No disparen a la ambulancia

Publicado por

Saverio Lodato

Publicado el 28 Feb 2020

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opinion
Palermo |  Enero 2020

Matteo Salvini debería mantenerse alejado de los hospitales y los enfermos, sobre todo en estos momentos, tal y como lo prescribe la Convención de Ginebra para los ejércitos en guerra: deben respetar a la población civil y la ayuda que se le preste, sin nunca obstaculizar el rescate de los heridos. Disparar contra las ambulancias de la Cruz Roja está prohibido. Ni siquiera se puede hacer para arañar unos cuantos votos.

En pocas palabras, incluso en política hay que respetar las normas del derecho consuetudinario y caballeresco, no tipificadas en los códigos legales pero universalmente reconocidas por los pueblos civilizados. Excepto por los salvajes y primitivos que, como es de esperar, están exentos.

Como observara Telford Taylord, el famoso fiscal estadounidense de los juicios de Nuremberg, afortunadamente la época del general Custer y los relatos de Kipling ha pasado irremisiblemente a la historia.

Si la comparación no parece muy sólida es porque, bien mirada, no lo es. En efecto.

Se nota lo complicado que le resulta alimentar a ese personaje suyo mitad payaso, mitad tragafuegos

Matteo Salvini, que utiliza los casos de coronavirus diagnosticados en Italia para denunciar la supuesta ineficiencia del gobierno en la gestión de la trágica emergencia, corre el riesgo de convertirse en un insoportable granuja a ojos de millones de italianos. Todo tiene sus límites. Límites que se sobrepasaron con creces, la verdad, en el caso de los barcos paralizados con su cargamento de inmigrantes a la deriva.

Se nota que a Salvini le ha picado la derrota electoral en Emilia. Se nota lo complicado que le resulta alimentar constantemente a ese personaje suyo mitad payaso, mitad tragafuegos de circo ecuestre.

Mientras el suelo le tiembla bajo los pies, él sigue convencido de que la única forma de mantener el equilibrio es poner el listón más alto una y otra vez.

Alguien que se deja grabar llamando al telefonillo de su presunto camello en plena noche para beneficio de las cámaras está ya bastante tocado. Presenta síntomas de enfermedad grave.

Es precisamente para este tipo de casos que en la guerra existe la Convención de Ginebra, de la que hablábamos al principio. Por supuesto, no estamos en guerra. Pero…

Ustedes se preguntarán: ¿Y ahora, qué debería hacer Salvini?

Debería estarse calladito una buena temporada hasta digerir la fuga de votos emiliana. Y hacer sentir su ausencia en las redes sociales y medios de comunicación. Y también abandonar ese protagonismo tuitero que tanta notoriedad le ha dado durante meses y meses.

A la larga, un político retratado con la boca abierta devorándolo todo, vestido con una chaqueta de la policía, subido en un buldócer, empuñando una ametralladora o bromeando sobre la castración química, y todo por un puñado de votos, es un espectáculo que, sin ser bueno, puede resultar todavía soportable.

Pero un político que pesca en el río revuelto de la catástrofe nacional y el sufrimiento de los ciudadanos, no. Eso ya no hay quien lo aguante.

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© Saverio Lodato | Publicado en Antimafiaduemila | 31 Enero 2020 | Traducción del italiano: Jacinto Pariente

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