El póker árabe

 

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El sábado de la semana pasada, 21 cañonazos sonaron en la ciudad de Ankara. Era el saludo formal a un jefe de Estado amigo, el máximo honor militar que un país puede rendir a otro. El anfitrión era el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. El homenajeado, Hassan Rohaní, presidente de Irán. Este era el primer plano del retablo militar. Al fondo, si miramos bien, podríamos distinguir las siluetas de Barack Obama, con sonrisa mefistofélica, y del rey saudí Salmán bin Abdulaziz, sacándose un cuchillo de la espalda.

Y podemos imaginar cómo, el jueves pasado, el rey Salmán acariciaba ese cuchillo bajo la túnica mientras se quedaba sentado en el palacio y enviaba a su ministro de Exteriores a saludar a Barack Obama en la escalerilla del avión. A sus fieles aliados del Golfo los había recibido personalmente. No a Obama: la asistencia del máximo dirigente mundial a la conferencia del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) era un pulso en el que ambos bandos ponían cara de póker. Pero sabemos que Obama tiene un full house y Salmán, apenas un par de reyes.

Ambos  ponían cara de póker. Pero Obama tiene un full house y Salmán, apenas un par de reyes

La desavenencia se había anunciado largamente, con la firma del tratado nuclear con Irán para acabar con el aislamiento del máximo rival geopolítico de Arabia Saudí. La respuesta de Salmán fue una huida hacia adelante, una política agresiva de bloques que permitiera al menos forjar una alianza regional que reemplazara el antaño tan bien engrasado eje Washington-Riad. Y hace justo una semana parecía haberlo conseguido, gracias a su más potente herramienta internacional: la Organización por la Cooperación Islámica (OCI), expresión de la aspiración saudí de traducir el concepto teológico de la ‘umma’, la ‘nación islámica’, en términos políticos modernos.

Salmán hizo su entrada triunfal en la XIII Cumbre de la OCI en Ankara, el jueves 14 de abril, y el viernes le propinó cuatro sonoras bofetadas a Teherán, firmadas por 56 países: De los 218 artículos del comunicado final, 4 (30-33) se dedican a pedir que Irán respete “la independencia y soberanía” de los demás países islámicos, condenan las agresiones contra las legaciones de Arabia Saudí en Teherán y Mashhad en enero y el “discurso incendiario” del Gobierno persa tras la ejecución de un clérigo chií en Arabia Saudí, y concluyen deplorando la “interferencia” de Irán en los asuntos internos de Bahréin, Yemen, Siria y Somalia, y su apoyo continuado al “terrorismo”.

Condenar una “interferencia” de Irán subrayaba quién manda en el patio de vecinos: Arabia Saudí

Condenar una “interferencia” de Irán subrayaba quién manda en el patio de vecinos: manda quien puede enviar tanques a Bahréin para aplastar una primavera árabe, bombardear Yemen durante semanas, respaldar (de forma no oficial) a milicias ultrawahabíes en Siria y difundir su marca religiosa en Somalia, todo ello con el aplauso de la muchachada. Incluido el propio Erdogan que presidió con cara de póker la clausura de la cumbre.

Parecía enterrada la rivalidad entre los dos principales jugadores geopolíticos del mundo islámico suní: Turquía y Arabia. Decimos dos, porque el tercero, Iraq, fue eliminado hace una década gracias a una tenaz campaña de destrucción orquestada por Arabia Saudí. Hasta qué punto la invasión estadounidense de 2003 respondía a un deseo de Riad de eliminar a su rival más peligroso, y hasta qué punto era simplemente una operación de enriquecimiento de Bush & Co. para apoderarse de fondos públicos estadounidenses queda por investigar; que confluían ambos intereses es obvio. Que fue en detrimento del interés de la nación norteamericana, también.

El cuarto jugador, Egipto, perdió la partida contra Arabia Saudí en 1969: ese año terminó la guerra civil en Yemen con la victoria, por desgaste, del bando republicano apoyado por El Cairo, contra el monárquico respaldado por Riad. Pero los siete años de guerra apenas habían afectado las cajas del reino petrolífero, mientras que dejaron totalmente exhausto el país del Nilo. Sin nada a cambio. Egipto nunca volvió a levantar cabeza.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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