Brusca, excarcelado

Publicado por

Saverio Lodato

Publicado el 9 Jun 2021

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opinion
Palermo |  Junio 2021

 

Ahora que han pasado 25 años, Giovanni Brusca, el superkiller de Capaci, pero también el supercolaborador de la justicia que en decenas y decenas de procesos estableció la responsabilidad a decenas y decenas de mafiosos, ha dejado para siempre la cárcel de Rebibbia, donde había vivido de forma ininterrumpida en aislamiento total.

Se marcha libre, por su propio pie, al aire libre.

Durante cuatro años permanecerá bajo vigilancia, como ha establecido la Corte de Apelación de Milán, pero como ciudadano libre que ha cumplido su pena. La noticia causa impresión, suscita reacciones emotivas y viscerales, al límite de lo indigerible. Pero tenía que ocurrir.

Y es por ello que hemos llegado al momento de la verdad.

Un destino amargo ha querido que esta ley, que hoy los jueces están simplemente aplicando, fuera fervientemente deseada por Giovanni Falcone, la víctima principal del propio Giovanni Brusca, su principal carnicero, en Capaci. No es una reflexión nuestra.

Son palabras de Maria Falcone, hermana del juez asesinado junto a Francesca Morvillo, Antonino Montinaro, Rocco Dicillo y Vito Schifani.

Maria Falcone: “Es una noticia que me lastima, pero es la ley, una ley que quiso mi hermano”

Maria Falcone ha declarado en caliente: “Humanamente es una noticia que me lastima, pero esta es la ley, una ley que quiso mi hermano y por tanto respeto”. Y ha costado años, como se podrá leer más adelante, que Maria Falcone —¿y como culparla?— llegue a la dolorosa conclusión de hoy. Hay, en cambio, quien no lo comprende.

Muchos de aquellos que hoy gritan escandalizados frente al Brusca que vuelve a ser libre son los mismos que pidieron la liberación de los mafiosos condenados a cadena perpetua que jamás han colaborado con la justicia, ni tienen la menor intención de hacerlo.

Para los mafiosos curtidos, que siguen siéndolo, harían falta puentes dorados, toboganes y calzadas privilegiadas para sacarlos de las cárceles patrias.

Giovanni Falcone en cambio tenía clarísima en su cabeza la ley que habría debido favorecer las colaboraciones con la justicia para poner de rodillas para siempre a la Cosa Nostra.

Y Giovanni Brusca, increíblemente, es el primer beneficiario, encontrándose frente a un Estado que ha respetado todos sus pactos como él los ha respetado en todas sus deposiciones procesales.

Es exactamente esta la ley que quería Giovanni Falcone. Y que un Parlamento de indolentes aprobó solo una vez consumada la matanza de Capaci.

Giovanni Falcone quería hacer la lucha contra la mafia en serio, y la hacía en serio

Un Giovanni Falcone que, añadimos al fin, no habría querido beneficios para los mafiosos no dispuestos, por principios, a colaborar con la justicia.

Giovanni Falcone quería hacer la lucha contra la mafia en serio. Y la hacía en serio. Lo demás es charlatanería.

Muchos de los que gritan escandalizados, y que gritarán en los próximos días, temen que este asunto dé lugar a que otros arrepentidos cuenten todo lo que saben. Sobre todo en temas candentes, como las relaciones ancestrales entre la mafia y el Estado, mafias e instituciones, mafia y poder. Pero aquí la discusión se haría larga.

No querríamos estar en la piel de la ministra Marta Cartabia, llamada a la tarea titánica de reformular durante estos días el funcionamiento de la justicia italiana.

Giovanni Falcone no es un santo que exhibir en las ferias de pueblo, es un legado engorroso en la historia de nuestro país.

Uno de sus legados mejores, y justamente por eso engorroso, engorrosísimo.

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© Saverio Lodato | Publicado en Antimafiaduemila | 1 Junio 2021 | Traducción del italiano: Alejandro Luque

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