La quinta mafia

Publicado por

Irene Savio

Publicado el 6 Sep 2017

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Vieste en Apulia | Idéfix / Licencia GNU
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El primero en abrir los ojos sobre lo que estaba ocurriendo fue el fiscal nacional antimafia de Italia. Era marzo de 2017, y Franco Roberti lo dijo sin medios tonos. “En Italia existe una cuarta mafia y se llama la Società Foggiana”, afirmó. “Que no se hable del tema no significa que no exista. Es al revés. Esto es parte del método mafioso, es la prueba que agrava”, continuó.

En realidad podría ser la quinta mafia, tras la Cosa Nostra en Sicilia, la ‘Ndrangheta en Calabria, la Camorra en Nápoles y la más modesta Sacra Corona, en Apulia. Lo que reconocía el fiscal era que, a pesar de los descuidos de la prensa nacional italiana —poco atenta al fenómeno—, en esa misma región turística de Apulia, en el sur de Italia, una red criminal antaño responsable de delitos menores está abriéndose paso a golpe de guerras mafiosas, especialmente en la zona de Foggia, más al norte de Lecce y Brindisi, donde opera la Sacra Corona. El reguero de sangre era ya demasiado obvio.

Tras matar al capo, persiguieron a los dos testigos involuntarios y los dispararon a quemarropa

Cuatro meses después, los últimos datos confirman el escenario que temía Roberti. A plena luz del día, el pasado 9 de agosto a las 10 de la mañana, varios hombres armados abrieron fuego contra otro vehículoen el que viajaban el capo mafioso Mario Luciano Romito y su cuñado. Ambos perecieron casi en el acto, en las cercanías de la carretera por donde viajaban, la desértica ruta provincial 272 de la provincia de Foggia, a pocos minutos de la vieja estación de trenes del pueblo de San Marco in Lamis.

Pocos instantes después, los asesinos se percataron de la presencia de dos testigos involuntarios, los campesinos Luigi (47 años) y Aurelio Luciani (43 años). El comando armado los persiguió mientras intentaban huir de la escena del crimen. Aurelio incluso se bajó del Fiat Fiorino en el que iba con su hermano e intentó escaparse a pie. Fue inútil. Lo siguieron y le dispararon con un Kalashnikov y una escopeta del calibre 12. Una vez alcanzados, los mataron disparándoles a quemarropa. Llegada al lugar, la policía retiró los cadáveres lo antes posible.

Por la crueldad demostrada y la descarada violencia de los asesinos, al Gobierno italiano le costó rebajar la conmoción suscitada entre la opinión pública italiana, que percibió los hechos como una prueba de que el Estado se encuentra ante una situación descontrolada a lo ‘viejo Oeste’ en la que iba perdiendo la partida. Así, el ministro italiano de Interior, Marco Minniti, viajó al día siguiente a Foggia. Allí, ese mismo día, dijo que la respuesta del Estado iba a ser “durísima” y anunció el envío de otros 192 agentes para enfrentarse a esta mafia en auge. En los días siguientes fueron arrestadas en la zona ocho personas, acusadas de varios delitos, desde extorsión a tráfico de armas. Pero ninguna, hasta la fecha, ha sido declarada responsable de los asesinatos de los cuatro hombres.

Asesino sin identificar

Pronto empezaron a circular más detalles preocupantes. Empezando por las cifras de los homicidios registrados por las zonas en que la Societá Foggiana se está imponiendo. Se supo que en los últimos 30 años se han producido alrededor de 300 asesinatos, algunos de ellos con víctimas inocentes o parientes de mafiosos; otros, de personajes vinculados con las riñas de los clanes agrupados bajo el paraguas de la Societá Foggiana y sus rivales. El 80% de estos crímenes había quedado impune, es decir, sus asesinos nunca fueron identificados.

El último año hubo 17 asesinatos de la Società Foggiana, amén de bombas y extorsión

El saldo se elevó a 17 cadáveres este año. Vincenzo Vescera, un treintañero con antecedentes penales, murió acribillado el 17 de enero. Pasadas las nueve de la noche, regresaba a su casa en Vieste, un pueblo en la península del Gargano, cuando le dispararon. Diez días después murió, también en Vieste, Onofrio Notarangelo, de 46 años, hermano de un presunto capo local. A principios de febrero, Giuseppe Anastadio (33), que había estado en la cárcel por el homicidio involuntario de una niña, fue asesinado en el pueblo de San Severo.

El 21 de marzo, la policía informó del homicidio de Giuseppe Silvestri (44), ocurrido mientras conducía por Monte Sant’Angelo, un pueblo cuyo ayuntamiento fue disuelto en 2015 por “infiltración mafiosa”. Matteo Masullo salió de casa el 7 de febrero. Su automóvil fue encontrado poco después de su desaparición, con los documentos y sus teléfonos en el interior. No se ha vuelto a saber de él. Previamente, entre septiembre y diciembre de 2016, ocurrieron cuatro asesinatos y ocho intentos de homicidio; diez bombas explotaron delante de comercios como una forma de castigo para quienes se negaron a pagar extorsiones.

Incluso las fuerzas del orden sufrieron ataques. En marzo, un convoy de vehículos de la policía italiana, enviado a Apulia para reforzar las operaciones de seguridad en esta región, fue atacado a balazos en la ciudad de San Severo. Y en esa misma semana dos africanos —inmigrantes indocumentados que trabajaban en la recolección de frutas y verduras— fallecieron durante un incendio en un campo de barracones que las unidades antimafia estaban desmantelando por infiltración de mafiosos. El 27 de julio ocurrió el último: el asesinato de Omar Trotta (31) cuando se encontraba comiendo a plena luz del día en un restaurante.

La mafia trafica con drogas que trae de Albania, pero también con armas de la ex Yugoslavia

En medio de todo ello, la Fiscalía de Bari envió un informe a la Dirección Nacional Antimafia (DNA). En ese documento sostiene que la Società Foggiana “se acerca cada vez más al modelo de las mafias que tienen capacidad para planificar y llevar a cabo estrategias con seriedad y disciplina. (…) Su vieja guardia, considerada poco adecuada, ha sido eliminada a través de varios homicidios”. Y añade que “extorsiones, usura y tráfico de drogas son las principales actividades, y el método mafioso incluye homicidios, destrozos, intimidaciones y agresiones físicas para controlar el territorio”.

Su ‘modus operandi’, además, le ha permitido a la mafia mantener buenas relaciones con otras agrupaciones criminales, en particular con la Camorra, cree la Fiscalía. La DNA ha añadido que en los últimos años se han llegado a decomisar, además de toneladas de hachís y marihuana, bazucas y armas de arsenales de la ex Yugoslavia. También se aclaró, según dijo Roberti, que después de mucho tiempo ocupándose mayoritariamente de actividades ilícitas vinculadas al sector de la agricultura —en una de las regiones más agrícolas de Italia—, la Società se ha interesado en los últimos años por un lucrativo tráfico de drogas blandas procedente de Albania.

De ahí las matanzas: el objetivo más inmediato de los nuevos jefes de la Società, dijeron los expertos, ha sido el de unirse con otra banda local, la Gargánica, que estaría perdiendo influencia en la región de Apulia. Mario Luciano Romito, el capo mafioso asesinado, pertenecía precisamente a los gargánicos. Todo ello en una región conocida por sus olivos centenarios, que en estas fechas recibe millones de turistas, y donde también veranean personajes como la cantante estadounidense Madonna o la actriz Helen Mirren —que tiene una casa allí— y donde este año se ha especulado incluso con una visita de la hija predilecta de Trump, Ivanka.

La conexión: Tirana

De ahí también que un operativo policial italiano haya incluso viajado recientemente hasta Tirana, la capital de Albania, para desarticular desde allí la alianza entre la Società y las organizaciones criminales de Albania, un pacto que incluye el transporte de mercancías ilegales a través del mar Adriático. Los integrantes de La Società y los mafiosos albaneses realizan “operaciones conjuntas y tienen una gran capacidad de adaptación a diferentes contextos socioeconómicos”, explica el reciente informe de 2016 de los Servicios Secretos para la Seguridad Interna (AISI).

Un 80% de los comerciantes de Foggia pagan extorsiones a la mafia, cree la policía

Aun así, nadie sabe todavía a ciencia cierta cuántos integrantes conforman esta mafia y cuál es el estado actual de las alianzas que se han estrechado entre los múltiples clanes. Algunos analistas los describen en su origen como gánsteres de estilo años treinta que hoy integran un núcleo central de entre 100 y 200 miembros que representan a 28 clanes, la mayoría de ellos sanguinarios criminales que habrían forjado una alianza en los años ochenta. Y, al menos hasta el último episodio de sangre, aliados de la ‘Ndrangheta, la Camorra napolitana, pero también de la ahora menos influyente Sacra Corona Unida de Apulia. Hasta este año, incluso parecía que habían aprendido una lección de Cosa Nostra: la ley de la ‘omertà’ (silencio), para que se hable poco o nada de ellos.

“La Società es la mafia más ignorada en Italia”, afirmaba en 2013 Roberto Saviano, autor de ‘Gomorra’, libro sobre las mafias italianas que se convirtió en `bestseller´. “Ha llegado el momento de abrir los ojos. Apulia es una región víctima de feroces organizaciones criminales, no un oasis de turismo”, lamentó el escritor italiano. Y agregó: “Es necesario mantenerse alerta para que no pase lo que ocurrió con Sicilia y Calabria donde, por no dañar el turismo, no se intervino a tiempo”.

“Lo que sucede aquí es inimaginable y, sin embargo, nadie habla. Como si aquí solo existiesen el padre Pío, los olivos, una buena mozzarella y el mar azul”, se quejó el jefe de la Policía de Foggia, Piernicola Silvis. “Según nuestros conteos, el 80% de los comerciantes de Foggia paga extorsiones. Pero nadie denuncia”, señaló. “Tenemos miedo”, fue lo que dijeron a la prensa nacional algunos familiares de Luigi y Aurelio, los dos campesinos abatidos.

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Primero publicado en El Confidencial · 16 Agosto 2017

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