«No quería filmar la basura de las calles de Nápoles, sino la basura interior»

Maurizio Scaparro

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 14 Nov 2009

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Maurizio Scaparro (Sevilla, 2009) | ©  Lolo Vasco / David Cabrera
Maurizio Scaparro (Sevilla, 2009) | © Lolo Vasco / David Cabrera

Sevilla | Noviembre 2009

Maurizio Scaparro (Roma, 1932) dice sentirse en España como en casa. Ha acudido al Festival de Cine Europeo de Sevilla para presentar su más reciente trabajo, El último Pulcinella, que fue además la última obra de Rafael Azcona antes de su lamentable desaparición. El recuerdo del gran guionista y el reencuentro con otros amigos españoles le llena de gozo. “Venecia y Sevilla son ciudades extrañamente hermanas por una belleza particular”, celebra.

Su filme, en cambio, tiene como escenario una de las ciudades más castigadas de Europa. “No, no es fácil vivir en Nápoles. Pero el protagonista, que es el último cuentacuentos, se niega a rendirse. Dice ‘no, yo resisto’, y se obstina en seguir recitando poemas por ahí. Es una película dedicada a los jóvenes, a quienes aman la poesía y el teatro. Y no hay en ella una palabra en inglés, porque en el Mediterráneo no es necesario”, explica.

El proyecto de El último Pulcinella parte de un guión de Roberto Rossellini que iba a desarrollarse en el Nápoles de la dominación española, una “Babilonia infame” según el texto original. Scaparro ha querido en cambio trasladarlo del Seicento a la época actual.

“¿Qué significa hoy ser Pulcinella? ¿Qué significa hoy el teatro? Ésas son las preguntas que quería responder con esta película. Y recordar que el enemigo común del teatro, el cine, el arte, es el castillo de la estupidez y la arrogancia”. Preguntado por este medio sobre si al hablar de estupidez y arrogancia estaba pensando en algún político europeo concreto, despliega una amplia sonrisa: “La estupidez siempre se hace evidente”, agrega.

El director niega que su trabajo sea una anti-Gomorra, —en referencia a la obra del escritor italiano Roberto Saviano, adaptada al cine, que describe la criminalidad rampante en la ciudad— y asegura que la cinta ha sido muy bien acogida en Nápoles, “como demuestra el hecho de que en pocos días hubiera circulando copias piratas”, sonríe.

Apostó desde el principio por “un modo diferente de ver la realidad. Cuando rodábamos allí la ciudad estaba en plena crisis de la basura, pero nosotros no queríamos filmar la basura de las calles de Nápoles, queríamos ver la basura interior”, asevera.

Tras este estreno, Scaparro ha empezado a trabajar en los fastos del 250 aniversario de la unificación de su país, previstos para 2011, donde atraerá los mejores espectáculos de teatro italiano representados en diversas lenguas y espacios escénicos del mundo, y pretende que el Lope de Vega de Sevilla sea uno de ellos.

Scaparro, que conoció a Azcona haciendo un Quijote para la televisión ―“con mucho miedo, porque Rafael decía que los cervantistas son animales peligrosísimos”―, y una posterior versión teatral, muestra cierta preocupación por las artes escénicas en la actualidad. Tiene un largo historial de hombre de teatro: entre sus espectáculos destaca La Venexiana, una comedia anónima del Renacimiento (realizó tres adaptaciones, la última en 2000 en París, con Claudia Cardinale como protagonista); una innovadora versión de Hamlet de Shakespeare (1972), un Cyrano de Bergerac…

En los años ochenta, Scaparro crea el Carnaval del Teatro en Venecia con espectáculos en los teatros y calles de la ciudad; además monta un proyecto multimedia (combinando el teatro con el cine y la televisión) del Don Quijote de Cervantes, contando con Rafael Azcona y Tullio Kezich, y lo estrena en 1983 en Italia.

“Si el teatro es el espejo de los tiempos, es evidente que lo que de malo pasa en el mundo pasa también en el teatro. Si la izquierda y la derecha han decidido que no existen las ideologías, es muy probable que el teatro se contagie de esa actitud. Por un lado, vivimos en un mundo en el que los fanatismos y la estupidez campan a sus anchas; pero soy optimista, porque el teatro lleva existiendo e interviniendo en la sociedad desde hace 3.000 años. Quién sabe, puede que resistamos también todo esto”.

Optimista, sí, pero también consciente de la situación: “No hay el menor apoyo institucional en Italia hacia el teatro, por la sencilla razón de que no hay una intención real del Gobierno por defender la Cultura. En mi país la televisión es más importante que la cultura, la crónica es más importante que la crítica, la audiencia es mucho más importante que la calidad”.

En los años noventa, Scaparro adaptó Memorias de Adriano, la novela de Marguerite Yourcenar. Actualmente, está trabajando en el espectáculo Polvere di Bagdad con Máximo Ranieri, inspirado en Las mil y una noches.

Scaparro fue director artístico de la Bienal de Teatro de Venecia desde 1979 hasta 1982. En 1990 fue nombrado asesor de actividades teatrales de la Exposición Universal de Sevilla 92, luego se convirtió en director artístico del Teatro Eliseo de Roma hasta 1999, año en que pasó a dirigir, en Paris, el Théâtre des Italiens. Desde 2006 es de nuevo director de la Bienal de Teatro de Venecia.

Si se le pregunta qué teatro italiano ayudaría mejor a entender la Italia de hoy. “Para entender el transformismo, sin duda, yo recurriría a la Commedia dell’ Arte. Como aportación a la cultura, dejando a un lado la política, el maestro es Pirandello: él anticipa un momento fundamental para la literatura dramática europea, el nacimiento del cine, mediante la compenetración de tiempos y ambientes distintos. Es un gran precursor. Y luego está el caso de Dario Fo, que es una raza de dramaturgos casi extinguida, la última gran sátira política”, comenta.

¿No hay relevo para estos grandes nombres? Scaparro medita unos instantes y responde. “Sí, yo diría que ese teatro va a tener continuidad en gente joven como Manlio Santanelli o Enzo Moscato.Casualmente, dos napolitanos”, apostilla.

Invitado al Sevilla Festival de Cine Europeo, recibe este 14 de noviembre el Giraldillo de Homenaje de esta muestra, en reconocimiento de su larga carrera.

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