Por las barbas del patriarca

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 12 Dic 2019

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Féretro del patriarca armenio de Constantinopla, Mesrob Mutafyan, en el funeral en el barrio de Kumkapi, Estambul (Marzo 2019) | © Ilya U. Topper / M’Sur


Estambul 
 | Diciembre 2019 | Con Lara Villalón

 

El equipo naranja contra el violeta. Resultado: 102 contra 16. Una victoria por goleada… si no fuera
porque ambos clubes tienen el mismo presidente.

Así se han presentado las elecciones al cargo del nuevo patriarca de Constantinopla de la Iglesia Armenia. El ganador fue nombrado en la tarde del miércoles 11 de diciembre en la sede del Patriarcado en Kumkapi, el histórico barrio armenio de Estambul, a orillas del mar de Mármara. Se llama Sahak Maşalyan y adoptó el nombre eclesiástico de Sahak II. Derrotado quedó su rival, Aram Ateşyan, durante una década el hombre fuerte del Patriarcado y considerado por gran parte de la comunidad un títere de Ankara. Pero la victoria de Maşalyan no parece cambiar gran cosa: en su primera declaración de prensa constaba un explícito agradecimiento al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, “por haber hecho posibles estas elecciones”.

Muchos armenios, incluso dentro de la Iglesia, opinan lo contrario: que el Gobierno turco ha hecho casi imposible estas elecciones.

“No son libres ni justas. El Estado lleva siete años impidiendo estas elecciones”. Así de claro lo tiene Sebu Aslangil, abogado del Patriarcado, que lleva desde hace tiempo batallando en los tribunales para que se reconozca a la Iglesia el derecho a elegir a su nuevo líder sin injerencias. Y la pelea intestina de la comunidad armenia, que se estima en unas 50.000 almas, no empezó solo tras la muerte del patriarca anterior, Mesrob Mutafyan, en marzo pasado. Sino mucho antes, en 2010, cuando el sumo sacerdote quedó incapacitado por una enfermedad mental y surgieron voces que pidieron acudir a las urnas para elegir a un nuevo regidor.

Ante las urnas hay papeletas blancas, sin nombre: son para quienes quieren hacer boicot

No es una forma de hablar. El patriarca, en un procedimiento probablemente único en el mundo eclesiástico, no se decide en un cónclave de sacerdotes sino por votación popular. Pero el Gobierno impuso de repente unas nuevas reglas para vetar a los tres candidatos procedentes de la diáspora: únicamente se admitirían los obispos activos en Turquía. Lo que se traduce en exactamente dos. Y ambos, a tenor de sus críticos, igualmente fieles a Ankara.

“El candidato del Gobierno, Arem Ateşyan, tiene muy mala fama, después de diez años de estar al cargo del Patriarcado está podrido, no lo aguanta nadie, tiene la peor fama posible”, opina unos días antes de la cita electoral Rober Koptaş, dueño de la editorial armenia Aras y antiguo redactor jefe del prestigioso semanario Agos, comprometido con una visión progresista. “Su rival, Sahak Maşalyan, no tiene tan mala imagen, pero por lo que ha dicho hasta ahora tampoco se saldrá del guion: dirá solo lo que el Gobierno quiera que diga. Ganará simplemente por no ser Ateşyan”, predice.

Domingo, ocho de diciembre. El estrecho patio de la iglesia de Surp Vartanants en el barrio de Feriköy en Estambul bulle de animación. Dos mesitas ofrecen artículos de navidad: licor de algarrobo, velas, decoración. Pero el público – hombres y mujeres, la gran mayoría en la segunda mitad de la vida – no se arremolina ante el mercadillo sino que forma pacientemente cola para subir la escalera a la sala de reuniones en el edificio adyacente: allí están colocadas las urnas. Una larga tabla con escribas, muchas de ellas mujeres, donde hay que confirmar que el o la votante esté registrado en el censo de esta iglesia y escoger papeleta. Las naranjas son las de la lista de Maşalyan, las violetas, las de Arem Ateşyan. Y hay un tercer montoncito: blancas. Sin nombre.

“Esta es para quienes quieren hacer boicot: ellos también vienen y votan, pero en blanco”, explica Kervor Özkaragöz, él mismo delegado de la lista violeta. ¿Y si sacasen mayoría? “Nada, como no tienen candidato, gana el más votado, pero habrán dejado clara su postura. Es todo muy democrático”. Reconoce que “antes había candidatos que venían de fuera, pero el Estado esta vez no los ha aceptado; son las normas de votación y hay que cumplirlas”. Lo que no le gusta es el sistema de ganador único, en vigor desde que se creó el sistema de voto popular en 1961: “El candidato que tenga más votos en una iglesia se lleva todos los delegados de este distrito, el perdedor ninguno, no hay proporcionalidad”.

“Yo soy ateo. Pero voy a votar en las elecciones del patriarca: el asunto es más social que espiritual”

En la iglesia de Surp Vartanants, donde votan los censados en el distrito de Feriköy, se escogen 22 delegados de los 103 que se designan en toda Turquía, y a los que se añaden luego 17 clérigos para completar el cónclave de 120 personas que nombra al patriarca tres días más tarde. De las 37 iglesias donde se vota, solo 5 están fuera de Estambul: una en Diyarbakir, otra en Kayserí y tres en la provinciade Hatay, mediterránea y fronteriza con Siria: Kirikhan, Iskenderun y Vakifli, el único pueblo campesino armenio que aún existe en Turquía.

El cargo del patriarca de Constantinopla no representa a todos los armenios, sino únicamente a los residentes en el Estado actual de Turquía y Creta. De la diáspora se encargan los dos catolicós – un rango superior – que se disputan la supremacía eclesiástica: el de Echmiadzin, cerca de Ereván, capital de la República de Armenia, y el de Cilicia, residente en Antelias, cerca de Beirut en Líbano. Aunque el catolicós de Cilicia es la referencia para prácticamente toda la diáspora armenia oriunda de Anatolia, el patriarca de Constantinopla y su homólogo de Jerusalén reconocen al de Echmiadzin, aunque “respetan” al libanés, explica Rober Koptaş.

Feriköy es con diferencia el mayor distrito eclesiástico de Turquía. “En el barrio viven unos 26.000 armenios que podrían tener derecho a voto, pero solo unos 16.000 están inscritos en el censo”, detalle Özkaragöz. “Y de estos suelen venir a votar unos 7.000-8.000”, estima, basándose en experiencias pasadas. En realidad, el acta publicada al día siguiente por el Patriarcado recoge solo 3.458 votos en Feriköy.

El total de papeletas emitidas en Turquía alcanza 13.704. La cifra queda por debajo de los 17.000 que se registraron en las últimas votaciones, en 1998, según recuerda Aslangil, aunque por primera vez se ha reducido la edad mínima de los 21 a los 18 años. Puede haber bajado el censo – la comunidad armenia turca no deja de envejecer – y puede ser que muchos descontentos se hayan quedado en casa. Porque el total de papeletas blancas y nulas no llegan a 1.200, señala el acta.

“Este año hay bastante gente que hace boicot para protestar contra las normas que impiden que haya candidatos de fuera”, confirma un hombre mayor. Por otra parte, no hace falta ser religioso para acudir a la cita. “Yo soy ateo. Pero voy a votar, porque el asunto es más algo social que espiritual”, dice un chico de veinte años que espera en la cola junto a dos amigos, que se definen igualmente como “no religiosos”. ¿Qué importa en concreto el patriarca? “No mucho… Vivimos como los demás ciudadanos, nos afecta mucho más e las elecciones a alcalde de Estambul”.

“Los administradores de la fundación se meten el dinero en el bolsillo y pasan parte al Patriarcado”

Rober Koptaş, que también se define como ateo, pero también está censado en la Iglesia –“Hasta he llevado a mi hija a bautizar: es una manera de mantener viva la comunidad armenia” – sí enumera varios motivos por los que un agnóstico si interesa por el cargo del sumo sacerdote. “Aunque desde 1915 ya no existe el consejo de civiles del Patriarcado, creado en 1863, que gestionaba asuntos económicos y familiares de la comunidad, el patriarca aún tiene cierta autoridad moral sobre las fundaciones pías, muy influyentes”. Cada iglesia armenia depende de una fundación, que además posee y regenta ciertos propiedades inmobiliarias, a veces considerables. A esto se añaden varios hospitales privados armenios, muy prestigiosos.

Un ejemplo es la fundación de la iglesia Üç Horan en Balikpazari, a una manzana de la céntrica avenida Istiklal, donde el metro cuadrado cuesta 2.300 euros al año (comparable a Madrid). “Posee varios edificios con 4.000 locales, ahí entra muchísimo dinero. Pero lo gestiona mal. Los administradores de la fundación meten todo el dinero en su propio bolsillo y para que el Patriarcado no diga nada, le pasan parte, y todo el mundo callado”, denuncia el editor. La Üc Horan sale a menudo en las noticias de la prensa armenia con quejas similares, porque entre sus inmuebles se halla el edificio Tokatliyan, sito en la calle Istiklal 76, construido en 1894, famoso por haber albergado un hotel en el que se alojó, entre otros, León Trotski a su paso por Estambul en 1929.

El hotel sigue ahí en las plantas superiores, pero lleva décadas abandonado, con el suelo de las habitaciones desnudas cubiertas por desperdicios y papeles viejos. En las demás plantas, igualmente descuidadas, se encuentran oficinas de abogados o empresas de textil, obviamente de poca monta. Según el semanario Agos hubo ofertas de pagar cinco millones de dólares anuales para alquilar y sanear el edificio. La fundación no hizo caso.

¿Podría un nuevo patriarca poner orden en el patio? “No puede dar órdenes a las fundaciones, pero sí podría presionarlas, por ejemplo negándose a nombrar un párroco para la iglesia en cuestión. Aunque no suele ocurrir”, opina Koptaş. “Pero si el patriarca es un hombre moderno, culto, activo, puede hacer mucho en el sector de los colegios, los espacios culturales, puede utilizarlos para dar mayor cohesión a la comunidad, insuflarle vida, crear una sensación de unidad. Pero si se mantiene en el rol eclesiástico con sus ceremonias y ropajes, sin más, muchos jóvenes se alejarán de la comunidad, se dispersarán, se pierde la cultura armenia”, reflexiona.

“Se ha destituido a muchos patriarcas de Constantinopla, ¡incluso a uno por gordo!”

¿Es por esto que el Gobierno turco intentan mantener bajo control al dirigente de la comunidad? ¿O es para evitar cualquier voz discordante en los rifirrafes diplomáticos sobre el genocidio armenio de 1915 que el Gobierno turco protagoniza todos los años, alguna vez con Francia, otras con Estados Unidos? Tras una apertura llamativa en las primeras legislaturas del partido de Erdogan, el islamista AKP, la palabra “genocidio” se se ha vuelto a convertir en término non grato en la prensa turca. Y en arma arrojadiza entre Ankara y cualquier Parlamento del mundo que vota una moción al respecto. ¿Podría el patriarca de Constantinopla hacer algo al respecto? “Ningún patriarca podría exigir públicamente al Gobierno turco que reconozca el genocidio”, se teme Koptaş. “Pero podría al menos no respaldar plenamente la postura oficial de Ankara. A veces, el silencio expresa mucho”.

Aslangil no quiere especular sobre los motivos de la injerencia. “Esto pregúnteselo al Gobierno”. Pero su lista de quejas es larga: un vía crucis judicial que lleva 10 años y del que no se sabe si se va a cerrar definitivamente con la elección de Sahak Maşalyan: aun quedan varias causas pendientes en el Tribunal Constitucional.

Todo empezó con la elección de Mesrob Mutafyan en 1998, con solo 42 años. “El Gobierno dejó claro entonces que no lo veía nada bien, pero no pudo interferir”, señala Koptaş. En 2008 se le diagnosticó una enfermedad mental, según algunas fuentes un Alzheimer temprano, y a partir de 2010 quedó confinado a la cama de un hospital. “Desde entonces, Aram Ateşyan ha intentado impulsar la idea de ser copatriarca. Investigamos y concluimos que eso era imposible, este concepto no había existido nunca. El Estado intervino para confirmarlo como portavoz, y nosotros abríamos un juicio tras otro”, recuerda el jurista Aslangil. “En 2016 se reunió el cónclave religioso y destituyó oficialmente al patriarca. Se eligió al obispo Karekin Bekçiyan para coordinar las elecciones, un cargo conocido como kaimakam en turco o deyabağ en armenio. Pero el Estado no no dio permiso de celebrarlas, y abrimos otro juicio”.

En el mundo hay 12 obispos que podrían aspirar a ser patriarca de Constantinopla

El argumento utilizado por Ankara era que el cargo de patriarca es vitalicio. Falso, responde Aslangil. “Normalmente se piensa que es así – de hecho, es el caso en el Patriarcado de Jerusalén– pero en las normas fijadas para el de Constantinopla en 1863, no se especifica en ninguna parte. De hecho, pocos patriarcas han muerto en el cargo”, detalla. Lo mismo dice Koptaş. “La historia del patriarcado de Constantinopla está llena de ejemplos de patriarcas reemplazados por otros. Será porque bajo el sistema otomano, el patriarca tenía una función política y tenía que poder ejercer el cargo. ¡Pero si hasta se destituyó a uno por gordo!” No era una cuestión estética: su volumen corporal lo obligaba a sentarse durante la celebración de la misa, y eso no se conforma al rito. “Lo echaron de la iglesia literalmente y votaron a otro”.

La muerte de Mutafyan en marzo de 2019 puso fin a las peleas judiciales… o más bien las renovó. Una vez terminadas las pompas fúnebres en Kumkapi, con asistencia de decenas de altos dignatarios eclesiásticos de otras ramas cristianas y con condolencias del Gobierno, el cónclave eligió a Maşalyan como deyabağ. Aparte de él mismo y Ateşyan se presentaron otros tres candidatos, entre ellos Bekçiyan, residente en Alemania, que partía como favorito. En total, en el mundo hay 12 obispos que cumplen los criterios aplicados hasta ahora: tener un padre de ciudadanía turca, señala Aslangil. “Pero el Estado intervino de nuevo: ahora, de repente, había que estar adscrito al Obispado de Estambul. Esto deja fuera a todos salvo a Maşalyan y Ateşyan”. Los motivos, entre otros: “No existe en Turquía un seminario armenio para formarse como sacerdote, hay que estudiar fuera”. La mitad del cónclave encargado de vigilar las elecciones dimitió en protesta por la injerencia, entre ellos el propio Aslangil.

El abogado recurrió la orden de nuevo en los tribunales, pero ya sabiendo que toda probabilidad, la respuesta del Constitucional llegaría después de las elecciones. Puede ser favorable a los demandantes, pero ¿destituir a un patriarca ya entronizado y repetir elecciones? El jurista levanta las manos en señal de impotencia.

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