Devolvednos las calles

 

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ÚItimamente he tenido ocasión
de viajar a una capital europea. Después de transcurrir unos días, me fijé en un detalle sencillo, pero importante al mismo tiempo: En aquella ciudad europea, yo caminaba por las avenidas y callejuelas con una enorme libertad. No tenía miedo a las miradas de los hombres alrededor de mí, ni a los ladrones.

Por supuesto hay que tener un mínimo nivel de cuidado. Pero flotaba en el aire una sensación de facilidad y sí, de libertad, que echo múchísimo en falta en mi país y en muchos países del norte de África y del Oriente Próximo.

Es como si una gran parte de los hombres nos castigaran solo por el hecho de salir

En mi ciudad prefiero refugiarme en un coche o utilizar medios de transporte privados, sean taxis o similares. Me tiene subyugado el miedo al espacio público, como subyuga a a muchas mujeres de mi nación, y de otras muchas naciones de nuestro tan afligido entorno geográfico. El miedo al acoso, el miedo al robo, el miedo a la violencia verbal, el miedo por nuestro bolso y por nuestra seguridad, hasta…

Es como si no tuviéramos derecho al espacio público. Como si una gran parte de los hombres de nuestros países nos castigaran solo por el hecho de salir a ese espacio público. Como si el espacio público fuese un espacio masculino, y la presencia de la mujer en él un crimen que las hiciera merecedoras de un castigo… Un castigo que a veces se imparte mediante palabras hirientes, otras con toqueteos, y a veces con violencia.

Las mujeres en nuestros países sufren en el espacio público. Y eso es inaceptable

¿Cabe imaginar que un viaje a los países de Europa se convierta en la única oportunidad para las mujeres de experimentar la libertad de pasear y la de vestir? ¿Y qué pasa con las millones de mujeres en nuestras naciones que no se pueden permitir viajar a ningún país europeo ni americano? ¿Qué sucede con las millones de mujeres que no tienen medios para permitirse el lujo de un coche propio? ¿Qué hacemos con las millones de mujeres a las que obligan sus condiciones de vida o simplemente su propio deseo a salir a la calle día tras día y a utilizar medios de transporte públicos? ¿Es que la violencia y el miedo al que las exponemos en la calle forman parte de su destino?

Esto no es un nuevo discurso de victimismo. Las mujeres en nuestros países sufren enormemente en el espacio público. Un espacio habitado por el miedo y la ansiedad. Y esto es algo inaceptable. Pese a todos los esloganes de consideración, de respeto y de tratar a las mujeres como perlas resguardadas o preciados tesoros… Nosotras, las mujeres, vivimos un auténtico sufrimiento en nuestra relación con el espacio público. Tengamos la edad que tengamos, o el aspecto que tengamos.

¿Cuándo podremos nosotras pasearnos con libertad por las calles de Rabat o El Cairo, de Tlemcén, Beirut o Yidda? ¿Cuándo el espacio público será nuestro, sin miedo?

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en MC-Douliya· 15 Enero 2018 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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Acerca del autor

Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario ...

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