Se cambian licenciadas por asistentas

 
Calle Roma en Nápoles | © Irene Savio

Calle Roma en Nápoles | © Irene Savio

“Vine a Italia porque es el país de Europa occidental donde resulta más fácil trabajar sin contrato o alquilar una casa sin tener papeles. Una vez que conseguí el visado Schengen de tres meses, podía haber ido a Francia o Alemania, donde se gana más, pero aquí es más sencillo quedarse cuando te caduca el permiso. Cada cierto tiempo hay una regulación extraordinaria de inmigrantes y no resulta demasiado complicado entrar en una de ellas. También tiene su peso la presencia del Vaticano, de la Iglesia católica. Al poco de llegar a Roma, fui a registrarme a Caritas y con el documento que me dieron, años después conseguí probar el tiempo que llevaba en el país para obtener así un permiso de residencia”.

La historia de Stefania, una mujer moldava de 46 años que se gana la vida en Roma como asistenta doméstica, es paradigmática de la realidad de buena parte de los 5 millones y medio de inmigrantes que viven en Italia, ya sea en situación regular o irregular. Según el último informe de la fundación Iniciativas y Estudios sobre la Multietnicidad (ISMU, por sus siglas en italiano), nueve de cada diez ciudadanos de fuera de la Unión Europea que trabajan en el país tienen empleos para los que se les pide una baja cualificación. De hecho, alrededor de la mitad de los contratos laborales a los que tienen acceso no requiere de ninguna formación específica y sólo en el 4,5% de los casos se exige una licenciatura universitaria (dato en el que pueden influir también las trabas burocráticas a la validación de certificados de estudios realizados en sus países de origen).

Al contrario que el resto de los PIIGS, Italia sigue siendo atractivo para la inmigración

Al contrario que el resto de los PIIGS (acrónimo que agrupa, además Portugal, Irlanda, Grecia y España), Italia sigue siendo un foco de atracción para la inmigración. De hecho, un reciente informe de Eurostat sobre la evolución de la población de los Veintiocho muestra que el país tiene el segundo saldo migratorio positivo más alto de las naciones grandes, sólo superado por Alemania. La llegada de extranjeros a Italia en busca de una oportunidad laboral se mantiene porque se siguen creando puestos de trabajo “para inmigrantes”, como dice el citado estudio de ISMU, que estima que sólo en 2011 hubo 170.000 nuevos empleos para este colectivo. Este fenómeno se debe en parte al envejecimiento de la población italiana y al consecuente aumento de las necesidades de personal dedicado a la atención de los ancianos.

Hay otro elemento que explica esta aparente anormalidad respecto al resto de naciones de su entorno. Debido a la contracción de la inmigración y a la salida de sus propios connacionales buscando trabajo, España, Irlanda, Portugal y Grecia tuvieron un saldo migratorio negativo, mientras que el de Italia el año pasado fue positivo en 369.700 personas. Fulvio Vassallo Paleologo, profesor de derecho al asilo en la Universidad de Palermo, dice que el país transalpino “es un lugar de paso hacia otros Estados, tanto de los inmigrantes económicos como de los refugiados que solicitan asilo”. Estos últimos llegan en su mayoría por vía marítima desde África, “debido a que Europa no les da la posibilidad legal de emigrar”, denuncia el profesor a Msur.

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Acerca del autor

Darío Menor
Periodista (Murcia, 1982). Trabaja en Roma como colaborador del diario La Razón.
Tras estudiar periodismo en...

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