«Tras el terror rojo vino el terror verde: ahora nos ha tocado»

Jihan el Tahri

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 21 Abr 2020

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jihan eltahri
Jihan El Tahri (Menorca, Abril 2019) | © David Arquimbau


Menorca  |  Abril 2019 

Las gafas de montura roja le confieren cierto aire juvenil, pero más aún esa energía que despliega durante la conversación. Jihan El Tahri (Beirut, 1963), egipcia con pasaporte francés, vida cosmopolita y carrera amplia como periodista para los mayores medios internacionales, cineasta documentalista, de Argelia a Sudán, de Iraq a Sudáfrica, exiliada durante años del Egipto de Mubarak, se muestra a la vez como aguda analista y como ferviente acusadora. El buen humor y el tono de firmeza se alternan en su discurso, como las caladas a su cigarrillo entre respuesta y respuesta, como la descripción precisa de la evolución del islamismo moderno y el apasionado alegato contra “clichés de Occidente” y a favor de una supuesta cultura ancestral que minutos antes ha desmenuzado como producto de una ideología creada a partir de 1979. Es capaz de abogar por superar la fatal postura del “Ellos y nosotros” instaurada tras el ataque a las Torres Gemelas y acto seguido dirigirse al periodista con un hiriente “vosotros” cuya diana parece más bien la derecha republicana estadounidense.

Pero en el cómputo final ganan las sonrisas. Quizá porque bajo el sol de San Lluís, Menorca, en la terraza del edificio donde se celebran las Trobades Albert Camus, todo se ve de un modo un poco más alegre.

Usted es egipcia, nacida en Líbano, ciudadanía egipcia y francesa…. ¿Tiene algo así como una identidad nacional?

También tengo residencia permanente en Sudáfrica. Estoy coleccionando pasaportes y tengo una crisis de identidad [risas]. No sé lo que es una identidad nacional. Para mí es muy importante ser egipcia. Me agarro a lo egipcio como lo único que soy realmente. Solo que esa egipcianidad aún está por formularse. Los egipcios, desde la independencia, deseaban convertirse en una cosa única, que era una identidad árabe. Pero nuestro país es muy diverso y echo de menos una identidad múltiple.

Viene de una familia con una educación de alto nivel pero tradicional respecto a los clichés sexuales, ¿cierto?

«Cubría guerras y me caían bombas pero cuando volvía a Egipto, tenía que estar en casa a las diez y media»

Tradicional no es la palabra. Hablamos del Egipto de los años setenta. Mi padre era embajador: formas parte de cierta clase y cierta forma de vivir. Y una buena chica no vive sola. No viaja sola. Se trata de proteger a tu harén. Teníamos una excelente educación, pero hasta los 26 años, yo tenía toque de queda. Era una periodista internacional, cubría guerras, me caían bombas cuando estaba en el extranjero, pero en cuanto volvía a Egipto, tenía que estar en casa a las diez y media. Una vez hubo un atentado fallido, en una calle justo detrás de nuestra casa, yo trabajaba para Reuters en esa época, tenía que cubrirlo, y mi padre no me dejaba salir de casa.

Espero que no perdiera el trabajo…

Al final pude salir porque mi padre permitió que el portero me acompañara en el coche, para que se me viera protegida. Eso es parte de un elitismo, un elitismo bourgeois, contra el que obviamente me acabé rebelando.

La gente joven en Egipto hoy, ¿lo tiene más fácil?

Tienen la Revolución [de 2011]. Las mujeres salieron y tomaron la calle. Nadie le puede decir a una mujer hoy en Egipto que no valga lo mismo que un hombre, porque demostraron que sí lo valen. Ya en 1919, las mujeres salieron a la calle contra el régimen colonial. El movimiento feminista egipcio tenía conexiones: Huda Sharawi hablaba en Francia en los años treinta, cuando allí no podían aún ni votar. Las egipcias tenían el derecho a voto antes que las francesas. Ahora, la generación joven tiene más autonomía, pero más miedo. El miedo es el mayor enemigo.

¿En qué se refleja?

La joven generación de egipcias va en su mayor parte velada. No porque quieran ser buenas musulmanas. Ni porque su familia las obligue. Sino porque viven en zonas donde, si sales sin velo… [silencio] …se habla de ti. Es una imagen: eres una mujer indecente. Conozco a muchas mujeres artistas que salen de casa con el velo, llegan al centro de la ciudad, se lo quitan, y cuando vuelven se lo ponen en el taxi antes de llegar al barrio. Es una obligación social.

¿Por qué el hiyab se considera un símbolo identitario?

Porque se ha convertido en eso. En mi filme sobre Nasser hay una escena en la que solo puse una foto de grupo en la misma Universidad, en las mismas escaleras, en los sesenta, los setenta, los noventa y en el año dos mil. Y el cambio de absolutamente ningún velo a dos velos, a la mitad con velo, a todos veladas y a niqab es una transformación política, no religiosa.

¿Cuándo se convirtió en popular? ¿En los ochenta?

Ya en los ochenta, y con todos los trabajadores emigrados a Arabia Saudí. Pero hay una gran diferencia respecto al velo tradicional que llevábamos siempre. Cuando ves a una mujer campesina con el velo tradicional, ya no la llamamos velada. Lleva un velo, pero no se considera tal. El velo es el nuevo formato que nos llegó desde el Golfo. Y eso era un gesto político, no religioso.

En las primeras semanas de Tahrir, mujeres y hombres salieron a protestar juntos. Pero luego empezaron las violaciones, el acoso, y las mujeres dejaron de estar

«No supimos ver que nuestros generales tienen más interés en hacer negocios que en proteger la nación»

Eso no es así. Yo estuve allí, no la primera semana, pero sí la segunda. Era cuando la CNN empezó a hablar de acoso en lugar de hablar de política, cuando los padres empezaron a decir: “Fuera de ahí. No querréis que os consideren una de esas”. Es el rol de la prensa extranjera: el cliché. Imagínate que en 2011, los de la plaza Tahrir hubieran sido egipcios típicos, con el vestido negro tradicional y hombres en chilaba: nunca nos habríamos enterado de esta revolución. La única razón por la que se cubrió la revolución en la prensa y se llamase “Primavera árabe”, que es un término estúpido que odio, es porque todos eran burgueses que hablaban inglés o francés, “gente como nosotros”.

Así que el hecho de que las mujeres abandonaran la plaza…

¡Las mujeres nunca se fueron de la plaza!

…o digamos de la primera línea….

¡Nunca se fueron de la primera línea! Ghada Shahbandar estuvo allí hasta que la plaza cerró. Aida Kashef estaba allí, todo el mundo estaba allí, solo que las cámaras ya no las enfocaban.

Dígame: ¿por qué falló la revolución, visto desde ahora, casi una década después?

¡No ha fallado! Bueno… [silencio] Sí, hemos fallado porque creíamos que el Ejército y el Pueblo iban a estar unidos. Fallamos porque no supimos que nuestras Fuerzas Armadas no existen sin las ayudas de Estados Unidos. No supimos ver que nuestros generales tienen más interés en hacer negocios que en proteger la nación. Puede que por decir esta frase otra vez no pueda regresar a Egipto durante una temporada. Pero ¿cómo puede dirigir un Ejército un país? Ha fallado la primera vez, ha fallado la segunda, ha fallado ahora por tercera vez. Pero esta vez con total impunidad. El Ejército ha entrado en Muntaza, la residencia del rey preservada desde los años cincuenta, y están arrasando todo con excavadoras… No, la revolución no ha fallado. La han cerrado.

¿Cree que la represión ahora bajo Sisi es peor que bajo Mubarak?

Durante trece años, yo no pude volver a Egipto bajo Mubarak. Así que hay alguien a quien odio es a Hosni Mubarak. Y sentada aquí te digo: devuélvanme a Mubarak cuando sea. Mubarak, Sisi, Nasser… ¿no hay más hombres? ¿Por qué tienen que ser todos generales? ¿Por qué no nos dan una oportunidad? Por qué tengo que vivir yo en el exilio? ¿Por que tengo que tener miedo a volver a mi país? Yo nunca entro en mi país con un pasaporte egipcio, me da demasiado miedo. ¿Qué pasa si desaparezco? Han desaparecido más gente en Egipto estos días que bajo el régimen de Pinochet. ¿Alguien habla de eso? No.

¿Es el punto más bajo de la Historia de Egipto?

«En 1951 cayeron cinco gobiernos en Egipto porque el pueblo dijo No. Eso hoy nadie se lo imagina»

Cuando regresé por primera vez tras mi exilio, en los días de Tahrir, veía a gente vendiendo dibujos y baratijas: fotos de Sadat, de Nasser, de Umm Kulzum. Una revolución es algo para ir adelante, y lo que vendían era el pasado. A mí me encantan los archivos, fui a un archivo para entender cuál era ese pasado y rebuscando encontré una foto de 1951. Aquel año, cinco gobiernos cayeron porque el pueblo dijo No. Eso es algo que hoy nadie ni se imagina siquiera. La foto mostraba una manifestación en Tahrir con una pancarta que ponía “Pan, libertad y justicia social”. Aquella pancarta bajo el colonialismo era la misma que la de sesenta años más tarde.

¿La independencia no trajo la libertad?

¿Libertad? Sí, había espacios de libertad que antes no se imaginaban, pero solo era libertad para quienes tenían el dinero. Yo soy de una clase privilegiada. Y afortunadamente o desafortunadamente tengo cierta conciencia. Sé que en ese país puedo comprar lo que quiero cuando quiero. Bajo Mubarak no era para tanto, pero hoy día puedes comprar a cualquier juez. Ya no tenemos un sistema legislativo ni un sistema policial. Puedes entrar en una comisaría y pagar por entrar en la casa de cualquiera. Puedes confiscarle la casa a alguien mientras está viviendo dentro, si puedes pagarlo. Para mí, eso no es libertad.

Usted también vivió en Túnez. ¿Por qué tuvo éxito la revolución allí?

«En Argelia han intentado con todas las fuerzas que alguien cogiera un fusil, pero nadie lo hizo»

¿Ve? Por eso no me gusta el término ‘Primavera árabe”, porque mete a todo el mundo en un cajón, como si en todas partes pasara lo mismo. En Egipto, desde 2004, la gente salía a la plaza todos los viernes con una pegatina en la boca que ponía “Kifaya” (Basta). Túnez fue muy diferente. Bajo Mubarak no había tanta impunidad; no le estoy atribuyendo ningún mérito, pero tenía una manera de forjar alianzas que no eran del todo una salvajada. Zine el Abidin Ben Ali, en cambio, no tenían ningún problema en ir a regiones enteras y simplemente matar a la gente, listo. Y luego pasó en Senegal, la misma semana: primera estaba Túnez, luego Senegal, luego Egipto. Sin embargo, aunque salieron a la calle e hicieron lo mismo, no lo contamos. ¿Por qué no? Porque lo queremos llamar “Primavera árabe”. Y luego vino Burkina Faso. ¡La misma semana!

¿Y qué pasará ahora en Argelia?

Cubrí Argelia desde 1987 en adelante, lo que se llama la década negra. Para mí, los argelinos habían pasado por todo eso diez años antes que todos los demás. La revuelta y todo lo que luego se volvió islamista —porque no era algo solo islámico: el Gobierno estaba muy involucrado en todos esos asesinatos y ese terrorismo — pensé que no iba a pasar en Argelia, porque ya había ocurrido diez años antes. Ahora es como la segunda temporada. En Argelia han intentado con todas las fuerzas que alguien cogiera un fusil, pero nadie lo hizo. Dijeron: Esta vez marcharemos en paz, gritaremos hasta que os caigan las orejas, pero no lucharemos unos contra otros. Ya nos hicisteis hacerlo antes, y no volveremos a hacerlo.

¿Funcionará?

¿Tendrán éxito? ¿Tendrán éxito en Sudán? Mi respuesta es que probablemente no. Por Francia y Estados Unidos. No por los árabes ni por nuestros líderes. Porque nuestros líderes no tienen el poder de decir que no. No somos independientes. Creo que por lo que luchamos ahora es nuestra verdadera independencia.

Usted también hizo un filme sobre Yassir Arafat….

¡Dios! ¿Dónde ha encontrado todas mis películas? No las tengo ni yo… [risas]

¿Cree que lo asesinaron?

Sí. Sin duda alguna. Pero quién lo mató y cómo y por qué, eso no lo sé. Creo que la respuesta es evidente, pero estoy en una fase… No abandono fácilmente, pero en el conflicto arabe-israelí te queda claro que hasta que no cambie el orden mundial, nada va a cambiar allí. Mira Gaza. Una prisión al aire libre y a nadie le importa. Lo peor que me ha pasado en los últimos 15 años es que he dejado de creer que al mundo algo le importa. Viendo lo que pasa en Gaza o en Siria, ya no lo creo. Creo que todo el mundo es cómplice.

¿Cree que Palestina es un problema para toda la región árabe?

La ocupación de Palestina es un problema para el mundo entero. No se trata de los árabes. Para los países árabes es un elemento para proclamar la unidad y encontrar pretextos, en eso se ha convertido. Pero el problema palestino es una mancha negra en la conciencia del mundo. La han dejado de mirar. Pero un día los alcanzará y los devorará.

Palestina ¿un pretexto para los Gobiernos árabes para no asumir sus responsabilidades?

«Palestina puede usarse para pretextar impotencia, abrir y cerrar fronteras, traficar con armas…»

Pues claro que sí. Puede usarse para pretextar impotencia, permite a los presidentes abrir y cerrar fronteras, mover poblaciones, traficar con armas, frenar el tráfico de armas… permite hacer cualquier cosa. Todos los países lo utilizan para sus propios fines políticos. Incluso Estados Unidos. El lobby israelí no sería tan poderoso, si no existiera ese problema. ¿Por qué la derecha cristiana apoya tanto a Israel, más que los propios judíos? Todo el mundo tiene un interés.

¿Podemos ser críticos con la sociedad árabe-islámica sin correr el riesgo de que nos llamen islamófobos?

Claro que puedes. Pero, ¿para qué quieres criticar la cultura árabo-islámica cuando quieres criticar el país? ¿Para qué criticar la cultura europea en Alemania, cuando se trata de criticar a los neonazis? ¿Por qué crees que tienes derecho a definir algo como árabe e islámico?

Hablaba de apoyar a quienes luchan por más libertades desde dentro de estas sociedades: también los acusan.

Este es el punto. Tu definición de libertad es solo libertad desde tu perspectiva. Es lo que la gente espera de mí: que yo sea feminista en el sentido de Judith Butler. No soy feminista. Llevar una minifalda y exponerme en público y tener sexo en la playa no me interesa. Si eso es lo que llamas libertad y feminismo, lo siento, no lo quiero. ¿Qué es libertad? ¿Quieres que el concepto de libertad de alguien que vive en un pueblo al sur de Cairo sea el mismo que el tuyo? ¿Por qué lo esperas? ¿No tiene él derecho a su propia cultura, su propio espacio, su propia mentalidad, la manera en la que se crió, en la que se criaron sus antepasados?

Pero sí hay gente que arriesga su vida por la libertad en Egipto o Túnez.

Su concepto de libertad es acabar con la opresión. Si quieres apoyarlos, deja de apoyar a los opresores. Pero no me impongas un concepto de libertad que me es ajeno. No es ajeno a mí, como Jihan: he vivido toda mi vida en Occidente. Soy occidentalizada. ¿Sabe? Yo tengo una ventaja. Nosotros tenemos una ventaja sobre vosotros que vosotros siempre olvidáis. Hablamos vuestros idiomas. Leemos vuestros libros. Sabemos de qué trata vuestra religión, dónde está vuestro país y cómo se llama su capital. Porque nos bombardean con ello. Vosotros no sabéis nada. Nada. Ni os interesa tampoco. Lo único que os interesa es usar vuestro concepto de libertad para dominarnos.

¿Qué me dice del discurso del ‘choque de civilizaciones’, ‘Occidente’ frente a ‘mundo árabe’?

«En 2001, me tomaba mi vino en una fiesta y alguien me preguntaría ¿Tú eres musulmana o cristiana?»

En 2001, con lo de las Torres Gemelas, se hizo muy evidente que era Nosotros contra Ellos. Ya no había un “Y”. Era “O”: estás en este campo o en el otro. Alguien como yo, cosmopolita, iba por la vida pensando que podía ser ciudadana del mundo. Pero llegó un momento en el que ya no se podía. Recuerdo una fiesta en 2001, me tomaba mi vino y alguien me preguntaría ¿Tú eres musulmana o cristiana? ¡Qué mala educación! Se me ocurría una respuesta: “Usted esta circuncidado o no?” Me dírían ¿Cómo se atreve? Pues ¿Y cómo se atreve usted? Es igual de íntimo.

Usted se considera panafricanista. ¿Podría sacar Egipto y el Magreb del mundo árabe para integrarse mejor con el resto de África?

El panafricanismo es una forma de ser. No tiene un objetivo: es un proceso. No soy nasserista, pero Gamal Abdel Nasser instauró muchas cosas en las que sí creo; unía el panarabismo y el panafricanismo. ¿Por qué no se considera a los árabes un pueblo? Eso viene de un momento muy concreto: hubo que separar a los árabes porque eran de importancia estratégica para las aspiraciones de los demás.

Egipto y Jordania comparten el idioma árabe pero ¿qué comparten por ejemplo Egipto y Etiopía?

¿Sabía usted que hasta 1963, Haile Selassie solo pudo hacer sus rezos de la Pascua en El Cairo? Porque el Papa ortodoxo [copto] estaba en El Cairo. La coronación de Haile Selassie se hizo bajo los auspicios de Gamal Abdel Nasser. Se separaron a cambio de que Etiopía acogiera la sede de la Organización de la Unión Africana. Haile Selassie hizo un acuerdo con Nasser: el Papa para ti y la Unión Africana para nosotros. Parte de la debilidad del Mediterráneo Sur viene de que le han lavado el cerebro para decirle que su futuro está al norte, al otro lado del mar. Pero la generación de los fundadores de la independencia se dieron cuenta de que nuestro futuro está en mirar a sur, al resto de nuestro continente.

¿Por qué cree que falló el panarabismo de Nasser?

Por la guerra [palestina] de 1967. Es tan sencillo como eso. ¿Y por qué la guerra de 1967 se convirtió en un derrumbe tan total? Yo tengo a Gamal Abdel Nasser responsable personalmente de esto. La guerra en Yemen [1962-1970] le rompió el espinazo a Egipto; el país estaba de rodillas. No digo que Egipto fuese la única fuente de la unidad africana, pero sí el país con más población, con el mayor ejército, con el mayor volumen de personas con estudios. Muchos países dependían de Egipto. Arabia Saudi se construyó con profesores egipcios. Argelia también. Por eso, la idea de la unión se derrumbó con la derrota en Yemen. Me parece que todavía creemos en ella, pero nos preguntamos: ¿Cómo hemos llegado a este punto?

¿Tiene la respuesta?

Si tuviera la respuesta, lo habría arreglado. [Risas].

Ahora, el islamismo ha sustituido al panarabismo.

«Sin los Hermanos Musulmanes, Nasser no habría llegado al poder en 1952; eran aliados»

Discrepo. Discrepo totalmente. Lo llamamos islamismo para simplificar. Pero hay una enorme diferencia entre el islam, seguir las tradiciones y la cultura del islam… y el islam político. El islam político era un arma que se usaba para dividir y reinar. Era el espantapájaros del mundo árabe, y Nasser lo utilizó. Aunque sin los Hermanos Musulmanes, Nasser no habría llegado al poder: ellos controlaron la periferia de El Cairo para permitir que el ejército tomara el poder en la ciudad en 1952. Eran aliados entonces.

Pero luego cambió todo. ¿Cuándo?

En 1979. Ahí, el eje de la solidaridad de la Izquierda de los años 60 giró hacia la solidaridad islámica. En 1979 pasaron cinco cosas: en enero, Jomeini llegó al poder, después de que cayera el sah. En marzo, Sadat firmó el acuerdo de paz con Israel. En noviembre, Yuhaiman al Otaibi, que era un musulmán radical, toma el control de la Gran Mezquita de La Meca. En diciembre tiene lugar la invasión de Afganistán. El mismo mes muere Houari Boumedienne (presidente de Argelia) y el poder pasa a manos de Chedli Benjedid.

Estas cinco cosas ¿qué significan?

Uno: la idea de un Estado islámico se convierte en realidad por primera vez, con Jomeini. Dos: la ocupación de Palestina es la columna vertebral del arabismo, rodeada de tantas fantasías, uno de los factores de unificación esenciales… y va Sadat y se retira. Esto es un derrumbe. Tres: Yuhaiman al Otaibi lanza uno de los primeros movimientos que dicen ¡salafismo! ¡volved a los días del Profeta, es el camino! Y el Estado saudí tiene que traer a los [militares] franceses para acabar con él. Cuatro: La invasión de Afganistán es una nueva fuerza unificadora que permite a todos los países enviar a sus hombres para que luchen junto a los muyahidínes. Los pagan para ir a combatir. Y finalmente: Boumedienne tenía los principales campos de entrenamiento para todos los movimientos de liberación. Era laico. Cuando llega Chadli Benjedid intenta revertir esta tradición y empieza a apoyar a los islamistas. Estos cinco factores combinados en 1979 forjan la década de los años ochenta, en la que los Gobiernos impulsan el islamismo. Lo crearon ellos. No surge simplemente así, se crea de forma institucional.

Cuarenta años más tarde, ¿panarabismo e islamismo no se han fusionado ya?

Debería fijarse en qué ocurre en Sudán. Probablemente no tenga éxito, porque hay demasiados intereses en impedirlo, pero los sudaneses se han levantado para decir No a un gobierno islamista. Han dicho No a los mercaderes de la religión. Ahora, yo no soy muy buena musulmana, para ser muy sincera. Pero soy musulmana en todo caso. Y pienso que la cultura musulmana une mucho. Desde Senegal a Sudán hay sufismo, una ideología de paz y amor que existe desde el principio de los tiempos. Ellos miran a los mercaderes de la religión y dicen: digan lo que digan, esto no es religión. No oyes hablar de los sufíes porque ningún sufi ha intentado tomar el poder. Porque el islam no va de tomar el poder. Va de llevar tu vida con amor, paz y armonía ¿Cómo demonios acabamos siendo los terroristas del universo? ¡Dios sabrá!

Sin embargo, ese islam político tiene mucha fuerza ahora.

La confusión entre islam y poder es algo que empieza a ocurrir en los años setenta. Y es algo perjudicial. Me coloca en una posición muy difícil: como individuo, como alguien que no está muy orientado hacia la religión, yo no querría tener nada que ver con todo eso. Pero cuanto más se convierte en una condena de lo que soy, más he querido saber del islam. Yo misma podría haber terminado siendo islamista, con un velo en la cabeza.

¿Usted?

«Si yo tuviera hoy 17 años, ¿no iría a combatir en las filas del movimiento islámico? Tal vez sí»

A veces me pregunto: si yo hubiera tenido 17 años a principios de los años sesenta, ¿qué habría hecho yo? Te lo puedo garantizar: habría pillado un fusil y habría estado en primera fila de uno de esos movimientos de liberación. Y me pregunto: si tuviera 17 años ahora ¿dónde estaría? No te puedo dar una respuesta definitiva. Vivimos en un vacío de ideologías. La única que te da esperanza de traer un futuro distinto es la religión. Y no solo la islámica. Hay cristianismo radical, judaísmo radical. La religión es la única ideología que existe hoy día. Todos sabemos que el socialismo se ha acabado. El comunismo se ha acabado. Y el capitalismo se ha acabado. Si tienes 17 años ¿cuál es tu ancla ideológica? Hay que entender por qué van todos estos jóvenes árabes de familias ricas. ¡Algo tiene que haber! No solo es por las armas. Es porque creen en algo. ¿Puedo tener la certidumbre de que yo, si hoy tuviera 17 años, no iría a combatir en las filas del movimiento islámico? Tal vez lo habría hecho.

En 2004, usted dirigió el documental La Casa Saud. Ya sospechábamos que Arabia Saudí había propagado la ideologia salafista. ¿Usted tiene las pruebas?

Claro que hay pruebas. Pero más importante que la difusión de la ideología es cómo Arabia Saudí ha llegado a ser lo que es. Hasta 1973, Arabia Saudí era un arenero. ¿Sabes esa parte en el parque infantil donde hay arena para que jueguen los niños? Pues eso era Arabia Saudí hasta el boicot del petróleo, que hizo subir el precio del petróleo de cinco dólares por barril a los cincuenta en menos de un año. Esa riqueza acumulado, ese inmenso poder de dinero llegó en nada de tiempo.

¿Cómo pasó?

Un día vi que a la semana siguiente del boicot de petróleo, en 1973, Estados Unidos mandó un nuevo batallón a Vietnam. Y me dije: espera, Estados Unidos importa el 98 por ciento de su petróleo de Arabia Saudí, acaban de anunciar un boicot, pero ahí va y manda un batallón a Vietnam. Fui a ver a Mike Ameen, jefe de [la oficina en Washington de] Aramco [la compañía estatal petrolera saudí] y le pregunté. Me responde: “Se me ha olvidado la respuesta”. ¿Cómo? “Sí, hace treinta años tenía preparada la respuesta, pero nadie me preguntó”. Bien, tenía notas y un diario para cada mes del año. Va, coge el de octubre de 1973 y empieza a leer en voz alta. Resumiendo: que nunca hubo un boicot de petróleo.

¿No?

«Arabia Saudí pagaba mil dólares al mes a las familias de quienes iban a combatir en Afganistán»

Los estadounidenses mandaron a Ameen a ver al rey Faisal para decirle: como llegue un barril de petróleo menos, ocuparemos los pozos. Elaboraron un sistema para mandar el petróleo a través de Holanda. Boicot no hubo nunca. Todo el cambio del orden mundial, por el que los países del Golfo se convirtieron en los líderes del mundo árabe, lo que lleva a la propagación del wahabismo… era un invento. ¿Quiénes son los aliados de Estados Unidos en el mundo? Ellos mismos. ¿Cómo se pudo propagar el wahabismo, si nadie lo quería? Lo sabemos todos, pero es conveniente para el poder. Para el dinero. Para las armas.

¿Y por qué se aceptó el wahabismo en el resto de la región?

En los ochenta, en Egipto, Argelia, Túnez, Sudán… —en Marruecos menos— se reclutaba a gente para ir a combatir con los muyahidínes en Afganistán. Arabia Saudí pagaba mil dólares a la familia cada mes. En una época con crecimiento demográfico y pobreza, estos hombres jóvenes no podían encontrar trabajo, ¡claro que iban! En los años ochenta, el dinero que enviaban a casa los trabajadores egipcios en Arabia Saudí superaba en cantidad los ingresos por el Canal de Suez. Le lavaron el cerebro a toda una región. Con dinero. ¿Y de dónde sacaron ese dinero? ¡De un boicot de petróleo falso! [furiosa]

¿Nos puede hablar más del islam en Europa, bajo influencia de esta operación saudí?

No quiero poner todo el foco en Arabia Saudí. El wahabismo surge de una tradición del desierto que está vinculado a las guerras tribales entre Neyd y Heyaz y se convirtió en un fenómeno mundial. No podría haber ocurrido sin ayuda. Es inconcebible que Arabia Saudí mantenga ese poder sin respaldo. Sigue teniendo respaldo hasta hoy.

¿Y a quién le interesa que lo mantenga?

Voy a ser radical: el Norte sabe que nos saqueó. Cada penique de los países del norte se ha ganado con el sudor de nuestros países. Sin los recursos de África, ni una sola fábrica del norte podría continuar. Sin el coltán, ni uno solo de vuestros teléfonos móviles funcionaría. Ningún avión podría despegar. Así que mantener el sur subyugado es una cuestión de supervivencia. Y ¿cuál es la metodología para meter miedo a unos pueblos contra otros? ¿Quiénes son los otros hoy día? O bien son negros o árabes. La influencia saudí o qatarí… eso son detalles. La realidad es esta: si al sur se le trata en condiciones de igualdad, el norte se muere.

Pero hoy por hoy, el discurso del miedo lo protagoniza el islam, no África.

Yo soy hija de los años sesenta. A principios de los ochenta ya tenía mi conciencia formada, era época de Guerra Fría y la gente hablaba del “terror rojo”; ahora el terror rojo lo ha reemplazado el “terror verde”. Está esa necesidad de “Esto o lo otro, ellos o nosotros”, Eso antes no pasaba. No creo que haya un choque de civilizaciones: mire, estoy en España y me quedo en un hotel llamado Bensaida. Pero falta voluntad de tener diversidad, de aceptar al otro. Siempre tenemos que tener miedo al otro. Y tras el terror rojo viene el terror verde: ahora nos ha tocado a nosotros.

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© Alejandro Luque  | Especial para M’Sur

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