Los fantasmas de Tahrir

Publicado por

Mansoura Ezeldin

Publicado el 22 Abr 2016

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Han pasado cinco años desde la revolución y nos encontramos con la vuelta a un estado policial que parece luchar contra sus fantasmas y tropezar contra su propia sombra. Es lo que demuestra restringiendo las libertades y confiscando el espacio público como nunca antes se había visto.

Nos encontramos en un momento en el que mucha gente que participó en la Revolución de enero ha caído en la desesperación y frustración o se ha inclinado hacia un enfoque reformista que considera que las condiciones actuales no son propicias para la vía revolucionaria. Algunos incluso han simpatizado con el régimen argumentando que la lucha contra el terrorismo es una de las prioridades del país, motivo por el cual hay que apoyarlo y así salvaguardar el Estado.

La revolución se ha convertido en la obsesión del régimen, en una cárcel en la que ha caído preso

Lo cierto es que el propio régimen parece ser el que más vive a la sombra de la Revolución de enero. Es el que más la evoca aunque tratándose, para él, de una pesadilla que podría volverse a dar y por tanto, debe evitarse a toda costa. De tanto empeño por combatir  contra ella y borrar todo lo que la recuerde, la revolución se ha convertido en su obsesión, en una cárcel en la que ha caído preso.

Últimamente, el gobierno parece estar luchando contra sus propios fantasmas a la vez que tropezando con su misma sombra. El pánico ha ido en aumento conforme se ha ido aproximando el quinto aniversario de la Revolución. Una restricción de libertades sin precedentes y el intento de confiscar el espacio público evidencian ese pánico.

Cierre del espacio público

Casi todos los días somos testigos de nuevos ejemplos de falta de libertades. Se nos recuerda continuamente que la libertad de expresión está amenazada. Apenas podemos respirar. Por citar un caso, en un mismo día las fuerzas de seguridad irrumpieron en la editorial Merit, el teatro Rawabet y la galería de arte Townhouse adyacente al teatro, con su consiguiente registro e incautación de los ordenadores de cada sede.

En el caso del teatro Rawabet y del centro Townhouse el gobierno puso como excusa la existencia de irregularidades administrativas, problemas con los impuestos y la falta de una salida de emergencia. Ambos lugares han sido cerrados hasta que se regule su situación legal y se instale una salida de emergencia.

Todos han relacionado el asalto a la librería Merit con su papel activo en la Revolución de 2011

En cuanto a la inspección de Merit, se alegó la existencia de una orden que acusa a la editorial de publicar libros sin el número de depósito legal. Mohammad Hashem, su director, considera que esta trivial acusación es una burla, mostrándose sorprendido en sus declaraciones por la magnitud de la fuerza con que distintos cargos del ejército irrumpieron en la editorial, acompañados por oficiales y funcionarios de las fuerzas de seguridad de la policía.

Obviamente todos han relacionado el asalto y registro de Merit con su papel activo en la Revolución del 25 de enero, cuando la librería de la editorial fue un espacio para los intelectuales y revolucionarios. Hashem, además, participó activamente en el movimiento “Literatos por el cambio” durante los últimos años del gobierno de Mubarak. Más significativo aún ha sido su enorme protagonismo apoyando la polémica escritura vanguardista y sacando valientemente publicaciones sin ningún tipo de reserva o censura desde los inicios de la editorial en 1998.

El 14 del enero pasado,  el poeta y escritor Omar Hazek fue retenido durante cinco horas en el aeropuerto. Finalmente, se le negó viajar a Holanda para recibir el premio PEN de la literatura a la libertad de expresión, un premio que entregan las asociaciones Pen Club International y Oxfam Novib en el festival anual “Escritores sin fronteras” de La Haya. Omar ya había sido detenido en diciembre de 2013 acusado de manifestarse sin permiso en una protesta pacífica. Sentenciado a dos años de cárcel, fue puesto en libertad tras una amnistía del presidente el pasado mes de septiembre.

Aquel mismo día en que se prohibió viajar a Omar Hazek, fue detenido el médico y activista político Taher Mukhtar. Resulta chocante que uno de los cargos por el que se le acusó fuera el “haber participado en la Revolución de Enero” cuando la propia constitución vigente en el país reconoce esta revolución.

Por si fuera poco, el mismo 14 de enero, las fuerzas de seguridad irrumpieron en la sede del periódico digital Masr Alarabia para su correspondiente registro, confiscación de ordenadores e interrogatorio al director administrativo, Ahmad Mohammad Abd Al Jawad.

Indecencia

El régimen actual egipcio, como bien ha dejado saber, hace un llamamiento a la “renovación del discurso religioso” y lucha contra el terrorismo y el fundamentalismo islámico. Sin embargo, lo que en realidad ocurre es que las mentalidades que actualmente están en el poder son conservadoras y no toleran ninguna proposición contraria al amo y señor. Así lo demuestran mientras sigan juzgando a intelectuales y académicos por cargos arcaicos como son “el desprecio a las religiones” o “la ofensa de la decencia pública”.

“La creatividad debe estar sujeta a lo que obliga la ley islámica” argumenta la acusación

Por poner un ejemplo, en octubre pasado, un tribunal egipcio apoyó la sentencia del investigador Islam al Buhairi a cinco años de cárcel bajo la acusación de desprecio a las religiones. Hablamos de un cargo que se remonta al Código Penal egipcio de 1884. La primera sentencia se ejecutó en mayo de 2015 aunque la defensa la recurrirá el 26 de enero.

Del desprecio a las religiones a otras acusaciones no menos absurdas como la “ofensa a la decencia pública”. Hace unos días el tribunal de Doqqi ha sentenciado a la productora de cine Rana El Sobky a un año de cárcel, trabajos forzados, una fianza de cinco mil libras egipcias y una multa de otras diez mil por haber dañado la decencia pública en la producción de la película Regatta.

La acusación argumentó que “si el derecho a la creatividad fuera garantizado por la Constitución, esa creatividad se restringiría a ésta; así se menciona en el artículo 2 de la Constitución que dice: el Islam es la religión del Estado y los principios de la ley islámica son la principal fuente de legislación. La creatividad, por tanto, debe estar sujeta a lo que obliga la ley islámica en lo que respecta a no fomentar el desorden público y a la adecuada educación de las nuevas generaciones”.

Las películas pasan por la censura antes de su producción pero parece que ni esto protege contra juicios

Cabe destacar que, en el caso del cine, a diferencia de la literatura, las películas pasan por la censura antes de su producción. Las escenas se someten a censura con antelación para obtener el visto bueno. Sin embargo parece que haber conseguido esa aprobación no asegura la proyección final.

Al igual que Rana El Sobky, el escritor Ahmad Naji ha sido juzgado por ofensa a la decencia después de que un ciudadano lo denunciara por haber publicado un capítulo de su novela El uso de la vida en el periódico Akhbar Al Adab. El tribunal lo declaró inocente tanto a él como al redactor jefe del periódico en la sentencia que tuvo lugar el pasado 2 de enero.

La defensa del escritor se basó en varios puntos, entre ellos: “La inconstitucionalidad del juicio al escritor en el Código Penal; la libertad creativa garantizada por las leyes y la Constitución; la particularidad de la literatura, cuya lectura escogida de un pasaje en concreto debe entenderse dentro de su contexto narrativo sin que sea sacado de éste y pueda dar pie a otras interpretaciones; los libros de fiqh (jurisprudencia islámica), tafsir (exégesis coránica) y crónicas de nuestro propio legado como ejemplo, fuentes escritas cuya autoría no se muestra avergonzada por palabras que podían ofender la decencia del denunciante o a la fiscalía; y, por último, un error en el registro y la descripción de la acusación cometido por la fiscalía”.

No obstante, la fiscalía ha impugnado la absolución y está previsto que el redactor jefe del periódico, el escritor y la novela sean sometidos a juicio de nuevo el próximo 6 de abril.

Si tratamos de encontrar una lógica a lo que está sucediendo o una línea de actuación conforme a los hechos sería inútil. Parece ser que la incoherencia es el objetivo y la ambición del gobierno. Es como si a través de la falta de lógica e inexistencia de normas se previniera la reacción del régimen sobre un acto concreto utilizando sus medios de control e intimidación, atemorizando y propagando la incertidumbre general, tanto entre partidarios como opositores.

La lucha por el espacio público

A pesar del fracaso de la Revolución del 25 de enero en alcanzar sus objetivos, debemos destacar un gran logro: haber conquistado el espacio público, liberándolo del control del gobierno. Desde 2011 han salido a la luz organizaciones y grupos sociales que habían desaparecido de la escena pública durante mucho tiempo. La sociedad ha empezado a conocer su diversidad y a darse cuenta de sus diferencias, no aceptadas siempre por todos.

Desde el principio, la revolución se convirtió en un carnaval, en un conjunto de actuaciones al aire libre

Desde el principio, la revolución se convirtió en un carnaval, en un conjunto de actuaciones al aire libre. A pesar de la violencia y de la caída de cientos de mártires, las manifestaciones se caracterizaron por un ambiente festivo que recordaba a los espectáculos callejeros. Era normal ver a gente cantando al unísono, presentando pequeños sketch artísticos o recitando poesía.

Cuanto más ha sido oprimida la revolución, el arte salido de ella –desde el grafiti, el teatro callejero o canciones innovadoras- nos la ha seguido recordando y mostrando. Un ejemplo es el festival “El Arte en la Plaza” que aspiraba a llevar el arte a las calles, una iniciativa que tuvo lugar los primeros sábados de cada mes durante el periodo que pudo durar el festival. Sus organizadores tuvieron problemas de financiación y trabas en cuestiones de seguridad, lo que les obligó a suspenderlo.

Las fuerzas de seguridad del Estado presionaron para poner fin al festival “El Arte en la Plaza”, de la misma manera que actuaron contra asociaciones culturales independientes y trataron de confiscar el espacio público y su socialización.

Revolución “Hashtag”

Internet ha jugado un papel importante en la Revolución del 25 de enero, sobre todo a través de las redes sociales. Algunos bromearon acerca de la convocatoria para una revolución creada como “evento” en Facebook. Pero cuando arrancó, se extendió y llegó a amplios sectores de la población, muchos no dieron crédito a la velocidad de respuesta de millones de ciudadanos. Sin embargo, ahora se ha quedado atrapada; el régimen actual penaliza las manifestaciones sin permiso. Alega que él es el camino para llegar al éxito de la revolución a pesar de que sus acciones se contradicen con la causa revolucionaria.

El 25 de enero ha vuelto a refugiarse en las redes sociales. Esta vez junto al hashtag “#yo_participé_en_la_Revolución_de_enero”, compartido por muchos que consideran importante defender la revolución y adherirse al sueño e idea revolucionarios. Justamente en un momento en el que participar en ella se ha convertido en una acusación oficial de la policía, como ha ocurrido en el caso del médico Taher Mukhtar.

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