Los gemelos que querían ir a Siria

Publicado por

Núria Vilà

@nurivila1

Periodista (Pla de l'Estany, Girona, 1992). Actualmente trabaja como freelance en Ammán, después de vivir meses en el sureste de Turquía.

Publicado el 27 Mar 2018

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Chakib y Chakir Achataoui (de espaldas) con sus familiares |
© infotalqual


Barcelona
| Junio 2017 | Con Rachid El Younoussi / InfoTalQual

El caso de los ‘gemelos de Badalona’ saltó a los telediarios cuando los hermanos Chakib y Chakir Achatoui fueron detenidos en su casa una madrugada del 31 de marzo de 2015 acusados de planear viajar a Siria para unirse a Estado Islámico. Tenían apenas 16 años.

La acusación era cierta: los dos adolescentes, marroquíes criados en España, tenían todo preparado para dar el salto. Fue su madre la que lo impidió, quitándoles la documentación. Acabaron todos entre rejas: los gemelos han cumplido ocho meses en un centro de detención juvenil y casi dos años de libertad vigilada, y su madre, Rhimou Ben Youssef, ha pasado 22 meses en prisión.

Chakib y Chakir, su hermana Raouia, su madre, Rhimou, y su padre, Mustapha, se reúnen con estos periodistas en Barcelona unos meses antes de los atentados de La Rambla. Narran su lucha por intentar sobreponerse a la situación, arrastrando las consecuencias de un pasado que quieren dejar atrás.

“Mientras estudiábamos el Corán, nos explicaban cosas del islam y del yihadismo”

La familia tenía antecedentes: uno de los hermanos mayores de los gemelos, que vivía en Marruecos, ya había muerto en Siria años antes, luchando en las filas del grupo islamista radical Ahrar Al Sham. Pero los dos gemelos aseguran que este hecho no influyó en su decisión de viajar a su vez hacia la guerra. “No era venganza, porque a mi hermano lo he visto una vez en diez años y cuando murió, ni lloré. No tenía mucha relación con él”, cuenta Chakir.

La motivación fue creciendo, explica Chakib: “Mira, es sencillo lo que pasa. Estudiábamos el Corán, donde dice que tienes que ser un buen musulmán y seguir sus enseñanzas. Además vas aprendiendo de la gente. Si alguien lo hacía bien, yo también quería hacerlo bien. Competíamos entre todos a ver quién se sabía mejor el Corán, y quien tenía una voz mejor. Y mientras estudiábamos el Corán nos explicaban cosas del islam y el yihadismo. Y te empiezas a interesar por eso: dicen que si te mueres por la yihad tienes el paraíso asegurado y tal”.

La infancia de los hermanos Achatoui podría parecerse a la de tantas otras familias de frágil clase media. Todo empieza cuando la crisis económica penetra en los hogares españoles. Los padres se esfuerzan por salir adelante, pese a que su empresa familiar de limpieza quiebra, el alquiler del piso en Badalona es elevado, y cuesta llegar a fin de mes manteniendo a los tres hijos adolescentes: los gemelos y su hermana, Raouia, dos años mayor que ellos. En esa situación económica insostenible empiezan los problemas. Los hermanos juegan al fútbol y sueñan con vestir un día la camiseta del FC Barcelona; incluso mantienen algunos contactos con el club. Pero el sueño se desvanece.

El reclutador

Suhail, un imam de unos 25 años que viaja cada verano a Cataluña para predicar en las mezquitas de Badalona y de Santa Coloma de Gramenet, es el primero en descubrir algo especial en los hermanos Achatoui. También ellos ven en él un ejemplo a seguir. Suhail ofrece a los dos jóvenes la oportunidad de viajar a Tánger, en Marruecos, para estudiar el islam en una madraza con todos los gastos cubiertos. Por aquel entonces, los jóvenes tenían 14 años y ningún interés en seguir sus estudios en Cataluña.

“El imam venía a dar sermones en el mes de ramadán, era bueno, recogía mucha pasta”

Rhimou, la madre, justifica la decisión de mandar a sus hijos a Marruecos como antídoto para alejarlos del fracaso escolar. “Mis niños fracasaron en sus estudios y no quisieron seguir, y yo no podía hacer nada más. Tenía miedo que se engancharan al ambiente de drogas y delincuencia”, dice en la entrevista. Aunque lleva muchos años en España, prefiere expresarse en su idioma materno y es parca de palabras, a diferencia de sus tres hijos, que hablan fluidamente español, idioma que también maneja Mustapha, aunque con algo más de esfuerzo.

Mustapha reconoce que al principio no estaba muy seguro de mandar a sus hijos a Marruecos: “Su madre y yo no queríamos mandar a los niños a Tetuán o a Tánger solos, pero vino dos veces Suhail y nos dijo que no nos preocupáramos, que iba a estar con ellos. Entonces se creó la confianza”.

La figura de Suhail -al igual que el imam de Ripoll que adoctrinó a los jóvenes que perpetraron el atentado en La Rambla- ha sido primordial para la radicalización de los gemelos. “Venía a dar sermones en el mes de ramadán, era bueno, recogía mucha pasta”, dice Chakir. “El último verano que yo recuerdo, creo que recogió unos 2.700 euros”, confirma su hermano. “Vino a nuestra casa, era una persona amable y joven y nos ofreció llevar a mis hijos a Tánger a una madraza del Corán con todo pagado, estancia y comida incluidos”, dice Rhimou. Los menores, con sed de nuevas experiencias, vieron en Suhail a un joven respetado y con dinero. “Yo quería ser como él”, expresa Chakir con seguridad.

El viaje quedó dispuesto y se desarrolló sin problemas. Al llegar a Tánger, los hermanos se quedaron a dormir en casa de Suhail, hasta que una semana después los puso en la calle de manera repentina. “Fue más bien su madre la que nos echó. Era una casa de tres plantas y nosotros dormíamos arriba. Suhail bajó a hablar con su madre y luego nos dijo que ella no nos quería allí. Cogimos las cosas y nos fuimos a la madraza”, relata uno de los gemelos.

Aprovechar las debilidades

Una vez en la madraza cayeron en manos del verdadero captador, Mohamed Mouadin, que hizo el resto. Este joven salafista de 31 años fue detenido en Marruecos en 2015 y reconoció que ejercía de reclutador para jóvenes que enviaba a Siria vía Turquía.

“Te dicen todo lo que te dan en el califato: dinero -unos 3000 euros-, paraíso… Nos enseñaban el lujo”

Chakib lo relata: “Nosotros teníamos 15 años y no sabíamos ni leer ni escribir en árabe, éramos unos incultos, y éste [Mouadin] se sabía todo el Corán y tenía mucha sabiduría sobre el islam”. Añade Chakir: “Nosotros le hacíamos caso, decía lo que podíamos o no hacer según el Corán. Explicaba que el yihadismo es el último pilar del islam, el más importante y elevado. De una forma u otra estás buscando el paraíso, ya sea sabiendo el Corán entero, o rezando, o muriendo como buen musulmán…”. Los chavales, ya habituados al fútbol, entrenaban físicamente cada viernes, y cuando podían salían a correr kilómetros por Tánger. De la treintena de estudiantes de su clase –entre ellos algunos europeos–, los que vivían lejos se quedaban a dormir en la mezquita. Allí había gente que estaba en contra del yihadismo mientras que otros, por el contrario, lo apoyaban.

No todo era idealismo y fe. “Te dicen todo lo que te dan en el califato: dinero -unos 3000 euros-, paraíso… Nos enseñaban el lujo, y solo pensábamos en cómo el hombre vivía allí. Entonces eso nos apasionaba más. Te decían que vas a vivir de lujo, y la muerte ya no te importaba”, recuerdan.

Mouadin “se quedaba con nosotros. Le contamos que teníamos un hermano que había muerto en Siria. Y ahí él aprovechó esta pérdida para estar más encima de nosotros. Se aprovechó de que nuestro hermano había muerto en Siria para meternos más ideas en la cabeza”, asegura Chakib.

En la madraza les dieron el contacto de personas  en Siria para hablar mediante videollamada

Los gemelos dicen que en la madraza les dieron el contacto de personas que estaban en Siria para que hablasen con ellos mediante videollamada. “Me enseñaron un vídeo donde se veía una fiesta en una mansión con piscina”, explica uno de los gemelos. Les decían, además, que no creyeran lo que veían en televisión. “Aquí la verdad la vas a ver tú mismo, con todo. En tu casa”, fueron las palabras que les repetían desde Siria.

Mouadin empezó a dar un trato preferente a los gemelos, o eso creían. “A nosotros nos trataba de una forma diferente”, aseguran. En una ocasión le preguntaron por qué no viajaba él mismo a Siria para cumplir con la yihad. “Nos dijo que era el único hijo de su madre, el único de su familia”. “Luego vimos que era mentira, que sí que tenía más hermanos”, interviene la hermana de los chicos, Raouia.

Rhimou, por su parte, asegura que en 2015 en el norte de Marruecos, de Tetuán a Castillejos y Tánger, mucha gente hablaba sobre la yihad en Siria. Desde estas poblaciones cientos de jóvenes salieron para luchar contra el régimen de Bachar al Asad. Para hacerlo, principalmente se han unido a las filas de la rama de Al Qaeda en Siria o Ahrar al Sham, el grupo al que se había afiliado el mayor de los Achatoui, años antes.

Los ‘Hermanos Tabaco’

No ocurría solo en Marruecos. En su propia ciudad, en Badalona, los jóvenes han tenido contactos con otros jóvenes que mantenían las mismas ideas de la yihad. Se trata de los Benfatina, apodados como los ‘Hermanos Tabaco’. Ellos hicieron realidad el viaje. Hamza murió el 2016 en Latakia, Siria, bajo un bombardeo de la aviación rusa. Su hermano Zakaria se había unido previamente a él en el mismo grupo, Harakat Sham al-Islam. “Con Zakaria jugábamos a fútbol y todo. Era un porreta, un ladrón, tenía problemas en las fiestas y con el alcohol”. Y un día, Hamza se fue a Siria. “Zakaria decía: Mi hermano está loco, yo no voy a seguir su camino. Pasaron ocho meses y directamente él también se fue para Siria a través de Turquía. Luego colgó una foto en Facebook con su hermano”, relata Chakir.

¿Por qué viajaron los ‘Hermanos Tabaco’ a la yihad en Siria? “Porque en la calle no tienen nada que hacer; ni ayuda, ni trabajo, ni papeles, nada. Entonces conocen a una persona que les ofrece dinero, y ellos lo que quieren es dinero, porque no tienen nada, están siempre en la calle”, analizan los dos jóvenes.

Ocho meses después de su ingreso en la madraza en Marruecos, los gemelos volvieron a su casa en Badalona. En aquel momento, ya tenían claro que querían viajar a Siria, aunque su madre les tenía requisados los pasaportes, temiendo el posible viaje. Nunca tomaron el avión, pero la pesadilla los alcanzó igualmente.

A las 6 de la madrugada del 31 de marzo de 2015, la puerta de la vivienda en Badalona se viene abajo. La Guardia Civil abarrota el piso. Chakib “Pensaba que había fuego en casa. Yo estaba durmiendo y tiraron la puerta”, dice Chakib. “A mí me pegaron una patada en la espalda”, narra su hermano. Los gemelos, la madre y el padre quedan detenidos. Raouia, la hermana de los gemelos que acababa de cumplir 18 años, se encuentra en un abrir y cerrar de ojos sola en casa.

Los gemelos, de todas formas, ya temían una posible detención. “Desde 2014 iban siguiéndonos. Teníamos los móviles pinchados, todo pinchado, desde que murió mi hermano aquel año. Anteriormente en Algeciras nos retuvieron media hora”, recuerdan.

“Si no fuera porque mi madre nos quitó los pasaportes, ya estábamos en Siria, estaba todo preparado”

Pero no fue la detención lo que los salvó. “La gente dice que si no fuera por la policía estaríamos ya en Siria. Mentira. Si no fuera porque mi madre nos quitó los pasaportes, no nos encuentran. Porque ya estaba todo decidido; un chico que estaba en Siria y su hermano, que tenía una tienda en Marruecos, nos iban a prestar todo el dinero que necesitábamos. Solo nos hacía falta el pasaporte y ya está, en menos de 24 horas ya estábamos fuera”, explica Chakir. Un compañero de Mohamed Mouadin había preparado la ruta. “Nos dijo que de aquí íbamos a ir a Turquía. El que estaba en Siria nos dio tres teléfonos de tres yihadistas que estaban en la frontera y que eran los encargados de meter a la gente. Nos íbamos a ir a Estambul para quedarnos en un hotel durante tres días. Después nos recogerían para ir hasta Antakya y desde allí nos vendrían a buscar [para entrar a Siria]”.

Raouia, atenta, complementa la defensa de los chicos: “Estos dos no podían ir a Siria porque mi madre tenía el pasaporte y el NIE (tarjeta de residencia legal en España) de los dos bajo llave y guardado. Cuando vino la policía tardó muchísimo en encontrar los NIE y pasaportes. Mi madre tenía la llave de la caja y todo”.

A los hermanos los hicieron pasar un interrogatorio para identificar posibles contactos. “Nos enseñaron media población de Badalona con las fotos. La mayoría eran marroquíes, el 95%. Me enseñó una foto de mi hermano y me preguntó quién era. Le respondí que era mi hermano. Había muchas fotos, creo que más de 150”, recuerda Chakir. Mientras duraba el juicio, pasaron ocho meses internados en el centro reformatorio para menores Teresa de Calcuta.

La investigación, iniciada por la Audiencia Nacional, consideraba probado que en 2014, los menores, que tenían solo 15 años, pasaron ocho meses en una madraza en Marruecos, donde fueron adoctrinados. También quedaba patente que tenían intención de unirse a la célula que los había captado. Reconocieron los hechos. En diciembre de 2016 la Audiencia Nacional los condenó por un delito de integración en organización terrorista a 18 meses en régimen cerrado, período que ya habían cumplido como medida cautelar, y los puso en libertad vigilada para dos años.

La madre está acusada de haber intentado ayudar a sus hijos a desplazarse a Siria

La madre, Rhimou Ben Youssef, también fue detenida y acusada de colaboración con organización terrorista. Según la investigación tenía contacto telefónico con el captador de los gemelos. Además había viajado a Marruecos en alguna ocasión para encontrarse con sus hijos. Está acusada de haber intentado ayudar a sus hijos a desplazarse a Siria. La defensa, en cambio, sostiene que la madre en realidad fue a Marruecos para traer a sus hijos a Badalona y así tratar de apartarles de la red de captación.

Ahora, Rhimou se encuentra en libertad provisional, a la espera de juicio. En su mirada apagada se percibe el dolor y los nueve meses que ha pasado encerrada en aislamiento. Lleva un hiyab con motivos en blanco y negro, como es frecuente entre las mujeres mayores del colectivo musulmán en España, y es difícil averiguar si es cierto, como cree la Audiencia, que comparte el ideario fundamentalista de los imames que captaron a sus hijos.

El padre, Mustapha, también fue detenido pero poco después puesto en libertad sin cargos. La joven Raouia, que en la entrevista lleva un hiyab como su madre, pero de alegres colores, no tuvo que pasar por los calabozos.

Al llegar al centro de menores Teresa de Calcuta de Madrid, los gemelos se sorprendieron al conocer los delitos de sus compañeros. “Estábamos con un grupo de chavales donde había de todo: asesinos, homicidas, violadores… Había más gente acusada por terrorismo: dos chicas y un paraguayo convertido al islam”, narra Chakir. El padre y Raouia los visitaban 40 minutos cada fin de semana, siempre por separado, porque los hermanos no podían estar juntos durante su estancia en el centro.

Lejos del pasado

“Con mi madre solo he hablado una vez durante esos ocho meses, tres segundos”, dice Chakir. En aquel tiempo, Rhimou también estaba en prisión. Mientras tanto, todo iba mal: la familia perdió su hogar porque el propietario del piso no quiso renovarles el alquiler, y Mustapha fue despedido de su trabajo cuando su caso salió en los telediarios. Finalmente cambiaron de ciudad, pasando de Badalona a Granollers, donde residen actualmente. Lejos de su pasado. “Aquí nos conoce mucha gente, pero no saben quiénes somos, no conocen la historia”, dicen los hermanos.

Uno de los gemelos estudia para ser electricista, el otro hace prácticas en climatización

Del centro de menores, los gemelos no guardan casi ningún recuerdo positivo. Aseguran que los responsables del centro cuestionaban el hecho que rezaran en su habitación y les obligaban a comer cerdo durante el mes de ramadán. O mejor dicho, no les daban otra cosa. “O comías cerdo o te morías de hambre. Le dije a la enfermera que yo no podía comer eso, y me dijo que me iba a morir de hambre. Es así”, asegura Chakir. Mustapha interviene: “Yo nunca he pedido nada a nadie. Solamente fui a la mezquita de la M30 (en Madrid) para contactar con Mohamad Hachis, que estudió conmigo en Marruecos, y pedirle que hablara con los del centro Teresa de Calcuta para que no dieran de comer cerdo a mis hijos”.

Ahora, con 18 años y después de conseguir la libertad vigilada, los gemelos intentan dejar este capítulo atrás para rehacer su vida con planes de futuro. Uno de los gemelos está estudiando un grado medio en electricidad, mientras que el otro ha hecho un curso de electricidad y ahora se encuentra en período de prácticas en climatización. Pero viven con la incertidumbre de no saber si les van a renovar los papeles de residencia en España. “Estoy en libertad vigilada, pero en diciembre se me termina. Me han dicho que a lo mejor pueden conseguirme los papeles, a lo mejor no. Llevo un año y medio así y me van diciendo que me espere”, explica Chakib.

El panorama se oscureció más cuando la cadena catalana TV3 sacó a los Achatoui en un reportaje de investigación sobre el yihadismo sin su consentimiento. Aunque TV3 les contactó para entrevistarlos, ellos declinaron la propuesta porque no querían aparecer públicamente. “Nunca hemos aceptado la entrevista con TV3”, dice indignado Raouia. “Éramos menores y sacaron nuestras fotos del Facebook”, se queja Chakir.

“Cuando llegan a Siria y ven que no es la misma película que les habían vendido, ya no pueden volver”

¿Cuáles son las razones para viajar a la yihad? Los hermanos lo analizan desde la experiencia vivida en carne propia: “La gente que va allí están perdidos, no tienen trabajo ni casa, viven en la calle. Son pobres de la calle. Allí les prometen dinero, pero cuando llegan allí y ven que no es la misma película que les habían vendido, ya no pueden volver”, dice Chakir. Su hermano tiene una teoría: “Mira, yo conozco a gente que quiere irse a Francia a buscarse la vida. Fuman porros, no tienen papeles, y dicen: ‘Es que estoy cansado de mi vida, no tengo trabajo, ni nada, ni puedo estudiar. Yo me voy para Francia’. Pues es lo mismo: una persona en vez de ir para Francia, quiere ir a Siria porque le han montado la película. Es lo mismo que lo de Siria, solo que uno va a Francia y otro a Siria”.

Los hermanos quieren lanzar un mensaje para evitar que otros caigan en la misma trampa: “No es todo como te lo montan. No confíes en nadie que te empiece a comer la cabeza. Mira con tus ojos, no dejes que los demás miren a través de tus ojos. Tienes que ver tú, pensar bien que todo es una mentira y que no hay nada de lo que te están montando”, explica Chakib.

Como conclusión, esperan que ya nadie los considere una amenaza. “Yo creo que así es la vida, cosas que pasan. Aquí estamos reconstruyendo la vida e intentamos construir un futuro bueno”, concluyen los dos gemelos al unísono.

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