Maniobras judiciales

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Hürrem Sönmez

@hurremsonmez

Abogada (Samsun, 1974). Estudió a partir de 1991 Derecho en Estambul, ciudad donde vive desde entonces. Trabaja como abogada desde 1998, sobre todo en el ámbito de la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión.

Publicado el 13 May 2020

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“Ningún Gobierno de la Historia ha conseguido mantenerse en pie mediante el miedo, la intimidación, la presión. En toda época histórica, el honor humano ha acabado rompiendo todas las cadenas tarde o temprano, ha derribado todos los muros; la maldición de los oprimidos ha acabado por hacerse realidad. Los dirigentes que cierran ojos, corazón y oídos ante el pueblo no tendrán larga vida. Lo que un pueblo ansía, lo que un pueblo pide, acabará llegando. Ningún poder puede mantenerse en pie contra el pueblo. El Estado es para el pueblo y solo tiene sentido con la existencia, la voluntad y el apoyo del pueblo. Hay que prestar oídos a los gritos del pueblo, a sus exigencias intensamente humanas. Hay que responder sin vacilar ni un momento al deseo de cambio que llega del pueblo. La democracia y la libertad no son una gracia imperial: son derechos humanos”

Estas frases que acabo de citar no las ha dicho Osman Kavala, que ahora lleva 844 días en prisión preventiva. Tampoco las han dicho las nueve personas a las que se les abrió juicio por las protestas de Gezi, con petición de cadena perpetua, y que fueron absueltas hace pocos días.

Estas frases las pronunció alguien que ha llamado a Osman Kavala “el hombre que atizó Gezi” y que ha descrito las manifestaciones de Gezi como “un infame ataque contra la nación y contra el Estado, similar a los golpes militares, asonadas, atentados terroristas e intervenciones de la cofradía gülenista del diciembre de 2013 y del 15 de julio de 2016”: Recep Tayyip Erdogan.

Esto es una proclamación de que en Turquía no existe ya nada que se pueda llamar Judicatura

Forman parte de un discurso que el entonces primer ministro Recep Tayyip Erdogan pronunció en febrero de 2011 en la plaza Tahrir de la capital egipcia de El Cairo, suscitando un enorme entusiasmo entre las masas congregadas, y hacen alusión a la Primavera Árabe, esa misma Primavera Árabe que los fiscales del caso Gezi describen ahora como un complot preparado por personas y organizaciones como Otpor o el inversor estadounidense George Soros.

Erdogan, que aquel día no tenía en absoluto la misma opinión que el fiscal que redactó el escrito de acusación en el caso Gezi y que aconsejaba hacer caso a las peticiones democráticas del pueblo, hoy considera “un infame ataque” esas peticiones democráticas invocadas por los manifestantes de Gezi.

No es difícil de imaginar qué habría pasado si las frases del primer párrafo —a las que yo personalmente no tenga nada que objetar en absoluto— no las hubiera dicho Erdogan en 2011 sino, por ejemplo, Osman Kavala.

Esa misma prensa de trinchera, que en aquellos días corría a cubrir Egipto y que se sabía de memoria los discursos de libertad y democracia de todas las reuniones de la Primavera Árabe y hasta las calles que desembocan en la plaza Tahrir, seguro que hoy imprimiría portadas escandalizadas: “Se ha descubierto que Osman Kavala hacía apología de la Primavera Árabe”.

El presidente ha considerado que la sentencia en el caso judicial de Gezi ha sido una maniobra. “Ayer se pusieron a absolverlos mediante una maniobra”, dijo. Esto es una proclamación, por la boca más autorizada, de que en Turquía no existe ya nada que se pueda llamar Judicatura. Fíjense que no estoy diciendo ‘Judicatura independiente y justa’; estoy diciendo ‘Judicatura’. Lo que hay son maniobras, contramaniobras, ataques y contraataques. A estas alturas es normal preguntarse qué tendrán que hacer con su vida quienes no tienen más cualificaciones laborales que la carrera de Derecho: a partir de ahora ¿qué? ¿nos convertimos todos en teóricos de la conspiración?

Podemos decir, en plan simbólico, que los abogados se busquen una profesión honrada y vendan limones. ¿Y qué pasará con la gente cuya vida se ha convertido en un campo de maniobras? ¿Las personas que pasarán entre rejas meses y años por escritos de acusación ficticios en plan copiapega, con pruebas inventadas?

La vida de las personas no es un campo de maniobras políticas de nadie. La Justicia no es el vehículo de las ambiciones revanchistas de nadie.

El presidente prosiguió: “Los que ante una sentencia que conviene a sus fines dicen ‘La judicatura ha decidido bien’ son los mismos que se dedican a criticar la judicatura cuando la sentencia no les viene bien. La justicia ha absuelto a algunos y ha dictado sentencia contra Kavala. Hay que respetarlo”.

No es que la Justicia absolviera a algunos y dictara sentencia contra Kavala. La Justicia absolvió a todos

Entiendo que al presidente le informaron mal. No es que la Justicia absolviera a algunos y dictara sentencia contra Kavala. La Justicia absolvió a todos, y a Kavala se le tendría que haber puesto en libertad sin reformular la acusación y sin necesidad de juicio. Pero hubo quien vio que esa sentencia iba a desilusionar mucho a alguna gente y consideraba que la Justicia tiene la responsabilidad de hacerlos felices, por lo que se arremangó y emitió una nueva orden de arresto contra una persona que lleva dos años y medio en prisión preventiva. ¡Ya pueden respirar tranquilos los desilusionados!

Han considerado que hay necesidad de volver a arrestar a Kavala por un caso que existe desde 2016, pero que nunca se formalizó “por motivo de fuertes dudas” y por el que ya se decretó la puesta en libertad en octubre de 2019. Las pruebas son las mismas, la acusación es la misma. Es decir que es una ‘maniobra’ de quienes recurren contra los recursos de una Judicatura que no lo es, totalmente desprovista de lógica. Eso es lo que hay que respetar ¿no? También podría explicar yo a ustedes a qué realidades de la vida y de la ley equivale hacer “maniobras” a costa de la vida de una persona. Y luego hablamos de respeto.

Murad Sezer, fotógrafo de la agencia Reuters, hizo una foto que yo creo que será una de las imágenes que deberían figurar en el album fotográfico de nuestra historia judicial. La expresión de la cara de las dos mujeres dice muchas más cosas de lo que podrían explicar páginas llenas de palabras.

La mujer que se ve a la derecha en la foto es Çiğdem Mater, productora cinematográfica: llevaba un año siendo procesada con una petición de cadena perpetua y en el momento de hacerse la foto acababa de escuchar la sentencia de absolución. A la izquierda vemos a una socióloga muy valorada por quienes se han criado en este país: la profesora Ayşe Buğra, educadora de tantos estudiantes y mujer de Osman Kavala.

Estábamos delante de la prisión de Silivri, esperando la salida de Osman, que acababa de ser absuelto

Pocas horas antes de que se tomara esa fotografía, todos estábamos celebrando, con gran alegría, la sentencia absolutoria. Solo tres o cuatro minutos antes de tomarse, estábamos delante de la prisión de Silivri, esperando la salida de Osman, que acababa de ser absuelto tras 840 días en prisión preventiva. Hacía frío, estábamos callados, decíamos “Cuánto tarda” o “Bien está lo que bien termina”. Éramos cientos de personas esperando todos juntos en fila y excitados. Osman, mientras tanto, estaría tranquilamente recogiendo sus cosas, se estaría despidiendo de sus colegas de la prisión, estaría dando las gracias uno por uno a los funcionarios de la prisión, con su inmutable amabilidad… Osman era una persona así. Nunca nos habían presentado, pero conocía desde hace años el trabajo que hacía para la sociedad civil; la primera vez en mi vida lo vi en la noche en la que mataron a Hrant Dink y nunca voy a olvidar la expresión dolorosa de su cara. Nuestro siguiente encuentro fue ya la sala de juicios: él ya estaba preso.

Durante meses asistí a las sesiones de juicio. Osman era alguien capaz de decir “gracias” a una justicia que le robaba días y meses de vida, alguien capaz de preocuparse por quienes esperaban su puesta en libertad bajo el frío, cuando aún le quedaban a él meses de cárcel. Alguien que, una vez más bajo decreto de arresto, se preocupaba del destino del caracol que cuidaba en la cárcel y lo entregaba a los abogados. Si en la cara de alguien podías ver la bondad, ese era Osman. Tras 840 días en prisión preventiva, su amabilidad no se había roto para nada; seguía hablando con a misma calma y claridad…

Cuando se nos estaba acabando el tabaco, cayó la noticia: no lo dejarán salir. Lo habían llevado con el vehículo de la cárcel hasta la puerta de salida, se habían parado a pocos kilómetros de donde estábamos esperando, luego quién sabe, unas consultas, conversaciones, en el último momento una orden escrita de detención. Es decir ¡hace falta detener a una persona que ya lleva dos años y medio presa, cuando en todo este tiempo no se han conseguido reunir pruebas suficientes para juzgarlo!

Una mujer obligada a explicar que su marido es buena persona, cientos de amigos, conocidos… todos nos quedamos congelados. Osman no iba a venir.

“Sabía que hacía falta una víctima, lo sabía muy bien, pero nunca se me habría ocurrido que pudieras ser tú”

El fotógrafo de Reuters que había venido para cubrir la noticia sacó una foto a Ayşe que se tenía que volver a casa, sin Osman, tras 839 días y seis horas de espera. La fotografía lo muestra todo. La expresión de la cara de las dos mujeres resume todo lo que nos pasó estos días.

Me viene a la cabeza la correspondencia que mantuvo el escritor Orhan Kemal con Fikret Otyam cuando fue encarcelado, hace cincuenta y pico años, a causa de una carta sin firma, luego puesto en libertad, luego nuevamente encarcelado por insistencia del Estado.

“Sabía que hacía falta una víctima, lo sabía muy bien, pero nunca se me habría ocurrido que pudieras ser tú”, escribió Otyam. “Luego me llegó la noticia de que te habían puesto en libertad. Luego te detuvieron de nuevo. Esta noche beberé raki, me dije, no podía tragármelo. Ni comida, ni raki. Me voy a dormir, me dijo. Todo se me volvió veneno”.

Orhan Kemal respondió a su amigo con estas líneas: “…A ratos me siento a mí mismo por dentro, me desbordo, pero nunca estoy resentido ni pesimista. ¿A Orhan Kemal se le pueden ocurrir esas cosas? Aunque los días son muy monótonos, ya pasarán”.

En resumen: Osman siempre aguanta y no se resigna ante la injusticia. Y muestra que lo que les puede ocurrir en este país, así que pasen 60 años, a alguna gente honrada, no es por la la historia judicial ni por fiscales, jueces ni “maniobras”, sino porque les puede ocurrir a la gente honrada…
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