Escalofrío en Albania

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 3 Jun 2019

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The invocation of Enver Simaku
Dirección: Marco Lledó Escartín

Género: Largometraje
Guion: Marco Lledó Escartín
Intérpretes: Antonio de la Cruz, Laertis Vasiliou, Viktor Zhusti, Julien Blaschke, Piro Milkani, Ferran Gadea, Lulzim Guhelli, Margarita Xhepa, Ema Andrea
Produccción: Marco Lledó Escartín
Duración: 106 minutos
Estreno: 2018
País: España
Idioma: Inglés/ albanés

Albania. Uno llega allí, por lo general, con una información difusa, llena de lugares comunes que a menudo hablan de violencia, fanatismo, subdesarrollo. Y algo nebuloso, enigmático, como siempre que se mira hacia Oriente desde Occidente, aunque en este caso se trate de un Oriente tan próximo. Basta poner los pies en la capital, Tirana, o en Gjirokaster, patria chica del gran Ismail Kadaré, o en cualquiera de las ciudades turísticas del sur, para darse cuenta de que se trata de un país de lo más normal, con las cualidades y defectos de sus vecinos europeos reproducidas con mayor o menor amplificación, según los casos. Y sin embargo, no podemos evitar atribuirle cierto misterio inefable, tal vez porque nuestra imaginación necesita estímulos que la hagan volar un poco.

En esa necesidad de ver lo misterioso allí donde posamos los ojos, ha encontrado el joven director valenciano Marco Lledó Escartín el mejor aliado para llevar su debut como director a buen puerto. Ya es de por sí noticia que un cineasta español se anime a rodar en Albania, país que no puede presumir de tener precisamente una cinematografía poderosa. Lledó Escartín lo ha hecho, no sabemos cómo, tampoco de dónde le viene la filiación albanesa: algún día se lo preguntaremos, no tiene tanta importancia. Lo que importa es que le ha salido muy bien. El producto se titula The invocation of Enver Simaku, y ya ha comenzado a moverse.

En principio, se trata de una peli de miedo. De fenómenos inexplicables y crímenes sin resolver. Veamos: el filme cuenta la peripecia de Julien, periodista, que regresa al país en el que su chica perdió la vida veinte años atrás. Las circunstancias de aquella muerte fueron bastante turbias, se habló de un brote de violencia colectiva, pero Julien quiere averiguar qué ocurrió realmente. Para ello está dispuesto incluso a aceptar la posibilidad de sucesos paranormales, especialmente los que giran en torno a la antigua leyenda local del kukuth, ese demonio capaz de poseer a cualquiera.

Así, The invocation of Enver Simaku se desarrolla a través de las entrevistas que el periodista va realizando por todo el país a personajes diversos, a cual más inquietante, que tuvieron algo que ver con la noche de autos, o que podrían arrojar luz sobre aquellos hechos. En este recorrido, no es poco el peso que se echa a los hombros Julien Blaschke en el papel principal, a la cabeza de un reparto internacional muy bien equilibrado. Todos los personajes responden a estereotipos más o menos familiares, pero están defendidos con mucha convicción, y el hecho de que los diálogos discurran en inglés y albanés también confiere un sutil realismo a la trama.

No obstante, lo que eleva la calidad media de la película es sin duda la elección de los escenarios naturales. Sin abusar de trucos técnicos, sin esos drones que ya están empezando a hacérsenos pesados cuando apenas llevamos unos años viéndolos en pantalla; a veces simplemente siguiendo a un personaje que camina por un espacio que tampoco tiene nada de espectacular, pero que nos mete en una atmósfera envolvente y sugestiva. Y todo, por lo que decíamos al principio: porque el espectador llega a la sala dispuesto a poner de su parte todas las fantasías que vienen adheridas al topónimo Albania.

Tal vez por eso, también, lo que menos me convence de la cinta son esos momentos en los que el director parece querer tocar muchos palos a la vez: The invocation… es al mismo tiempo  un filme de terror, un thriller, una road-movie… Pero, a diferencia de otros trabajos que parecen ganar con las etiquetas, yo hubiera preferido que el director las rehuyera en este caso, que se apoyara más en el espectador para completar las escenas, y confiara menos en lo grotesco, en las visiones y en otros recursos reservados quizá para gente con menos talento.

En todo caso, este trabajo va a quedar como un pequeño hito en la historia del celuloide español y albanés, y también como el estreno de un director más que prometedor, del que solo podemos esperar grandes cosas.

Porque, toca ya decirlo, cuando Lledó Escartín apela a nuestra participación, cuando nos pone a caminar junto a esos personajes o nos sumerge en esos paisajes, logra eso tan difícil que es que no podamos apartar la mirada de la pantalla, y que queramos más, y más, sin ganas de que termine la película. No es poco pedir para un debutante.

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