Sobrevolando el frente

 

Y pronto pasamos de estos experimentos sociales a una residencia de ancianos concertada y a las empleadas de hogar inmigrantes, muchas sin papeles, uno de los colectivos más explotados del país (y que lleva organizándose desde los ochenta). Aunque o precisamente porque se sitúan fuera de la dinámica de los movimiento revolucionarios redondean la visión que Carolina León resume bajo el término de “cuidados”. Se abre el abanico conforme nos vamos alejando de la portada.

Carolina León ha observado con curiosidad de niña, sin afán de demostrar una tesis

Pero regresamos luego a la reflexión de que en estos colectivos de autoorganización “es extremamente fácil que se reproduzcan las dinámicas sociales y terminen siendo las mujeres las que asumen un peso mayor en la provisión de afecto o en las interrelaciones”. Esta frase, ya cerca del epílogo del libro (página 168) resume lo que nos sugería la portada. Esa es la tesis que esperábamos se tratase aquí. Pero hojeamos atrás, y en los ejemplos narrados no hay rastro. Hay mujeres que acogen a los nuevos en Calafou, sí, pero es un hombre en Garaldea. Hay mujeres empleadas domésticas, es un hombre el que eligió dejar un trabajo bien pagado para cuidar a ancianas.

Carolina León ha observado con curiosidad de niña, sin ese afán de demostrar una tesis que caracteriza a quienes vienen con la idea y la ideología hecha. Por eso, sus apuntes son más valiosos, más verídicos – incluidas, y sobre todo, las propias, la observación crítica de las propias reacciones frente al hogar, a la madre… – pero no llegan a cimentar (ni tampoco contradecir) lo que podría ser la tesis de libro.

Cerramos el libro con la sensación de que aquí hay muchas más preguntas que respuestas

Aparece Silvia Federici y su propuesta de pagar a las mujeres por las tareas de su propio hogar, pero no hay una toma de posición respecto a si esto, más allá de dirigir el foco a esas tareas, es realmente una propuesta feminista o perpetuaría la exclusión de la mujer de la sociedad pública. Y sí, a diez páginas del final, en el diálogo “El anarquista y la feminista”, aparece el nombre de Durruti en un brevísimo apunte de la escena que uno tiene en mente desde que vio la portada. Pero como broche de la conversación, no como partida.

Cerramos el libro con la sensación de que aquí hay muchas más preguntas que respuestas. Sí, dice la autora, las mujeres siguen gastando más tiempo en las tareas del hogar pero ¿y si ocurre también entre quienes viven solas, solos? ¿No habría que reflexionar sobre la psicología, aparte de analizar las condiciones sociales? Y tal vez preguntar esto sea lo máximo que se pueda hacer en estos momentos. Constatar que las estadísticas no permiten leer la realidad, que nos faltan datos, en lugar de interpretar conforme a los moldes preestablecidos los datos que hay.

Al menos en eso, el trabajo de Carolina León cumple con una exigencia fundamental del ideario feminista y rebelde: no meter el propio cuerpo y la propia mente en un corsé que te dan otros.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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