«Las feministas deberíamos respetar los lugares de culto»

Amina Tyler

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Publicado el 16 Feb 2017

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Amina Tyler (Túnez, Enero 2017) | © Alicia Alamillos
Amina Tyler (Túnez, Enero 2017) | © Alicia Alamillos


Túnez | Enero 2017
| Con F. J. Calero

El cuerpo desnudo como protesta es la marca del grupo de activistas europeo Femen. “Eso no os atrevéis a hacerlo en países árabes” es un clásico entre las respuestas a sus reivindicaciones.  Sin embargo, en 2013, una joven tunecina llamada Amina Sboui, más conocida como Amina Tyler, sacudió el país musulmán con una foto de su torso desnudo y el mensaje “Mi cuerpo me pertenece” trazado en negro, identificándose como parte de Femen. En el país árabe con la legislación menos religiosa, la imagen de los pechos de Amina y una pintada en un cementerio le trajeron una fetua que pedía cien latigazos como castigo, palizas, cárcel y acoso. Tres años más tarde, tras pasar por prisión y finalizar sus estudios en Francia, Amina ha regresado a su Túnez natal.

«Quiero seguir llevando a cabo acciones como las que he hecho, pero trato de no repetir»

Aunque no ha vuelto a acciones tan polémicas, no deja el activismo y colabora con asociaciones como Shams, que aboga por la despenalización de la homosexualidad. Es ejemplo para algunos, hombres y mujeres, especialmente desde que se convirtió en la primera mujer árabe en proclamar su homosexualidad en televisión. También la ven “demasiado radical” muchos tunecinos que no aceptan sus formas, sus “ganas de llamar la atención” y de provocar a la tradicional sociedad del país magrebí.

“Hay quienes me ven como un símbolo. Quizá lo que yo hice movió a otros a repetirlo, pero yo no lo hice para ser un símbolo”, asevera en una cafetería del pequeño pueblo costero tunecino de Sidi Bou Saïd, de casas blancas y ventanales azules.

¿Cómo se combate el sexismo y la intolerancia en un país como Túnez? ¿A través de las instituciones, con iniciativas como la suya? 

No se puede esperar que una asociación resuelva todos los problemas del mundo árabe. Cada uno debe luchar. Yo soy partidaria de acciones valientes, impactantes, para que surjan debates. Que sea impactante para el pueblo, ya sea con Femen u otros grupos, salir en Burguiba (principal avenida de la capital) con pinturas, obras de teatro… Es muy guay, la gente adora estas acciones aunque a la mayoría no les gusta. También la polémica, la acción para protestar por la ley que permite al violador casarse con la víctima… En Túnez hay movimientos muy activos. Yo dejé Femen en 2013, y en Shams participo desde hace mucho tiempo. No soy miembro, pero si mi imagen puede ayudar a la asociación, genial. Ellos me han dicho que mi presencia puede ayudarles, pero no soy su portavoz.

¿Continuará con acciones como la de la foto?

«El sexismo se combate a partir de la educación; hay que lograr que las mujeres despierten»

Quiero seguir llevando a cabo acciones como las que he hecho, pero trato de no repetir. Trato de que sean impactantes para que haya debate en Túnez. Ahora no veo la necesidad de realizarlas. El sexismo sobre todo se combate a partir de la educación; hay que lograr que la gente despierte, que las mujeres despierten y no permitan que sus maridos las golpeen, ni que les insulten por la calle. No deben ser sumisas. Un hombre no les va a liberar, no va a ser un político… Las mujeres deben ser fuertes para luchar contra el sexismo. En Túnez están mejor que otros países porque son independientes económicamente. La mayoría de mujeres trabaja ahora, como profesora, doctora o haciendo cosas para comer y luego vendiéndolas. Cada mujer trata de ganar su propio dinero para educar a sus hijos o para poder dejar a su marido si no está a gusto con él. Para ello hay que aumentar las posibilidades de que puedan trabajar.

Hay ahora más mujeres que hombres en las universidades en Túnez.

Porque los tíos tunecinos no quieren terminar los estudios, son tan idiotas que no quieren ir a la universidad. No les hace falta. No es porque estén en la mezquita, es una cuestión de tradición, de malas costumbres, de conservadurismo. Nada que ver con la religión. En Túnez los integristas son minoría, todo el mundo bebe y fuma, sale de fiesta. Así es.

Amina Tyler, con el mensaje "Mi cuerpo es mi propiedad y no el honor de nadie" (2013) | © Amina Tyler
Amina Tyler, con el mensaje “Mi cuerpo es mi propiedad y no el honor de nadie” (2013) | © Amina Tyler

Cuando publicó sus fotos con el torso desnudo en Facebook en marzo de 2013, ¿cuáles eran sus intenciones?

En aquella época, en 2013, había muchos movimientos salafistas en Túnez, que hoy llamamos terrorismo o Estado Islámico, insoportables respecto a los derechos de las mujeres. Los movimientos de protesta de entonces no eran muy efectivos. Querían que la poligamia fuera legal, que el aborto fuera ilegal, querían que la mujer estuviera por debajo del hombre, etc. Pensé que era necesario hacer una acción para llamar la atención sobre lo que pasaba. Lo pensé durante seis meses, hablé con mis amigos, hablé sobre todo conmigo misma. Estaba preparada para todo lo que podía pasarme. El resultado, atendiendo a los derechos de la mujer, fue positivo, porque todo el mundo hablaba de feminismo después de lo que yo hice.

¿Valió la pena?

«No me esperaba tanto odio, pero repetiría la foto, por supuesto. No la lamento para nada»

No me esperaba las amenazas de muerte. Sabía que iba a haber mucha gente que no iba a estar de acuerdo, pero no esperaba tanto odio. No pensaba que hubiera tanta agresividad en la reacción de la gente. Pero lo repetiría, por supuesto. No lo lamento para nada. Especialmente en el contexto en el que lo hice: el año en el que yo subí la foto, la situación de Túnez y de otros países árabes… tenía que hacer algo así.

“Actos contrarios al islam”

De visita en Kairuán -considerada una ciudad santa del islam- para protestar contra un congreso de los radicales de Ansar al Sharia, grupo ahora ilegazado, Amina realizó una pintada en el muro del cementerio y firmó la acción como Femen. Señalada por el Gobierno -entonces formado por una coalición liderada por los islamistas de Ennahda– de cometer actos provocadores contrarios al islam, fue encarcelada en la prisión de Messadine, donde permaneció tres meses antes de ser juzgada y condenada por posesión de gas pimienta.

¿Ya tenía contacto con Femen entonces? ¿Por qué dejó la organización?

En 2013, vi una foto de Femen delante de la Torre Eiffel que me gustó mucho. Me tocó. Y con lo que pasaba en Túnez, el movimiento que resistía a la subida de los integristas… Pensé si unirme o no, y finalmente subí la foto. Cuando salí de la cárcel decidí dejar Femen, no vi el interés de hacer una acción cuando se celebra un rezo en una iglesia o una mezquita. Eso no me gusta, porque va en contra de movimiento de culto.

En otras entrevistas se ha comentado que se fue por la islamofobia de Femen…

No me gusta que la presidenta del movimiento, hija de un militar, sea un poco como Stalin con el resto de miembros del movimiento. Pero Femen no es islamófobo ni cristianófobo. Yo tampoco lo soy. Lo que sí que hay que hacer es respetar los lugares de culto, mezquitas, iglesias, sinagogas… creo que son espacios de espiritualidad para la gente que han elegido esos sitios para rezar y no soy nadie para interrumpir su rezo. Pero sigo siempre las acciones de Femen y cuando estoy de acuerdo con lo que hacen, las apoyo.

¿Es cierto que Túnez es el país del mundo árabe más progresista en temas de libertad individual?

«Yo no soy musulmana, nadie es musulmán en Túnez, la gente es musulmana por tradición»

Ninguna sociedad ha evolucionado lo suficiente, ni la tunecina, ni la italiana… Son ovejas consumistas… Femen, por ejemplo, no es aceptado en Francia tampoco. En Túnez no quieren cosas nuevas, que les dejen tranquilos como están. Esto no debe parar a un activista.

¿Es el islam político compatible con el sistema tunecino, laico?

Hay ateos que son más homófobos que muchos creyentes. La religión no tiene nada que ver. En la URSS, que eran ateos, quemaban iglesias. No es cuestión de religión. La persecución a minorías y la situación de la mujer (en Túnez) no tiene que ver con la religión. Yo no soy musulmana, nadie es musulmán en Túnez, la gente es musulmana porque lo son sus padres. Lo son por tradición. Si veis cómo vivimos, no he visto musulmanes. Algunos van a la mezquita a expiar lo que hacen, porque son ladrones o violadores y hacen sus rezos.

Túnez se enfrenta a una crisis económica, con manifestaciones contra el paro, sin turistas desde los atentados de 2015… ¿Espera que se produzca un crecimiento de movimientos salafistas?

En 2019 tenemos elecciones. Estaba claro que Nida Tunis (partido laico que ganó las elecciones parlamentarias en 2014 y gobierna en coalición con Ennahda) se iba a dividir. Es un partido que no se basa en una ideología o un programa, sino sólo se en un “Contra los islamistas”. Nadie ha leído su programa, los han votado para que Ennahda no ganara las elecciones. Pero Ennahda no puede ganar, tiene un techo del 25%. Los tunecinos están hartos de los islamistas, los integristas, salafistas… todo lo que termine en ‘istas’.

¿Cambia algo respecto a 2013, cuando hizo su foto?

«Que la mujer sea dueña de su propio cuerpo no es normal hoy pero lo será. Lucho por ello»

La represión contra las mujeres está reduciéndose. La influencia de los salafistas ha bajado, son los más odiados, aún más que los homosexuales. Las mujeres están tranquilas. Es por los atentados, a causa de la situación económica en Túnez, del turismo… La gente no está acostumbrada a ver esto así (sin turistas); es nuevo. No se les va a aceptar, sobre todo por los atentados.

Hay quien dice que hay que defender los derechos de la mujer, pero no de manera “tan radical”, o “respetando la cultura propia del país”.

Hay que dejar claro que antes, tampoco la educación de la mujer estaba aceptada, era imposible salir de casa. Era imposible legalizar el aborto, prohibir la poligamia… Que la mujer sea dueña de su propio cuerpo no es normal hoy pero lo será. Lucho porque esto cambie.

¿Ha mantenido debates al respecto de los derechos de la mujer y su activismo con algún salafista tunecino?

En los debates no muestran su parte: cuando discuten están en una posición de debilidad. “El islam ya le da dignidad e independencia a la mujer”, sostienen. Cuando hablas con un salafista, dice que la mujer es libre y puede trabajar, pero cuando tienen el poder quieren hacer lo que se hace en Arabia Saudí, Iraq o Siria.

Pasó parte de su infancia en Arabia Saudí. ¿Cómo le afectó la experiencia?

«Por eso que no me gustan las feministas europeas: ¿cómo se va a poder apoyar algo como el burkini?»

Tenía 9 cuando vivía en Arabia Saudí y volví a Túnez a los 12. No sabía a esa edad la diferencia entre el hombre y la mujer, que la mujer tenía menos derechos… en Arabia Saudí vi que la mujer no podía salir de la cocina, y eso me impactó, porque yo soy una mujer, y no tengo derecho de hacer lo que hace un hombre. Mi madre me decía que estábamos en un país islamista, que había que hacer lo que dios pide hacer. A veces me decía que cuando fuéramos a Túnez podía hacer lo que yo quisiera.

Durante los días de la polémica por el burkini, muchas feministas españolas defendieron el uso del burkini y el velo como otra forma de lucha feminista.

Es por eso que no me gustan las feministas europeas. ¿Cómo se va a poder apoyar algo como el burkini? Yo soy favorable a su prohibición, estoy contra el burkini totalmente. Es un medio de sumisión, los velos, y burkinis, y todo eso. Cuando fue prohibido el velo en Túnez, no se registraron muertes por ello. Se debe respetar a la mujer.

¿Cree que las feministas europeas “miran por encima del hombro” a las feministas de países árabes?

Sí que nos subestiman las feministas europeas, es un problema de superioridad. No piensan que las mujeres tunecinas o marroquíes sean capaces de cambiar las cosas. Y sin embargo la historia prueba que las feministas árabes han conseguido más cambios que las feministas francesas, desde siempre.
Lo que es triste del feminismo europeo es que las mujeres creen que lo tienen ya todo, que no tienen nada que temer. Que no necesitan el feminismo. Es lo que vi en Francia, en todo caso. Ellas están tranquilas, lo tienen todo. Y no es así.

Amina Tyler (Túnez, Enero 2017) | © Alicia Alamillos
Amina Tyler (Túnez, Enero 2017) | © Alicia Alamillos

¿Son así las feministas en Francia?

El feminismo francés está demasiado dividido. En Túnez no, aquí todo el feminismo trabaja unido. Hay diferencias, claro, pero todo el mundo lucha unido por la misma causa. En Francia no es el caso, pasan todo el tiempo insultándose. Lo que más me ha decepcionado es el asunto de la prostitución: no me parece normal que no se haya legalizado. La prostitución va a seguir siempre, y las prostitutas van a estar peor pagadas y humilladas si no se legaliza.

¿No cree que la prostitución es una forma de someter a la mujer?

«En Francia hay mezquitas por todas partes, o escuelas islámicas, que están prohibidas en Túnez»

Si trabajas como profesor, es un coñazo aguantar a los alumnos. Es un coñazo ser prostituta pero es un trabajo como cualquier otro. Las prostitutas no son sumisas, para nada. Por supuesto que hay situaciones horribles, clientes malos, pero como cada trabajo en el mundo. Todos los trabajos son así.

¿Cree que las políticas francesas tachadas por algunos de “islamófobas” están generando un efecto rebote contra el trabajo de feministas y laicistas en países musulmanes?

Francia no es islamófoba. Para nada. Lo ha podido ser en ciertos momentos pero no siempre. Hubo un gran escándalo por la chica con el crucifijo y nadie decía que era por ser cristianófobos. Yo lucho por la laicidad, por que la religión sea algo íntimo y personal, no para la vida pública. En Francia hay mezquitas por todas partes, o escuelas islámicas, que están prohibidas en Túnez. También la bandera de la sharia está prohibida aquí, por ejemplo. Por supuesto que hay racistas en Francia. No creo que sea normal pegar a una mujer porque lleve un velo. Hay que cambiar la mentalidad de esas personas, pero no se puede decir que Francia sea islamófoba. A los judíos tunecinos no se les permite ir con la kipá: la meten en su bolso, se la ponen en la sinagoga y luego se la quitan rápidamente, porque la sociedad tunecina no lo va a aceptar. La gente es racista con lo desconocido. Sea en Francia, Túnez y por todo el mundo.

Tras regresar a Sidi Bou Saïd el año pasado, un grupo de personas recogieron firmas para expulsarla de la ciudad, ha recibido palizas… ¿Ha cambiado su vida?

Claro que ha cambiado mi vida. Ahora presto mucha más atención a dónde voy, por dónde salgo, no ir a cierto barrio porque es peligroso… Hago más por protegerme. No puedo ir a cualquier barrio en Túnez. De algunos sitios puedo no salir viva. La gente me conoce, reconoce mi cara en todas partes. Ahora presto más atención a cómo salir, con quién salgo, si es un barrio que no conozco, etc. Recibo siempre amenazas de muerte, no en un momento dado. Siempre, siempre, siempre.

¿Cómo es convivir con gente que desea echarla?

«Recibo siempre amenazas de muerte, no en un momento dado. Siempre, siempre, siempre»

El que organizó las firmas para expulsarme de Sidi Bou Said quería ser candidato para alcalde, quiso hacer campaña conmigo y por desgracia para él no lo consiguió. Las firmas no me dan ganas de parar. Si algún día siento ganas de parar, no será algo así lo que me detenga. Sobre todo porque yo vivo aquí en la colina, los que firmaron viven lejos de aquí, no me conocían. Eran jóvenes. Los adultos y personas mayores no hacen eso, son los jóvenes, son feos, no tienen chicas en su vida, no han estudiado, no han terminado sus estudios, no tienen trabajo, están todo el día en una terraza con un café y van juzgando a la gente que va por la calle.

¿No hay amenazas más institucionales?

No hay políticos ni grupos políticos que insten a romper la puerta de donde vivo, pero la gente ya es racista, sexista u homófoba, y no necesitan a nadie para que les incite a hacerlo. Las palizas no me han detenido. Yo escribo sobre todo y vivo aquí porque es tranquilo y bonito. Mis padres viven en la Ariana, a diez kilómetros de aquí. No he pensado irme. Ir a París vino de pronto, volver a Túnez también. No lo pensé por mucho tiempo, no lo tengo claro. Sí me gustaría irme a vivir a América Latina. Pero me gustaría seguir escribiendo en relación con la situación de Túnez.

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