«Donde hay movimiento de dinero, hay criminalidad organizada»

Santo Piazzese

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 3 May 2017

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Santo Piazzese | Foto promocional / Cedida por Siruela
Santo Piazzese | Foto promocional / Cedida por Siruela


Sevilla | Enero 2017

Aunque el panorama de la novela negra, y en concreto de la novela negra mediterránea, empieza a parecerse al camarote de los hermanos Marx, siempre hay sitio para uno más, a condición de que sea bueno. Santo Piazzese (Palermo, 1948) lo es, y su carta de presentación en España, Asesinato en el jardín botánico, recién editado en España por Siruela aunque apareció por primera vez en 1996, viene a descubrir a un detective (sin placa ni pistola) que promete dar mucho juego: se llama Lorenzo La Marca y, como su padre literario, es profesor de biología.

La capital de Sicilia, que en los últimos meses ha sido noticia por haber sido declarada Capital Italiana de la Cultura 2018, es el barroco telón de fondo de una intriga que discurre en los pulcros –y sin embargo turbios– ambientes universitarios. Además de esta novela, Piazzese ha publicado La doppia vita di M. Laurent (1998), Il soffio della valanga (2002), y Blues di mezz’autunno (2013). Recientemente visitó España para promocionar su obra, y conversó con MSur vía telefónica.

Una novela negra palermitana sin mafia, ¿quería huir del cliché?

Digamos que en la idea original había una mezcla de varias cosas, entre las cuales estaba eso, sí. Una de las formas de condicionamiento mafioso es precisamente la obligación de escribir libros sobre la mafia. En realidad, mis dos primeros libros son percibidos como libros sin la mafia, aunque en realidad es más preciso decir que son libros en los que ésta no es protagonista. En mi escritura he tratado de hacer un esfuerzo muy razonado, muy intenso, para dar una idea de la presencia de la mafia en la realidad palermitana, pero de una forma que hace inútil hablar de ella de un modo explícito.

Porque estar, sí que está ahí, ¿verdad?

«Según una estadística, de cada cincuenta sicilianos, uno es mafioso»

Claro. Por ejemplo, ese paseo de domingo en el primer capítulo en el que el protagonista atraviesa el centro de Palermo encontrándose con mucha gente y haciendo comentarios. Y uno de esos comentarios parte de la estadística elaborada hace algunos años sobre el componente mafioso de la sociedad siciliana. Según esa estadística, se había llegado a la conclusión de que de cada cincuenta sicilianos, uno era mafioso. La Marca, por supuesto, no rechaza esta afirmación. Así que durante el paseo, comienza a contar a las personas que se va encontrando hasta que se encuentra con la persona número 50 que, según la estadística, debería ser mafioso. Sin embargo, este número cincuenta era un viejecillo, nada peligroso…

¿Qué más pistas hay?

Después hay algunas referencias a la realidad mafiosa también con la imagen de las mujeres que bajan de Mercedes con sus abrigos de pieles, y que quizás firman con una cruz porque no saben ni leer ni escribir. Esta es una clara referencia a la realidad mafiosa que existía hace unos años. O los chavales con los que se encuentra que van en moto por las aceras de Mondello. Esta también es una referencia clara al comportamiento mafioso, tiene un componente de realidad social. Pensaba que era más eficaz esta opción, hablar de un modo tangencial de la mafia, más que de una forma directa y analítica. También porque para hablar de esa forma directa y analítica hace falta estar dentro o ser investigadores de la mafia, y no es mi caso.

¿No son todos los sicilianos, quien más, quien menos, un poco expertos en el fenómeno?

Probablemente, en mi vida me habré encontrado con mafiosos, como cualquier palermitano, aunque no fui capaz de identificarlos claramente… Nadie camina con el cartel de “mafioso” escrito en la frente. No son reconocibles a simple vista. Probablemente no hay mafiosos en el ambiente que frecuento. Hasta el 2010, cuando dimití fui investigador de biología molecular en la Universidad de Palermo.

¿Sería muy fácil hacer el chiste de que la Universidad sea otra clase de mafia?

«Existe una mafia universitaria, la de los grandes profesores, pero esto ocurre en todo el mundo»

No se puede decir que la Universidad sea inmune a la mafia. Existe una mafia universitaria, la mafia de los grandes profesores, pero esto ocurre en todas las universidades del mundo, no solo en la Universidad de Palermo. Esta es la única mafia de la que tengo conocimiento directo. Evidentemente también tengo conocimiento indirecto de la mafia a través de los periódicos, de lo que se escribe y se dice sobre los jueces, sobre los policías, tengo también amigos policías, escritores… He conocido al jefe de la Policía italiana Antonio Manganelli, que murió hace unos años. Fue el mejor policía italiano de los últimos años, un hombre de gran sentido común, una pena que haya muerto tan joven, una vez cenamos juntos… Era un gran investigador. Pero no, no tengo una experiencia directa de la mafia que me permita analizar el fenómeno.

En todo caso, Asesinato en el Jardín Botánico llama la atención por ser un giallo sin bajos fondos. Se desarrolla casi toda en el centro histórico, ¿es deliberado?

El protagonista es un exponente de la vieja burguesía palermitana. Su trabajo le lleva a encontrarse con otros burgueses o pequeñoburgueses. Aunque se ha convertido en profesor universitario, no frecuenta esos ambientes, los salones de la ciudad, de la buena burguesía palermitana. Él vive en la sociedad de en medio, digamos. No frecuenta los bajos fondos porque no hay un motivo literario para hacerlo.

La zona centro por la que se mueve La Marca es maravillosa, si me permite la opinión…

Él vive en la zona de I Quattro Mandamenti [compuesta por la Kalsa, Albergheria, Seralcadio y La Loggia]. Cuando escribí la novela, el centro histórico de Palermo no había sido conquistado aún por la burguesía. Este centro ha sido, digamos, recalificado desde el punto de vista urbanístico después y a partir de ahí, sobre todo los jóvenes de la burguesía palermitana han comenzado a trasladarse. Pero en la época en la que he ambientado la novela era el barrio popular de Palermo, un barrio de mercados populares, donde vivían y hacían la compra los proletarios. Y él frecuenta estas zonas que no son bajos fondos. El bajo fondo no es automáticamente el barrio proletario, ¿eh? El barrio proletario tiene cierta nobleza. El bajo fondo es el barrio malavitoso, de alta criminalidad. Y uno de los barrios malavitosi de Palermo, es la extrema periferia. … Yo nací en la periferia, en una zona que cuando me marché de allí era una zona muy pobre.

¿Cuando habla de periferia se refiere a rincones como Brancaccio, por ejemplo?

«Todos mis compañeros en el colegio eran hijos de pescadores o de campesinos»

Yo vengo de Romagnolo, junto al mar, en la carretera estatal de Messina, que discurre junto al mar. Era un pueblo de pescadores, todos mis compañeros de clase, en el colegio, eran hijos de pescadores o de campesinos. Un par de compañeros y yo éramos la excepción. Mi padre era un militar de carrera, trabajaba para el Estado. El padre de uno de los otros chicos era maître en un restaurante y el del otro era conductor de la línea metropolitana de Palermo. Era gente muy pobre, pero orgullosa de lo que hacían. No había mafia en aquella época, ahora sí. Ese es uno de los barrios que más ha sufrido lo que en Italia se ha conocido popularmente como “el saqueo de Palermo”. La ciudad, con su expansión centrífuga, ha construido sin ningún criterio en la periferia, destruyendo completamente el tejido social. Y aquí es donde hoy en día se admira en mayor medida la actividad mafiosa, pero no solamente mafiosa, también de la malavita, pero no mafiosa. Porque evidentemente no toda la malavita es mafiosa.

Hace poco estuve en Catania, y me dijeron que Palermo es hoy la única ciudad siciliana donde todavía se dispara con pistola. ¿Es cierto, o son difamaciones de provincias?

«En Palermo no hay homicidios de mafia desde hace 10 años, lo que no quiere decir que la mafia no exista»

No, en Palermo no ha habido homicidios de mafia desde hace al menos diez años; quizás habrá habido solo uno, hace alguno años. Lo que no quiere decir, insisto, que la mafia no exista. Estamos contentos de que ya no haya 150 homicidios al año como en los años 70 y 80. Aunque esto necesariamente no es una señal positiva, porque quiere decir que la mafia se siente con tanta fuerza que ya no necesita ajustar sus cuentas de una forma tan dramática, tan totalizante. La mafia en estos momentos ha sufrido un proceso que en italiano se llama kárstico. La palabra kárstico viene de una zona geográfica que se llama el karst y que se encuentra en el límite entre Austria, Italia y Eslovenia. Es un altiplano con alto componente de yeso, jalonado de pequeños riachuelos que, en un determinado momento se hunden, desaparecen por un agujero en la roca, aparentemente desaparecen de la vista, aunque en realidad estos riachuelos siguen su camino en el subsuelo, y vuelven a aparecer a decenas de kilómetros de distancia, en puntos insospechados. Ahora hemos empezado a darnos cuenta de que un mismo río que desaparece en un punto es el mismo que después aparece en otro punto lejano.

Y esto es exactamente lo que la mafia ha decidido hacer en estos últimos años…

«La mafia siciliana ya no es la organización criminal más grande de Italia»

Así es. Hundirse. No desaparecer como institución criminal sino desparecer de la vista de la sociedad, del hombre que vive en Palermo, que vive en Sicilia. Pero en el subsuelo continúa haciendo su camino como los ríos kársticos y aparece en lugares insospechados, normalmente lugares donde hay dinero. Los investigadores americanos dicen que para entender los caminos de la mafia hay que seguir la estela del dinero. Donde hay movimiento de dinero seguramente hay criminalidad organizada. La mafia siciliana ya no es la organización criminal más grande de Italia. Quizás no es ni siquiera ni la segunda ni la tercera. La más importante es la calabresa, la ‘Ndrangheta . Tiene una facturación anual superior a un Estado de pequeño tamaño.

Lorenzo La Marca es un hijo del 68. ¿Recuerda cómo era la Palermo de aquel tiempo?

Una vida muy convulsa para quien en esa época era estudiante universitario y participaba. Porque siempre eran una minoría los que participaban, y supongo que en España también fue así. Eran fenómenos de masas, pero que representaban solo a un porcentaje de la masa total de los estudiantes. Es un periodo que estoy contento de haber vivido desde dentro. Participé muy intensamente en todas las actividades que hoy en día se asocian con el 68, las ocupaciones, las alternativas, discursos políticos, la lucha para crear una alternativa política a la democracia cristiana, al estado burgués y todo esto. También éste ha sufrido el reflujo de la última mitad de los años 70 y que después con el paso de las décadas, ha llevado al berlusconismo en Italia y a todo lo que ha venido después, que es algo que no sabremos cómo evolucionará…

Usted dice que Palermo es el único lugar del mundo donde puedo ejercer libremente y sin censura el ius murmurandi. ¿Puede explicarse?

Me refiero al derecho a lamentarse. Esto viene del Derecho Romano, en tiempos del Imperio y también antes, durante la República. Los soldados romanos tenían una serie de restricciones pero también algunos derechos; uno de ellos, no el principal pero tampoco de los menores, era el ius murmurandi, el derecho a decir: “Se ha cometido una injustica contra mí”. Así que tenían el derecho a lamentarse pero no solo por el hecho en sí de hacerlo, sino derecho a lamentarse para cambiar las cosas. Esto es algo que he enfatizado mucho en este retrato de Palermo. Con pocos límites, creo que es uno de los sistemas que permite a los palermitanos vivir en su sociedad. Tenga en cuenta que en Palermo, si se tiene un trabajo y una casa, se vive muy bien. Por lo tanto, el término sobrevivir quizás es un poco despropósito. El verbo sobrevivir deberían usarlo más bien gente que no tiene trabajo, que no tiene un gran futuro por delante. El significado grosso modo de la expresión latina era este.

En su libro, Lorenzo La Marca habla de “quemar los libros de Vázquez Montalbán”. ¿Es una broma o un homenaje?

«Imagino un cuadro en el que tres grandes intelectuales españoles queman libros de Vázquez Montalbán»

Es un homenaje. Pepe Carvalho quema solo grandes libros, no de escritores mediocres. Yo he imaginado una alegoría, un cuadro, un cuadro alegórico en el que se ve a tres grandes intelectuales españoles, no me acuerdo de los nombres pero quizás eran los tres más grandes de la época, que quemaban libros de Vázquez Montalbán. Es una especie de venganza a lo Carvalho. Vázquez Montalbán es uno de mis referentes literarios, no solo por la novela policiaca y la novela negra, sino por toda la literatura contemporánea.

Dicen que Camilleri ha sido muy importante en su carrera. ¿El personaje de Montalbano ha sido una verdadera revolución literaria, o solo un éxito comercial?

«Camilleri y yo hemos sido de algún modo “víctimas” de Vázquez Montalbán»

Sobre la primera parte, me temo que debo desilusionarle, al igual que he hecho con otros colegas suyos periodistas que me han preguntado al respecto. Cuando publiqué mi primer libro, en 1996, yo aún ni sabía de la existencia de Camilleri. Y me acuerdo que el día en que mi editora, Elvira Sellerio, me citó en la editorial para darme la primera copia de mi primer libro, y cuando nos saludamos, me preguntó: “¿Conoces a Camilleri? Le dije: “No, ¿quién es?”. Y me dio La stagione della caccia. El hecho de que dos de mis personajes de mi novela se llamen Montalbano de apellido es una coincidencia con respecto al Montalbano de Camilleri, pero no respecto a Vázquez Montalbán. Camilleri y yo hemos sido de algún modo “víctimas” de Vázquez Montalbán porque hemos elegido uno de sus dos apellidos para algunos de nuestros personajes, yo para dos de mis personajes y él para su protagonista. Dicho esto, creo que Camilleri es un gran escritor. Si solamente hubiera escrito el que yo considero que es su mejor libro Il birraio di Preston, sería ya suficiente para decir que Camilleri es un gran escritor. Por suerte ha escrito más, lo estimo mucho. Nos estimamos de forma recíproca.

¿Han tenido un contacto habitual?

Nos vemos poco porque él vive en Roma y yo en Palermo. Lo hacemos de vez en cuando, también en el extranjero, en presentaciones, hemos hecho entrevistas telefónicas juntos en la radio. Él me presentó en un documental para la cadena de televisión franco-alemana Arte en el que había otros 4 o 5 escritores italianos, y en representación de Sicilia estaba yo. Cada tanto hablamos por teléfono, aunque ahora raramente, él no se siente muy bien últimamente.

Hay otra escritora palermitana, Alessandra Lavagnino, que también es bióloga. ¿Cree usted que la literatura y la biología están más cerca de lo que pueda parecer a simple vista?

Más que biología y literatura, yo lo diría de la biología y la literatura policiaca. La investigación policiaca imita en los métodos y prácticas a la investigación biológica, a la investigación en cualquier campo de las ciencias exactas…. El camino que se recorre para descubrir a un asesino en una pesquisa policial es muy parecido al que se hace para descubrir, por ejemplo, el peso molecular de una proteína o un cierto mecanismo biológico. Ambos métodos son a la vez directos e indirectos. Yo no puedo coger una proteína, ponerla en una balanza y pesarla directamente, debo recurrir a la tecnología. Al final, me dará un peso molecular para esta proteína con cierto grado de credibilidad. Pero para llegar hasta ahí, tengo que completar un proceso que se parece mucho a lo que hace la policía.

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