Provenzano murió como un príncipe

Publicado por

Saverio Lodato

Publicado el 16 Ene 2019

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Palermo | Octubre 2018

Hablemos ahora de Provenzano. Del mafioso Capo Cúpula: eso fue durante años y años tras la captura de Riina, responsable de atentados y delitos, y condenado a casi una decena de cadenas perpetuas. Seguimos hablando de él, porque hoy alguno quiere todavía hacerlo pasar por víctima y por santo, por chivo expiatorio y por viejecito enfermo, al que el Estado le negó los cuidados necesarios hasta el punto de dejarlo morir.

Cuántas mentiras, dichas y escritas.

Cuánta falsedad.

Cuánta mala fe, en ese agitar la bandera del viejito hecho pedazos por sus carceleros. Y todo cuantificado en un resarcimiento de ciento cincuenta mil euros, que la misma comisión “europea” ha devuelto al remitente. Como decía Bertolt Brecht: “Por mucho vuelta que le vais a dar / primero viene la pitanza, luego la moral”.

Habría sido, en resumen, hermoso para alguno que se hubiera establecido el principio por el cual el Estado italiano debe cubrir de oro a los mafiosos que mantiene en la cárcel por atentados y por delitos. Tal vez en Italia llegaremos también a eso, pero por el momento la gente de bien puede suspirar de alivio por haber sorteado el peligro.

Formamos jaleo. Agitamos la bandera roja del vejete maltratado por los carceleros. Algo quedará

El hecho es que en sus dos últimos años de vida, a Provenzano le pusieron, a su plena disposición, una habitación sencilla con baño, ocho médicos, 14 enfermeras, nueve asistentes sociosanitarios, una asistencia sanitaria de 24 horas al día. Lo cuenta Claudio Rognoni, médico jefe de la unidad de medicina penitenciaria del Hospital San Paolo de Milán, que se ocupó del ilustre mafioso asesino, en una entrevista realizada poco después del pronunciamiento “europeo” que había estigmatizado el recuso al artículo 41bis para un paciente que no se tenía en pie. Viene reproducida [en italiano] aquí.

La entrevista fue ignorada, ocultada por el silencio, porque cuando se trata de armar jaleo no se puede andar con melindres.

¿Hay un médico jefe que en primera persona cuenta que Provenzano estaba asistido en la cama cada media hora, hasta el punto de que murió sin una sola llaga?

¿Hay un médico jefe que recuerda sus conversaciones con la mujer y los hijos de Provenzano, que estaban al tanto de todas estas atenciones?

¿Hay un médico jefe que declara que Provenzano hasta el último día de vida fue “tratado como un príncipe”, y que si se le hubiera enviado de vuelta a su casa no habría sobrevivido “más de dos semanas”?

¿Pero qué importa el médico jefe?

Formamos jaleo. Agitamos la bandera roja del vejete maltratado por los carceleros. Algo quedará. Lo llaman el derecho a la defensa. Y estarse callados, eso ni siquiera lo piensan. Incluso: nerviosos como están, desvarían.

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© Saverio Lodato | Publicado en Antimafiaduemila | 31 Oct 2018 | Traducción del italiano: Alejandro Luque

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