¿A quién le conviene atrasar elecciones?

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Publicado el 3 Jun 2021

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La decisión de aplazar las elecciones generales palestinas, anunciada el 29 de abril por el presidente palestino Abu Mazen, demuestra que él y su grupo de aliados del partido Fatah, que le asesora, son los más fieles al interés de Israel de preservar el statu quo e impedir cualquier sacudida o cambio.

Al aplazar las elecciones del Consejo Legislativo Palestino (el órgano legislativo instituido por la Autoridad Nacional Palestina), previstas para el 22 de mayo, los líderes del partido muestran que la oposición de Israel al escrutinio (el primero para los palestinos desde 2006) tiene más peso que la opinión del 93 % del electorado que se registró para votar, manifestando claramente que desea un procedimiento democrático.

El statu quo, paradójicamente, no es tal: cambia constantemente en detrimento de los palestinos como pueblo y como individuos y a favor de la apropiación de sus tierras y de sus casas por parte de Israel.

Este falso statu quo, sin embargo, le permite al fosilizado movimiento Fatah seguir aferrado a posiciones de poder económico, administrativo y político en los enclaves de Cisjordania controlados por la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Les permite a funcionarios no electos (que se apoyan en su glorioso pasado como luchadores contra la ocupación, en el exilio o en los territorios palestinos conquistados por Israel en 1967, o que ganaron unas elecciones que hace tiempo que caducaron) continuar desarrollando y manteniendo una clase de altos funcionarios del Estado y de caballeros involucrados en el negocio de la seguridad. Y también les permite seguir controlando muchas iniciativas en el sector privado, promoviendo y dando preferencia a sus socios y amigos de confianza.

Cierta estabilidad

La estricta lealtad de los dirigentes de Fatah y de la ANP a los Acuerdos de Oslo, y en particular a la cooperación con Israel en materia de seguridad, mantiene cierta estabilidad en la región. Esta lealtad se traduce a su vez en donaciones y financiación por parte de la comunidad internacional, que –aunque se redujeron en los últimos años– siguen siendo importantes para el funcionamiento de la Autoridad.

Unas elecciones palestinas son malas para Israel, y son malas para la clase dirigente palestina no electa

Esta estabilidad, más propiamente conocida como seguridad de Israel a expensas de la seguridad y de los derechos de los palestinos, es importante para los países donantes, encabezados por la Unión Europea y Estados Unidos, que bajo el mandato del presidente Joe Biden han retomado el apoyo económico a los palestinos. La UE habrá hasta expresado su apoyo a las elecciones democráticas y prometido comprometerse para que se celebre la votación, pero ya se hace más improbable que utilice su influencia contra la ANP y que suspenda la ayuda económica, una vez cancelada la votación. Sería el mismo palo que la UE utilizó contra los palestinos en el pasado, tras la llegada al poder de Hamás en 2006.

Unas elecciones palestinas son malas para Israel, y son malas para la clase dirigente palestina no electa, por las razones siguientes: tienen el potencial de provocar algunos cambios, sobre todo en lo que respecta a la ruptura del gobierno entre la Franja de Gaza y los enclaves de Cisjordania. Al fin y al cabo, esta ruptura ha sido el centro de la política israelí desde 1991. Una campaña electoral significa intercambio de ideas, expresión de disidencia y debates y discusiones constantes que superarían los límites de la censura interna impuesta por Abu Mazen.

Unas elecciones con 36 partidos compitiendo garantizan sorpresas y cambios no programados

En una campaña electoral así, Israel también estaría bajo la lupa internacional, para ver hasta dónde llegaría para sabotear las elecciones con detenciones o censura de opiniones contrarias a la posición oficial de Fatah. Unas elecciones con 36 partidos compitiendo garantizan sorpresas, cambios no programados y nuevas coaliciones. En liza por 132 escaños hay 1.400 candidatos, de los cuales 405 son mujeres y el 39 % tiene menos de 40 años. Esto habría garantizado un Parlamento más joven, cuyos legisladores habrían tenido que escuchar a sus electores.

Las cuestiones que afectan al público palestino tienen que ver con la corrupción y el clientelismo, los Acuerdos de Oslo, la cooperación en materia de seguridad mientras Israel amplía constantemente sus asentamientos, la falta de transparencia y de rendir cuentas de su labor por parte de quien manda, la impotencia frente a la violencia de los colonos y la cuestión de la creación de un Estado en un contexto de debilidad política. En un parlamento así, todas estas cuestiones habrían tenido la oportunidad de tratarse.

Una cáscara vacía

No es nada seguro que Hamás habría sido el principal beneficiario de estas elecciones. Su lista habría sido probablemente la más representada en el Parlamento, pero sin una mayoría que le permitiera formar una coalición.

Dos listas disidentes de Fatah, además de la oficial, podrían haber conseguido los votos de los simpatizantes del partido hartos del gobierno de Abu Mazen que en 2006 eligieron a Hamás con un voto de protesta. Las tres formaciones, junto con otras que se oponen al islam político, podrían haberse convertido en una fuerza dominante en el nuevo parlamento y haber formado una coalición, pero sin el dominio absoluto de Abu Mazen hay un vacío absoluto, que también le conviene a Israel.

La política palestina está dirigida por funcionarios cuyos privilegios son rehenes de Israel

El aplazamiento de las elecciones del Consejo Legislativo Palestino atrasará también el intento de restaurar el Consejo Nacional Palestino, que debería representar al pueblo palestino entero, tanto aquí como en el exilio. La tercera fase de la votación, después de la elección del presidente, debería haber sido la elección del Consejo Nacional, el Parlamento de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), mientras que los representantes del Consejo Legislativo se habrían incluido automáticamente.

En los últimos años se han multiplicado los llamamientos para resucitar esta institución panpalestina, representando uno de los intentos de devolver a la OLP su condición de organismo que dicta la línea política palestina. Durante los años de Oslo, la situación se invirtió y la ANP, que en papel está subordinada a la OLP, llegó a ser la institución política principal, convirtiendo a la OLP en una cáscara vacía.

Dentro de la ANP, Fatah es el movimiento dominante, y Abu Mazen y un pequeño círculo de sus aliados son los únicos que toman decisiones. Para Israel es muy conveniente que la política palestina esté dirigida por un pequeño grupo de altos funcionarios cuyos privilegios y futuro económico –el suyo y el de sus familias– son rehenes de Israel.

Una alternativa para Jerusalén

En las últimas semanas, a medida que se acercaba el inicio de la campaña electoral, fijado para el viernes 30 de abril, los aliados de Abu Mazen manifestaban cada vez con más insistencia el mantra “No habrá elecciones sin Jerusalén”, mientras que Israel evitaba dar su consentimiento oficial a la celebración de la votación en Jerusalén. El 28 de abril, Mahmoud Aloul, líder de la lista de Fatah y adjunto de Abu Mazen, declaró que celebrar unas elecciones sin Jerusalén sería una traición y un delito.

Los líderes de Fatah no creen en la lucha popular, no les interesa y no les interesa dirigirla

Él y otros han ignorado totalmente una opción, propuesta más veces por otros partidos, diferente a la cancelación de las elecciones: encontrar maneras de organizar la votación en Jerusalén Este sin la aprobación oficial de Israel. Por ejemplo, estableciendo colegios electorales en edificios de las Naciones Unidas, iglesias y mezquitas, incluida Al Aqsa, y yendo casa por casa con una urna, o instituyendo otros colegios electorales en zonas de la Gobernación de Jerusalén que no hayan sido anexionadas por Israel.

Aloul y Abu Mazen hablaron de las personas que presentaron estas propuestas con su típico desprecio, como si las elecciones en Jerusalén fueran una cuestión meramente técnica para ellos. Ignoran por completo el aspecto subversivo de estas propuestas: romper la ilusión de normalidad en Jerusalén e impulsar una campaña de resistencia popular a través del acto mismo de hacer que los palestinos de Jerusalén Este voten de cualquier manera posible.

Abu Mazen, Aloul y muchos de sus leales no explicaron por qué era necesario esperar la aprobación de Israel para la votación de Jerusalén Este y así rendirse al veto israelí de las elecciones. Su silencio manifiesta una hipocresía típica: los altos funcionarios de Fatah y de la ANP siempre han defendido la “lucha popular” como modelo, en contraste con el lema de la lucha armada. No aprovechar esta oportunidad demuestra lo que todo el mundo sabe: los líderes de Fatah no creen en la lucha popular, no les interesa y, por supuesto, no les interesa dirigirla.

Antes de que se anunciara el esperado aplazamiento de las elecciones, quienes se oponían a la decisión expresaron su postura de muchas maneras, aparte de en redes sociales: reuniones por Zoom, entrevistas con medios de información independientes, una manifestación en Gaza de partidarios de la lista independiente de Mohammed Dahlan y una vigilia en la plaza Manara en Ramalá.

La noche del 29 de abril, tras el anuncio oficial del aplazamiento de las elecciones, en Ramalá centenares de personas, entre ellas un grupo de partidarios de la lista independiente, salieron a la calle para protestar contra la decisión.

Una desobediencia civil crearía una legitimidad revolucionaria, equivalente a una legitimidad constitucional

La semana anterior, Mahmoud Dudin, profesor de Derecho en la Universidad de Birzeit, afirmó que el aplazamiento de las elecciones por parte del Poder Ejecutivo incumple la Constitución palestina. Durante una reunión por Zoom promocionada por Masarat, el Centro Palestino de Investigación Política y Estudios Estratégicos, una entre las principales entidades independientes que luchan contra la división política palestina y apoyan un debate crítico sobre cómo encontrar una salida al statu quo, Dudin declaró que el aplazamiento de la votación es competencia exclusiva de la Comisión Electoral Central, siempre que facilite razones convincentes. Según la Comisión, sería posible celebrar elecciones en Jerusalén incluso sin el permiso oficial de Israel, dijo Dudin. Sin embargo, el 29 de abril la comisión electoral comunicó la suspensión de todo el proceso electoral.

Según Dudin, la opinión pública palestina tiene dos opciones: una es presentar peticiones a la Corte Suprema de Palestina contra la decisión de aplazar/cancelar las elecciones. Pero las posibilidades de éxito son escasas porque el sistema judicial y los magistrados fueron nombrados por la dirigencia política (es decir, por Abu Mazen) y son sus prisioneros, afirmó Dudin. La segunda opción es “revolucionaria”: una desobediencia civil que crearía “una legitimidad revolucionaria, el equivalente a una legitimidad constitucional, y un instrumento para restaurarla”.

Es difícil imaginar que 35 partidos puedan ignorar la orden de cancelar/aplazar las elecciones y seguir preparándose para la votación como si nada hubiera pasado. Pero el solo hecho de presentar esta idea en público refleja la enorme distancia que existe entre la opinión pública palestina y sus altos funcionarios no electos. En la línea de esta decisión y de la aversión general que ha encontrado, será poco probable que la lista oficial de Fatah se presente a unas elecciones generales en un futuro próximo.

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© Amira Hass  | Primero publicado en Haaretz; republicado en Internazionale | 7 Mayo 2020 | Traducción: Livia Salvetti a partir de la versión italiana de Francesco de Lellis.

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