Rammacca, el antimafioso

Publicado por

Saverio Lodato

Publicado el 24 Abr 2019

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Palermo | Abril 2019

 

Un incómodo fantasma, que viene desde lejos, vaga por las redacciones. Es el fantasma de Rammacca.

Os preguntareis: ¿Quién es ese tal Rammacca?

Pues tenéis que saber que en una de muchas de sus deliciosas crónicas acerca de la Sicilia que fue, Leonardo Sciascia nos dejó un cuadro muy divertido de ese Rammacca que hoy os vamos a presentar, cuadro que siempre es bueno tener al alcance de mano, para explicar actitudes humanas de otras maneras incomprensibles.

Vamos al grano: en un pueblo de la Sicilia interior –no preguntéis de qué pueblo se trata, ni en qué años tuvieron lugar los hechos, ni qué libro los cuenta, porque nos hemos olvidado de los detalles– dejó huella la historia que un tipo, con astucia muy desarrollada, inventó para hacerse publicidad, ya que él carecía de atributos que le garantizaran fama, notoriedad y publicidad. Habéis entendido bien: estamos hablando de Rammacca.

Decidió presentarse a cualquiera que se cruzara con él, tendiéndole la mano: Rammacca, mucho gusto

Con su inteligencia afilada, ya lo hemos dicho, Rammacca, cansado de un anonimato que lo confundía –y a saber para cuánto tiempo más lo iba a confundir– con el resto de sus paisanos sin arte ni parte como él, un día decidió presentarse a cualquiera que se cruzara con él en la plaza, en el bar o en la calle principal de la ciudad, tendiéndole la mano y pronunciando, con una sonrisa radiante, las sibilinas palabras: “Rammacca, mucho gusto”.

Obviamente, superado el primer impacto de estupor, el interlocutor, por mera cortesía, le contestaba con la misma fórmula. Y, como un efecto dominó, la técnica funcionó de maravilla.

De hecho, hicieron falta pocas semanas y todos conocían el nombre de Rammacca, todos hablaban de él divertidos pero siempre con una pizca de prudencia y precaución porque nadie, al fin y al cabo, sabía quién era de verdad ese Rammacca. Y en algunos casos nunca llega a saberse.

Pero todo el mundo ya podía decir que lo conocía, y lo mismo valía para él.

¿Qué más sabemos hoy? Sabemos que después de décadas de anonimato, nuestro Rammacca, que ya es periodista, ha puesto su notoriedad al servicio de una causa muy noble, la de la guerra contra la mafia. Ha perfeccionado sus conocimientos, ha extendido enormemente sus redes de amistades importantes. Y siempre cita en sus artículos, aparentemente en passant, al fiscal jefe de Roma, Giuseppe Pignatone, al fiscal jefe de Palermo, Francesco Lo Voi, al profesor Giovanni Fiandaca, a los carabineros Mario Mori y Antonio Subranni, para nombrar solo a algunos, en perenne juego de exaltación de los nombres y de las insignias; juego que, entre paréntesis, como consecuencia, llama la atención para fortificar aún más el ‘apellido Rammacca’.

Sabe que los pobres que han entrado en el insoportable juego de la perenne exaltación no pueden ni desmentir ni confirmar conocerlo. Posiblemente –y esperemos que así sea– estén muy avergonzados. Al final, los podemos entender muy bien: en realidad, ¿cómo se puede decir que no se conoce al discreto Rammacca que viene desde muy lejos? No se puede, ya que en este mundillo nuestro lo conocen y lo conocemos todos, muy bien además.

Ahora él, con los años, sigue siendo audaz gracias a la caridad de patria y a la cortesía de los demás, nos cuenta que la mafia por fin ha desaparecido; que mafioso y mendigo son sinónimos; y que si la Mafia sigue dando señales es solo por culpa de la típica antimafia (de los duros y puros) que alarga su rigor mortis. Y que nadie le hable de Negociación Estado-Mafia ni de la sentencia en el proceso de Palermo, que ahí se pone pálido y rechina los dientes.

Dan ganas de decir: “¡Siga, siga… Rammacca!

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© Saverio Lodato | Publicado en Antimafiaduemila | 6 Abr 2019 | Traducción del italiano: Carolina Pisanti

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