no, puede caer en la tentación. La madre me da fotografías de su hija y se la muestro a mis clientas que buscan esposa para algún hombre de su familia”.

Speed dating

Facebook y otras redes sociales han experimentado un gran éxito. Se multiplican los sitios de citas por internet. Las revistas reservan páginas para los anuncios “para amistad, o algo más si surge”. Pero no hay estadísticas para evaluar la eficacia de estos canales. Eso sí, alimentan las esperanzas, entre ellas la de emigrar para casarse.

A los hombres no suele hacerles gracia que las mujeres tomen la iniciativa

Se desarrolla el speed dating: encuentros organizados en un café. Los candidatos se sientan por parejas y la entrevista dura siete minutos. Acto seguido, los hombres cambian de sitio para ocuparse de otra candidata. Luego, hombres y mujeres escriben sus impresiones en una ficha y se la entregan a los organizadores, que se ocupan de poner en contacto a los solteros que se hayan gustado mutuamente. ¡Y el muy controvertido alfaquí Zemzemi ha declarado halal (lícito) el speed dating, con la condición de que las chicas vayan púdicamente tapadas y acompañadas de una carabina!

Además, parece que hay más de diez agencias matrimoniales en Marruecos. Pero es imposible sonsacarles información sobre el número de parejas que han unido. Es lógico pensar que si no han cerrado el negocio es porque obtienen beneficios.

Más demanda femenina

¿Por qué hay más demanda femenina? Se debe a que se retrasa la edad de matrimonio, a la presión social y al sueño del príncipe azul. A los hombres no suele hacerles gracia que las mujeres tomen la iniciativa. “Son las solteronas y las feas las que utilizan esos medios. Las guapas se hacen ver y se casan pronto”, dice un soltero. No es raro que los hombres abusen de estos medios y se inventen identidades para divertirse. “He estado durante más de un año en contacto con un hombre en Facebook. Tenía que citarse conmigo para pedir mi mano. De repente ha cerrado su perfil de Facebook y ha desaparecido. He sufrido mucho”, dice Nadia, de 25 años. Pero también hay finales felices: Hanaa, 32 años: “Me he casado con un hombre gracias a Facebook. Tenemos dos hijos y somos felices”.

Encontrar al elegido del corazón sigue siendo un deseo piadoso. El príncipe azul ya no llama a la puerta. Guste o no, hay que encontrar otros medios para citarse. ¿Una oportunidad fortuita y un flechazo explosivo? Eso es lo ideal. Pero mientras no ocurra hay que arreglárselas con lo que se tenga a mano.

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