Iglesias Orientales

 
Iglesia caldea S. Jose de Ainkawa (Erbil, Kurdistán iraquí) | I. U. T./ M'Sur

Iglesia caldea S. Jose de Ankawa (Erbil, Kurdistán iraquí) | I. U. T./ M’Sur

Las Iglesias Católicas Orientales, también llamadas Iglesias uniatas, forman hoy parte de la Iglesia Católica Romana y reconocen al papa como guía supremo. No obstante, dentro de esta entidad son definidas como ‘iglesias particulares sui iuris’, es decir autónomas. Sus dirigentes no dependen directamente de la jerarquía del Vaticano y hay grandes diferencias en la liturgia, es decir la forma de celebrar misa.

La aparición de las iglesias católicas orientales se debe a la misión católica entre los fieles de las Iglesias Ortodoxas, iniciada ya tras las Cruzadas. Como consecuencia, parte de la jerarquía de estas iglesias aceptó unificar el dogma con el católico y reconocer al papa. Este proceso, que provocó escisiones en prácticamente todas las iglesias ortodoxas, tuvo su primer éxito en el siglo XV, con la unificación de la Iglesia Maronita con Roma, pero siguió hasta el XX en Europa Oriental y no fue oficialmente abandonado hasta 1993.

Cada una de las iglesias católicas orientales es dirigida por un patriarca, elegido por los obispos aunque deba ser confirmado por Roma. La jerarquía local depende del patriarca. Una de las diferencias mayores con la Iglesia Católica es que también pueden ser ordenados sacerdotes los hombres casados, si bien los obispos deben vivir en celibato y un párroco soltero, una vez ordenado, no puede casarse.

La liturgia y los ritos de las iglesias católicas orientales siguen conservando la forma habitual en las iglesias ortodoxas de las que se escindieron: en la misa se usan tradicionalmente el griego, el arameo o el armenio, hoy también las lenguas eslavas modernas, el árabe clásico y las lenguas árabes vernáculas. También el ornato del sacerdote o los cánticos se suelen diferenciar de lo habitual en la misa católica.

Seis iglesias católicas orientales ostentan un patriarca propio como cabeza de sus jerarquías autónomas: la armenia, la caldea, la maronita, la melkita, la siriaca y la copta. La etíope sólo cuenta con un metropolitano. Todas estas ramas —excepto la copta, limitada a Egipto, y la etíope — poseen comunidades en Siria, Líbano, Jerusalén y, a menudo, Iraq, Jordania y Palestina.

Es muy difícil ofrecer cifras fiables sobre el número de seguidores: los datos varían enormemente según la fuente a la que se recurra. La mayoría de estos países no recogen el dato de la religión en el censo y los registros eclesiásticos arrojan cifras a menudo demasiado altas, probablemente por no reflejar la emigración, que desde hace décadas reduce el número de cristianos en toda la zona del Levante. Las cifras ofrecidas en M’Sur son estimaciones aproximadas, basadas en la comparación de una decena de fuentes diversas, y no deben tomarse como absolutas.

Griego-católicas

No tienen patriarca las diferentes ramas de la iglesia griego-católica en los Balcanes, aunque están dividido oficialmente en diez ramas nacionales. La mayor con diferencia es la ucraniana, con 3,5 millones de miembros, concentrados sobre todo en el noroeste del país, en la zona de Lvov. Dispone de un Arzobispado mayor. La iglesia bizantino-católica de Rutenia, con unos 320.000 fieles en el extremo noroeste de Ucrania y unos 170.000 en Chequia, depende de un metropolitano residente en Estados Unidos. El Arzobispado mayor de Rumanía congrega a unos 760.000 fieles en el país, a lo que se añaden otros tantos en América.

Obispos y exarcas autónomos dirigen también a los 50.000 griego-católicos en en el territorio de la antigua Yugoslavia, a los 10.000 de Bulgaria, los 2.000 de Grecia, los 200.000 de Eslovaquia, los 290.000 de Hungría, los 60.000 fieles de etnia albanesa en dos diócesis de Calabria y Sicilia y los 3.500 de Albania. Además existen dos arzobispados mayores en India, pertenecientes a la iglesia siria de Malabar y la iglesia siria de Malankara.

 
 
 

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