Un arca de Noé, no un búnker

Publicado por

Saverio Lodato

Publicado el 9 Abr 2020

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opinion
Palermo |  Marzo  2020

El riesgo de contagio exige higiene y aislamiento.

El riesgo de contagio hace que tu prójimo esté al menos a un metro de distancia. Amarás a tu prójimo como a ti mismo, pero a cierta distancia.

Por consiguiente, el contagio genera la ausencia de afectividad y un desierto de sentimientos. Los apretones de manos y los besos, las palmaditas en las espaldas y las lánguidas caricias, es decir, el cálido flujo que nos da la vida, parece que no son buenos para nuestra salud en este momento.

Los científicos lo afirman y resulta que todos están de acuerdo; a nosotros, los meros mortales, que no somos cerebritos, lo único que nos queda es adecuarnos y acostumbrarnos, adaptarnos y obedecer.

Si la recta vía nos lleva a alguna parte ya lo veremos, puesto que tener fe en las apuestas exitosas es el ingrediente principal de la ludopatía que, como es bien sabido, es una enfermedad muy seria.

El propio Descartes, que acerca del método sabía muchísimo, le aconsejaba cuidado al viajero que, encontrándose extraviado en algún bosque en plena noche, empieza a correr de un lado para otro en un repentino ataque de pánico, dejando un camino por otro y así sucesivamente, una y otra vez, hasta que agota sus fuerzas y se extravía definitivamente.

No sabemos adónde nos llevará el autoaislamiento, la cuarentena forzosa o voluntaria

Descartes enseña al viajero a utilizar la razón, tratando de recordar el camino tomado a la ida, y luego, cuando esté convencido por completo, tomar el camino contrario con todas sus fuerzas sin arrepentirse, sin rendirse. Tal vez, concluye de manera afable Descartes, el viajero tenga una oportunidad de sobrevivir, pero en el primer caso será vencido de antemano con certeza.

Eso es. No sabemos adónde nos llevará el autoaislamiento. La cuarentena, ya sea forzosa o voluntaria. Ya estamos expiando algo, ya estamos pagando por algo, esto es cierto.

Podría decirse que, de un momento a otro y mediante decreto, toda una nación de 60 millones de mujeres y hombres ha sido puesta bajo arresto domiciliario o, si lo preferimos, bajo arresto hospitalario. El momento del recreo reemplazado por el del canto desde el balcón. Si cada uno de nosotros hiciéramos un simple examen de conciencia, sin duda encontraríamos algo que reprocharnos. Sin embargo, alguien se niega, muestra incomodidad, plantea dudas, afirma conocer de antemano un resultado que sólo puede permanecer desconocido por el momento. Y opone la salud a la economía. Formula escenarios futuros catastróficos, distrayéndose de esta manera de aquellos en los que ya estamos metidos con las manos y los pies. Hasta la garganta, se podría decir.

Es humano y legítimo. No se puede exigir que todos reaccionen al miedo a la muerte siguiendo el mismo protocolo.

En cambio, es menos humano y legítimo cultivar la idea del búnker donde el autoproclamado enfermo rico se exhibe ante una cámara para revelarnos el mapa catastral de su casa, el tiempo de cocción del arroz basmati y cómo de fresca e incontaminada puede ser su terraza —pequeña, se entiende— en la época del coronavirus.

El búnker es un lujo que exhibe el morboso lema Mors tua, vita mea

Nos gustaría, para una información más completa, ver la cuarentena en un monoambiente, las habitaciones con literas, la peligrosa cercanía entre cuartos de baños y los fogones, el viejecito obligado a aguantar solo. La cuarentena de los pobres y de los indigentes, para que quede claro.

El búnker es un lujo, huele a pasta de dientes y colonia, es el auténtico segundo hogar en tiempos de contagio y detrás de su filosofía exhibe el morboso lema: Mors tua, vita mea.

Los búnkeres de la Historia los conocimos. Y no es que hayan sido útiles para salvar el círculo de sus habitantes.

El Arca de Noé, frente al búnker, nos parece una idea más atractiva. Flotante en mar abierto. Hay más espacio, más aire y más manojos de llaves, y al fin y al cabo está Noé, tal vez pueda llevarnos a algún lugar…

Por otro lado, no es que queden muchas otras alternativas.

Estemos juntos, digo, para bien o para mal.

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© Saverio Lodato | Publicado en Antimafiaduemila | 16 Marzo 2020 | Traducción del italiano: Valeria Guerriero

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