«Si no hay locura, no tiene sentido hacer música»

Goran Bregovic

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 21 Feb 2017

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Goran Bregovic (Sevilla, 2003) | © José Manuel Cabello
Goran Bregovic (Sevilla, 2003) | © José Manuel Cabello


Sevilla| Agosto 2016

Goran Bregovic (Sarajevo, 1950) es sinónimo de música festiva, de baile en grupo y sin tregua, también de encuentro de distintas tradiciones sonoras: zíngara, eslava, tango, vientos balcánicos… Después de militar en Bijelo Dugme (Botón blanco), tal vez el grupo más famoso de la Yugoslavia de los años 70 y 80, se dio a conocer como compositor con la banda sonora de los filmes de Emir Kusturica, como El tiempo de los gitanos, Arizona dream o Underground, así como de La reina Margot, de Patrice Chereau.

Sin embargo, especialmente tras la guerra de los Balcanes, ha sido también artífice de una veintena de álbumes propios tan celebrados como Tales and songs from weddings and funerals o el más reciente Champagne for Gypsies, mientras sigue dando giras con su orquesta, bautizada Wedding and Funeral Orchestra (Orquesta de Bodas y Funerales). Afincado en París, el artista visitó el pasado verano España y recaló en Cádiz, donde accedió a responder a las preguntas de MSur.

Su último álbum es Champagne for Gypsies [Champán para gitanos]. Cuando hablamos de los gitanos, a menudo en la industria del cine y también en la música se nos ofrece una imagen estereotipada. ¿Cómo evitarlo?

«A la música gitana balcánica todavía le queda para ser reducida en un estereotipo»

Los gitanos han vivido en Europa durante más de seis siglos. Y han tenido sus épocas difíciles con nosotros. Y solo nos han dado, durante esos seis siglos, belleza y alegría. Sin embargo, el peligro de cualquier música es acabar siendo música de fondo de un restaurante, y eso es lo que le ha pasado a la gran música gitana: rusa, húngara, rumana… Incluso el flamenco, pienso, está un poco en peligro porque se ha estilizado para poder ser tocado en restaurantes. Por supuesto, una vez que empiezas a tocar para la gente que está comiendo, debes adaptarte para poder hacerlo.

¿La música balcánica está más a salvo de esos riesgos?

La música balcánica de instrumentos de viento sigue aún lejos de llegar a ese punto, o tal vez sea imposible convertirla en música de restaurante, por la técnica a la hora de tocar, porque necesitan escupir cuando están tocando, de modo que tú no puedes comer realmente, rodeado por diez gitanos que están escupiendo alrededor de tu mesa. En definitiva, a esta música todavía le queda para ser reducida en un estereotipo conocido.

El álbum incluye una versión de Bella Ciao, la canción de los partisanos. ¿Contra quién lucharían hoy día?

Ah, sigue habiendo muchas cosas por las que luchar en este mundo, hasta que sea más justo para todos. De modo que sí, hay mucho trabajo por delante para los partisanos.

En este álbum, los Gipsy Kings actúan como  invitados. ¿Un sonido flamenco en su música, o más ese regusto remoto a música aflamencada con origen español pero pasado por el filtro de Francia?

«Quería recordarnos que los gitanos dejaron huellas profundas en nuestra cultura popular»

Bueno, porque este disco Champagne for Gypsies salió a la luz en otro momento difícil para los gitanos en Europa, ya sabes, los echaban casi de todas partes. De modo que esa fue la razón por la que invité a algunos de mis artistas gitanos favoritos para esta grabación. Porque quería que recordáramos, que nos recordáramos a nosotros mismos, que los gitanos dejaron algunas huellas profundas en nuestra cultura popular. Así que este disco incluye algunos espléndidos artistas desde la generación de los Gipsy Kings a Gogol Bordello, como la última estrella gitana.

Marcan el carácter de todo el álbum ¿no?

Por supuesto, es probable que Champagne for Gypsies sea un disco más influenciado que ningún otro de los míos por otros músicos, porque se trata de personalidades fuertes y talentos enormes. Así que ya sabes, si traes tus dos canciones y te sientas y empiezas a tocar con los Gipsy Kings, evidentemente tu canción se vuelve una especie de rumba catalana. Y luego, cuando empiezas a tocar tu canción con Gogol Bordello, esta se convierte en punk gitano, y luego te vas a Rumanía y de repente tu música empieza a viajar de un lugar a otro impregnándose de sabores diferentes, y… Me gusta que mi música se prostituya un poco por toda Europa.

Usted es hijo de un padre croata y una madre serbia, nacido en Bosnia, y estaba en París cuando estalló la guerra de Yugoslavia. ¿Cómo recuerda esta guerra 25 años más tarde?

Bien, espero desde luego que tu país nunca tenga un destino como el mío, algo así como que tu tierra natal ya no vuelve a existir, y la lengua con la que creciste tampoco existe ya. Cuando eso ocurre, entiendes que tu tierra no es un territorio geográfico o político. Es siempre un territorio emocional. Para ser sincero, no me importa si tengo que mostrar mis pasaportes hoy, pero… Esta guerra, la última guerra, fue la misma vieja guerra que se ha ido repitiendo muchas veces. Todo el mundo tenía la esperanza de que hubiéramos aprendido algo de esas viejas guerras, pero desgraciadamente la gente nunca aprende gran cosa de la historia. Creo que fue una triste y trágica repetición de la guerra casi religiosa entre ortodoxos, católicos y musulmanes.

Con su grupo mítico Bijelo Dugme disuelto, usted había dejado de tocar en esa época. ¿Podemos decir que, paradójicamente, la guerra dio un segundo impulso a su carrera?

«Sin la guerra de Yugoslavia yo sería una estrella del rock de provincias retirada»

Sí, claro que sí, sin la guerra yo sería una estrella del rock de provincias retirada. Yo estaba ya listo para serlo, tenía una casa junto al mar y estaba preparado para jubilarme. Por culpa de la guerra, tuve que empezar de nuevo. Pero si miras en la historia del arte, una gran parte de ella pertenece a los artistas exiliados, y nunca es por casualidad. Es bastante lógico, porque cuando tomas distancia de tu cultura, la entiendes de verdad, te esfuerzas para entenderla mucho mejor. Y también por esa presión de existir simplemente, tus reflejos son mejores, porque tienes que reinventarte a ti mismo y sobrevivir.

¿Se reinventó usted?

Yo soy uno de esos artistas emigrantes, uno de tantos en la historia que tuvieron que empezar desde cero. Y al final fue lo mejor que podía haberme pasado en la vida. Tú sabes, yo fui una estrella del rock en mi tierra, pero era una rutina, y hasta la rutina más glamurosa es al fin y al cabo rutina. Lo bonito es empezar. Y debido a la guerra tuve la oportunidad de tener otro comienzo.

¿Recuerda sus impresiones cuando regresó por primera vez a lo que había sido Yugoslavia, tras terminarse la guerra? ¿Cómo vio el país, o los nuevos países?

Bueno, mi viejo grupo de rock and roll ofreció tres conciertos en Belgrado, Zagreb y Sarajevo, tres capitales que estuvieron enfrentadas durante la última guerra, y para mí fue la señal de que la guerra había terminado. Estaba en camino hacia esos conciertos, cambié de vuelo en varios aeropuertos para llegar a Sarajevo. Y en todos ellos vi a gente viajando para acudir a aquellos conciertos. Tuve la impresión no de que estuviéramos de nuevo juntos, ortodoxos, católicos y musulmanes, croatas, serbios y bosnios… Fue más que tras aquellos años terribles teníamos un poco de necesidad de cantar juntos. Y me sentí muy feliz de haber hecho algunas canciones que todavía podíamos seguir cantando juntos. Para mí fue una importante señal de que al menos esta guerra había concluido.

¿Influyó el conflicto de alguna forma en sus composiciones musicales?

«Cambiar la guitarra eléctrica por instrumentos tradicionales era como pasar de los pañales a los pantalones»

Mi rock and roll fue la misma cosa que sigo haciendo ahora. Mi música siempre estuvo muy influenciada por la música tradicional. Solo que cuando yo era joven, la vestía con una guitarra eléctrica, la vestía de rock and roll. Ahora hay un ropaje mucho más natural para mi música gracias a estos instrumentos más tradicionales. Para mí es un poco como pasar de los pañales a los pantalones.

Entre artistas e intelectuales hay cierto movimiento que rechaza considerar Yugoslavia como un concepto muerto, acabado para siempre. ¿Respalda usted esta ‘yugostalgia’?

Mi música siempre estuvo inspirada por este territorio antiguamente llamado Yugoslavia, de modo que encuentras rastros de todas partes. En ese sentido, mi música es yugoslava. Bueno, como concepto político por supuesto está muerto de momento, porque todos esos países que han surgido de la antigua Yugoslavia estaban ausentes del proceso de formación de Estados nacionales que concluyó en Europa al menos hace dos siglos. Por eso, ellos necesitan crear sus Estados nacionales ahora, y luego, en el futuro, ellos quizá evalúen mejor como vivir con las diferencias…

A veces, usted ha expresado una cercanía a Rusia, como influencia importante en los Balcanes. ¿Es el elemento eslavo una parte fundamental del alma yugoslavo?

Yo soy de Sarajevo, y si miras la historia, aquello fue una frontera única durante cinco siglos para los otomanos, una frontera directa entre ortodoxos, católicos y musulmanes. Así que, evidentemente como compositor, yo ya he nacido en una suerte de frankenstein musical y todo lo que hago es un poquito Frankenstein, es difícil descubrir de dónde es cada cosa, pero desde luego está influenciado todo por esas tres grandes religiones.

¿Sabría decir si la parte eslava pesa más que la parte otomana?

«Para el mundo civilizado, nuestra música siempre suena un poco exagerada, un poco patética»

Naturalmente la parte eslava es importante, porque somos eslavos, lo que significa que somos un pueblo que siempre ha exagerado en su alegría y en su tristeza. Por eso, para el mundo civilizado desde luego nuestra música siempre suena un poco exagerada, un poco patética. Y también hay un elemento eslavo que creo que es importante para los eslavos: en todas partes necesitamos locura en la música. Si no hay locura, no tiene sentido hacer música.

Hace algunos años, usted participó en Eurovisión como compositor. El certamen parece estar en auge en un momento en el que Europa como tal está atrapada en una crisis política y económica. ¿Cómo se explica?

Científicamente, como raza humana tuvimos música antes de aprender a hablar, antes de tener religión, política y todo eso. De modo que la música, como nuestro primer lenguaje, nos permite comunicarnos fácilmente, si eres capaz de hablar bien ese lenguaje que llamamos música. Y lo que es imposible para los políticos o para la religión o para cualquier otro, es fácil de hacer con música. Así es muy fácil explicar por qué en Eurovisión todo funciona, mientras que Europa falla.

Usted ha trabajado varias veces con el cineasta Emir Kusturica. También es músico. ¿Qué opina de su carrera y obra musical?

«Kusturica es un cineasta de los tiempos comunistas y tiene todavía ese reflejo que llamamos política»

Bueno, yo no creo que esté muy metido en la música. Pienso que la concibe solo como diversión, como una especie de pequeño deporte con el que se entretiene a veces.

En los últimos años, Kusturica ha estado envuelto en varias polémicas. ¿Estas peleas le han llegado a rozar a usted, como director musical de algunos de sus mejores filmes?

Las películas son cosas distintas a la música. En los tiempos del comunismo, y él es un director de los tiempos del comunismo, las películas eran un proyecto de Estado o un proyecto de la cultura del Estado, así que tuvieron que involucrarse con la política y los políticos. De manera que yo creo que es un reflejo, él tiene todavía ese reflejo que llamamos política. Yo puedo hacer bromas sobre los políticos, pero no puedo pensar en serio en este tema.

Una última duda: si Goran Bregovic se quedase sin su maravillosa orquesta instrumental, ¿cuál sería la esencia musical que le queda?

No sé cómo podría ser capaz de producir música y pequeñas locuras sin los instrumentos de viento gitanos. Supongo que sería difícil buscarles sustitutos… Afortunadamente, estoy al frente de Wedding and Funeral Orchestra.

 

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