«La religión es la causa de casi todos los problemas»

Michael Radford

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 10 Nov 2011

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Michael Radford (Sevilla, 2011)  | © Antonio Acedo / SEFF
Michael Radford (Sevilla, 2011) | © Antonio Acedo / SEFF

La mirada cinematográfica de Michael Radford parece tan cosmopolita como su propio periplo vital. Hijo de austríaca y escocés, nació en Nueva Delhi en 1946, se crió en el norte de África y ha rodado en los más variados parajes del globo.

Aunque sus mayores éxitos han sido adaptaciones —1984 de George Orwell, El mercader de Venecia de Shakespeare, El cartero de Neruda de Antonio Skármeta— su escuela fue el documental, adonde regresa ahora con Petrucciani, un trabajo de encargo sobre el fascinante pianista francés Michel Petrucciani que, a pesar de padecer una grave enfermedad ósea, llevó una vida hedonista y alcanzó las más altas cotas de virtuosismo jazzístico. De este y otros trabajos habló en su reciente visita al Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Su biografía señala que pasó sus primeros años en Oriente Próximo. ¿Qué recuerdos tiene de aquella infancia?
Para mí fue una infancia paradisiaca, viviendo con mis padres en el Norte de África, Libia, Egipto… Mi padre era coronel del ejército inglés, y tras la salida de Italia y hasta la independencia de Libia, estábamos allí con un mandato de la ONU, como fuerzas administrativas. Recuerdo que estuvimos en Egipto en la crisis del canal de Suez, y luego nos enviaron a Chipre. Imagínate lo que puede ser Chipre con 14 o 15 años, la playa, las chicas… Aquello fue una maravilla.

El hecho de ser hijo de militar, ¿no le alejaba de la población autóctona, de la gente corriente?
Dependía de la situación. Evidentemente, estábamos allí siguiendo el derrumbe del Imperio Británico. Y, al mismo tiempo, era muy importante hacerse amigo de la población local. Pero ya se sabe que eso, entre los jóvenes, nunca es un problema.Estábamos todos juntos del modo más natural.

Sin embargo, esta parte de África no aparece en absoluto en su filmografía, mientras que Kenia, por ejemplo, sí.
En efecto, pero aquella película que hice en Kenia [Pasiones en Kenia, 1987] habla del colonialismo y es en cierto modo mi vida, es la más cercana a mi propia experiencia que he hecho nunca. No refleja mi espíritu, pero sí mis años de formación.

¿Esta filiación mediterránea fue lo que llevó a rodar Il postino [El cartero (y Pablo Neruda)] en la isla de Salina?
Así es. Me encuentro muy a gusto en el Mediterráneo, sobre todo con los italianos. Mis primeras películas documentales las rodé allí, tuve un hijo nacido en Italia, viví en Roma, en Nápoles… Fue extraordinario descubrir que los españoles y los italianos son muy distintos, aunque tengan un modo parecido de afrontar las cosas…

Entonces, ¿no se imagina rodando esas escenas en una playa del Caribe, o de Irlanda del Norte?
No, en absoluto. Han intentado convencerme para que haga una versión americana, y dije que no, no se puede. A veces el Mediterráneo, para uno de fuera, da un poco de frustración, las cosas no vienen fácilmente. Lo he descubierto en Andalucía: todo empieza bien, hay mucha voluntad, y luego empiezan a torcerse, a demorarse, a convertirse en otra cosa… Montar una película en Italia y España exige siempre “conocer a alguien”. Pero me he acostumbrado, me gusta vivir aquí y estar con la gente, por eso aprendí castellano, italiano, francés… En el fondo de mi alma, me siento un poquito más mediterráneo que inglés, no sé por qué.

Puede que le marcara aquella arcadia infantil…
Sí, puede que fuera eso.

La playa de Pollara, donde rodó Il Postino, parece estar amenazada, querían construir allí un gran hotel. ¿Está al tanto?
Sí, escogí el lugar para rodar, pero he preferido no entrar en polémica. Es increíble, toman la arena para llevarla a casa, me han dicho que a este paso van a acabar con la playa… Pero preferiría que no hicieran ese hotel. Orson Welles solía decir: “El mundo está lleno de las conchas vacías de los sitios donde he filmado películas”. Salina, Pollara, es también una concha vacía de aquel filme.

Hay toda una historia de cine rodado en las islas Eolias, que ha dado pie a un festival, el Salina Doc Fest. ¿Se siente parte de esa, llamémosla así, tradición?
Sí, de hecho, uno de los electricistas que trabaja en Il Postino trabajó de muy joven en Stromboli de Rossellini. Me siento muy ligado a esa tradición. Y Kaos, por ejemplo, es una película que me gusta muchísmo…

En 1984 llevó a la pantalla la obra de Orwell 1984. ¿Cuántas veces, desde entonces, ha pensado mientras veía las noticias que el escritor era un visionario?
[Risas] En el momento en que rodé la película, todas las imágenes eran tomadas del mundo real, de la época. Luego entendí que Orwell tenía razón en todo, sobre todo en esta idea: el poder corrompe, siempre.

¿Y cuántas veces, después de rodar El mercader de Venecia, ha creído encontrarse con el viejo Shylock en los periódicos?
[Más risas] Sin duda. Y me ha golpeado mucho el hecho de que Shakespeare haya escrito una obra de teatro muy moderna, sobre los inmigrantes, las relaciones entre grupos raciales, la discriminación, la segunda generación que adopta la cultura de un país, pero tienen también la de los padres… Todo eso está en Shakespeare.

EnPetrucciani, el protagonista aparece no sólo como el ejemplo de superación que ha supuesto siempre, sino también con sus defectos: es un poco mitómano, no se porta demasiado bien con las mujeres… ¿Era su intención desmitificarlo?
Sí, creo que la humanidad existe en los defectos más que en las virtudes. Yo quería mostrar la humanidad de este hombre, que no era un santo —nadie lo es—, y para el cual la verdadera libertad de una persona con su handicap es ser malo. Todo el mundo espera de un discapacitado que sea bueno, como si no tuvieran derecho a otra cosa. Él fue un hombre malo en el uso de esa libertad.

Petrucciani es la segunda película que hace sobre un músico, después de su filme sobre Van Morrison. ¿Qué diferencia hay entre uno y otro?
Una primordial: Morrison estaba vivo, el otro no. Por desgracia, no conocí a Petrucciani en vida, en ese caso habría sido otro tipo de película. El problema con Van Morrison es que, conociéndolo, no fue una gran experiencia [risas].

Después de haber vivido en Oriente Próximo, ¿qué opinión tiene, por ejemplo, de lo que sucede ahora en Israel, de sus tensiones con los palestinos?
Tengo una madre judía, pero francamente creo que un pueblo necesita su libertad, y los palestinos no la tienen.La situación, hasta que los israelíes no acepten que Palestina es un país, no avanzará. Creo que Israel se equivoca, porque al fin van a ofender a todo el mundo. Sólo los Estados Unidos están ahora listos para apoyarlos, pero cuando no lo tengan se van a encontrar con un problema grande. No se puede decir eternamente “somos las víctimas de los nazis”. Tenemos que afrontar los problemas del mundo real.

¿No tiene miedo de meterse en un jardín del que no pueda salir? Mire a Lars von Trier…
[Risas] No, yo estoy muy ligado a Israel, mis películas tienen mucho éxito allí. Y por la ley judía soy judío. Pero si eres una democracia, tienes que buscar un acuerdo entre los dos países. Esa horrible herida abierta debe cerrarse.

¿Ha sentido alguna vez que le invitaban a entrar en el club judaico y que usted rechazaba la invitación?
[Más risas] No, podría ejercer como judío, pero no soy para nada religioso. Para nada. Creo que, por el contrario, la religión es la causa de casi todos los problemas del mundo en este momento. Creo que vivimos mejor sin ella.

‘La Mula’ sigue en el aire 

El director no rehuyó hablar sobre La Mula, el proyecto de adaptación al cine de la novela homónima de Juan Eslava Galán, con María Valverde y Mario Casas en el reparto, cuyo rodaje se encuentra completamente paralizado por desavenencias con los productores:

“Es un escándalo que temo que ponga en peligro otras coproducciones con España. Tenemos el dinero para acabar la película y estrenarla en todo el mundo, pero para eso hay que respetar los acuerdos. No pueden coger la filmación y hacer cualquier cosa. ¿Para qué querría nadie hacer una película de Michael Radford sin Michael Radford?”

Y continúa: “En este momento, los productores españoles han bloqueado los fondos para pagar a la gente que ha trabajado en el filme. Así no se puede estrenar. No consigo adivinar los motivos que les han llevado a comportarse así. Pero todo esto me recuerda a la frase de Napoleón: nunca se puede atribuir a la malicia lo que está basado en la estupidez”.

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