Opinión

La rentrée

Soumaya Naamane Guessous
Soumaya Naamane Guessous
· 6 minutos

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Casablanca | Septiembre 2020

 

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La rentrée escolar se inscribía en un marco de planificación claro. ¿De qué se preocupaban los padres? De las facturas. Ahora es una incertidumbre total, incluso para quienes toman las decisiones. Imposible hacer proyecciones a medio o largo plazo. Navegan según vean, tantean frente a elementos de análisis móviles, incontrolables.

Esta situación provoca rabia, indignación y severas críticas. Normal: estamos en el torbellino de la incertidumbre, con cambios brutales e imprevisibles. Y necesitamos estabilidad y una visión clara para estar serenos. Si no, nos sobrecoge el miedo, la ansiedad, el psicosis…

Los padres están ante un dilema doloroso: clases presenciales o a distancia? “Prefiero que mi hijo tenga un año en blanco antes de arriesgarnos a que se muera o nos contagie”, dicen muchos padres. ¿Es una buena solución? Qué actividad tendrían los niños y adolescentes durante un año? Si no pueden ir al colegio, pero tampoco están confinados, ocuparán el espacio público y se expondrán al virus. Escolarizados entre estrictas condiciones sanitarias estarían mejor protegidos. ¡O quizás no! Incertidumbre.

Otros quieren retrasar la rentrée hasta enero. Pero ¿quién garantiza que en enero se haya acabado la pandemia? ¿Qué harán los niños mientras esperan? Se meterán en un peligro cuando salgan a la calle. ¡O no! Incertidumbre.

Para proteger a sus hijos, los padres prefieren la educación a distancia… pero no todos. Dice una madre: “Mi marido y yo trabajamos. ¿Quién va a cuidar de los niños?” Porque hay que cuidarlos y sobre todo acompañarlos en esta educación a distancia. ¿Cuántos padres son capaces de hacerlo?

Los padres están perplejos, sobre todo ahora que el Ministerio de Educación les ha dado a elegir

Muchas familias trasladan a los hijos de un colegio privado al público. “Si de todas formas hay que quedarse en casa, prefiero la pública, me ahorra los gastos”. Otros toman la misma decisión simplemente obligados por la caída de sus ingresos o la pérdida de su salario. Hay quien prefiere la educación presencial, pero también está el riesgo del transporte público y de que no se respeten las normas sanitarias. ¡O no! Incertidumbre. Los padres están perplejos, sobre todo ahora que el Ministerio de Educación les ha dado a elegir. “No es normal que nos echen esa responsabilidad a nosotros. Son ellos quienes deben tomar la decisión correcta”. Sí, pero ¿cuál, cuando somos rehenes de un virus? Otros padres no saben, no comprenden… El caos.

¿Es que los todos padres pueden elegir? Menos de seis familias de cada diez, y todas residentes urbanos, disponen de ordenador o tablet y wifi. A menudo solo hay un aparato para toda la familia. Casi el 90 por ciento de los marroquíes mayores de 5 años tienen un smartphone. Pero no todos tienen conexión a internet. Recargan la tarjeta según se lo permite su presupuesto. Y la educación a distancia devora los gigas, sobre todo cuando hay dos o tres niños escolarizados y todos se deben conectar. De la gente que vive en el campo ya ni hablamos.

La pandemia ha revelado una enorme brecha digital. Pero ha propulsado a Marruecos hacia la digitalización. Eso es un avance.

Alumnos y estudiantes universitarios prefieren la educación presenciales. Ayman: “En casa me aburro, estoy aislado. Es horrible”. Para las chicas es peor. Lilya: “Quiero escaparme de las tareas de casa y la cocina. La educación a distancia ¡es una cárcel!”

“Quiero escaparme de las tareas de casa y la cocina. La educación a distancia ¡es una cárcel!”

La educación a distancia será la regla y dependiendo de cómo evolucione la situación se cambiará a la presencial y viceversa. No hay más remedio que jugar al escondite con el virus.

Los padres pueden solicitar la enseñanza presencial y se otorgará si la el colegio cumple con las normas sanitarias. Se organizarán sesiones presenciales para que los alumnos se encuentren con sus profesores.

Los colegios, tanto privados como públicos, urbanos o rurales, despliegan grandes esfuerzos materiales y humanos para respetar las normas. A los profesores no paran de pedirles cosas, su carga de trabajo se agrava y trabajan cada vez más horas. Pero nada puede tranquilizar del todo a los padres. Y se entiende. ¿Qué hacer? Ningún país tiene la fórmula y la OMS advierte contra los riesgos de reabrir la enseñanza.

Si todos los comportáramos con responsabilidad y cuidáramos de que nuestros hijos respeten las normas sanitarías, contribuiríamos a luchar contra la pandemia.

En la educación a distancia hacen falta equipos informáticos: hay que reducir la brecha digital

El Estado distribuye un millón de mochilas escolares a las familias necesitadas. Pero aunque vivimos en la era digital, la mochila solo contiene libros y cuadernos. Y si hablamos de educación a distancia hacen falta equipos informáticos. Es la ocasión de reducir la brecha digital entregándoles estas herramientas a todos los marroquíes escolarizados que no pueden permitirse comprarlos y a los profesores, sobre todo a los del primer ciclo. Un ordenador cuesta más que un mes de salario de un maestro de escuela.

Reducir la brecha digital es también responsabilidad de la agencia nacional de telecomunicaciones (ANRT), que debe garantizar que internet sea gratuito. Los programas escolares en las cadenas de televisión son útiles, pero no permiten la interactuación, indispensable para aprender.

Esta pandemia es un desafío para Marruecos: debe acabar con la exclusión digital y conseguir que todos los jóvenes puedan formar parte de la sociedad informatizada para elevar el nivel de su sistema escolar. Es inadmisible que hoy día una gran parte de la enseñanza se dé todavía con tiza blanca sobre una pizarra negra.

Mientras esperamos llegar hasta ahí, nosotros, ciudadanos, miembros de la sociedad civil, podemos ser más solidarios, donando a quienes lo necesitan útiles informáticos y conexión a internet, si nuestros medios nos lo permiten.

Hacen grandes esfuerzos el Ministerio de Educación, el de Salud, el de Interior… Reconozcámoslos, aunque no siempre nos satisfagan. Pensemos a nuestros conciudadanos que trabajans sin descanso desde hace más de seis meses.

La pandemia acabará desapareciendo. Hubo otras a lo largo de la Historia. La escolarización se puede recuperar. Lo que importa es seguir vivo e intentar conservar la alegría de vivir. Porque si la Covid es contagiosa, la alegría también.
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© Soumaya Naamane Guessous | Primero publicado en 360.ma · 4 Sep 2020 | Traducción del francés: Ilya U. Topper

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