Opinión

Más allá de Ceuta

Soumaya Naamane Guessous
Soumaya Naamane Guessous
· 7 minutos
Opinion mgf

Agosto 2026

El imaginario colectivo se representa Europa como El Dorado: bastaría con cruzar la frontera para encontrar la felicidad. No obstante, los testimonios de los jóvenes que lo han intentado son reveladores: «No hemos encontrado nada en Ceuta. Desolación, nada más».

Marruecos es un país de emigración. Desde la época del Protectorado, y luego sobre todo a partir de la década de 1960, muchos miles de marroquíes salieron para trabajar en el extranjero. Cuando volvían a su tierra en coche, el maletero lleno de regalos simbolizaba la modernidad. Su éxito, adquirido a costa de inmensos sacrificios y con grandes privaciones, empezaba a encarnar la posibilidad de un ascenso social.

Este mito perdura. Muchos jóvenes que viven con grandes dificultades en Europa vienen a pasar las vacaciones en Marruecos, exhibiendo una fortuna que no siempre corresponde a la realidad. Alimentan así el fantasma de la emigración.

Sin embargo, Europa ha cambiado. Las políticas migratorias se han endurecido, el coste de vida ha aumentado y las posibilidades de ascenso social se han reducido.

Cuando el sueño de la emigración se convierte en el único horizonte, impide invertir en su futuro en Marruecos

El médico Chakib Guessous y yo realizamos un estudio de campo en la región de Nador entre los menores de edad que habían intentado entrar en Melilla. Para muchos jóvenes, emigrar era el único proyecto de vida. Algunos padres, no necesariamente pobres, iban incluso para dejar a sus hijos cerca de los centros de acogida de menores en Melilla. Allí se ocupaban de ellos, creando la esperanza de que luego se podrían establecer de forma duradera en España.

Cuando el sueño de la emigración se convierte en el único horizonte, impide a los jóvenes invertir en su futuro en Marruecos. Muchos estudian a la vez que esperan una ocasión para salir. Otros directamente renuncian a toda formación; simplemente esperan.

Marruecos alberga a tres millones de ninis, esos jóvenes de 15 a 29 años que ni están empleados, ni estudian, ni están en una actividad formativa. Haría falta un amplio estudio nacional para identificar sus necesidades y elaborar las respuestas adecuadas.

En todo caso, las necesidades en mano de obra especializada son inmensas: en oficios de la construcción, el mantenimiento, la artesanía, la informática, los servicios técnicos, la agricultura o en el sector de la enfermería. Los programas de formación profesional deberían ofrecer una segunda oportunidad de verdad.

Marruecos ha multiplicado las iniciativas destinadas a incentivar a los jóvenes a formar empresas, como Moukawalati o Forsa. Pero una oferta de financiación, sin más, no es suficiente. Lo que más falta hace es un acompañamiento a largo plazo: tutoría, consejos de gestión, prospección comercial, seguimiento contable y jurídico…

La precariedad no es la única causa de la emigración: el deseo de partir nace del atractivo de otro modo de vida

A muchos jóvenes emprendedores les sobran las ideas. De lo que carecen es un guía que les pueda ayudar a transformar su proyecto en una empresa sostenible.

Tengamos claro que esto no reemplaza la lucha contra las desigualdades y las injusticias, ni la tarea de mejorar las infraestructuras, de crear más empleo y más lugares de ocio, de revalorizar los salarios y de reforzar el poder adquisitivo.

Es difícil pedir a los jóvenes creer en su futuro cuando muchas parejas, con estudios universitarios y con dos sueldos, se las ven y se las desean para llegar a fin de mes.

Mejorar la calidad de la enseñanza pública también es una prioridad. La enseñanza privada es una pesada carga para el presupuesto de las familias. Mucha gente elige emigrar para poder ofrecer a sus hijos una escolarización gratuita y de calidad.

La precariedad no es la única causa de la emigración. El deseo de partir nace también del atractivo de otro modo de vida, de la influencia de las redes sociales, de la representación a menudo idealizada de Occidente, lejos de la realidad; también surge de la sensación de que el futuro se está construyendo en otra parte.

Los motivos son múltiples y entremezclados. Nunca se pueden resumir en una simple cuestión económica.

El verdadero desafío no es solo proteger las fronteras, sino dar a los jóvenes una razón de creer que su futuro se pueda construir en Marruecos. Porque si un país pierde los sueños de su juventud, ninguna frontera podrá frenar su deseo de irse a otra parte.

La escuela no solo debe transmitir conocimientos. Debe formar a ciudadanos. Pero sucede que margina a menudo a los jóvenes y dificulta su desarrollo: violencia, fracaso escolar, desconexión, una formación desvinculada de las necesidades del mercado de trabajo… Deja de ser entonces una promesa de ascenso social.

Un país ideal no existe: se construye; y demasiados jóvenes esperan que el cambio venga del Estado

La escuela fracasa cuando ya no es capaz de dar a los jóvenes la sensación de pertenecer a una nación, ni la convicción de que pueden contribuir a su futuro. Retener a la juventud de un país requiere darle una razón para tener esperanza y para actuar. Esto implica luchar contra las injusticias que alimentan su sensación de hogra, de humillación, proporcionar a las familias una verdadera protección social y garantizar los padres una seguridad para que sus hijos dejen de cargar con toda la responsabilidad de mantenerlos en la vejez, ocuparse de su cuidado médico, socorrerlos en la precariedad en caso de que se queden en paro o incluso pagar los gastos de escolarización de sus hermanos y hermanas.

Demasiados jóvenes llevan a cuestas el peso de toda una familia. Cuando el futuro de varias generaciones descansa sobre sus frágiles hombros, emigrar acaba por representarse como un deber. Dar a estos jóvenes el medio de creer en su país pasa por permitirles que construyan su propio futuro sin tener que cargar el de toda su familia.

Mucha gente sueña con un país ideal. Pero un país ideal no existe: se construye. Demasiados jóvenes esperan que el cambio venga del Estado sin darse cuenta de que ellos mismos pueden convertirse en los artesanos de ese cambio.

La prioridad del próximo Gobierno deberá ser la de hacer nacer una generación que no sueñe ya únicamente con un país mejor sino que se sienta responsable de construirlo. Devolver la esperanza a esta juventud desilusionada. Convertirla en agente de cambio en lugar de ser candidata al exilio.

Este sería sin duda el homenaje más bello que se pueda rendir a las víctimas que han perdido la vida en Ceuta, arrastradas por el sueño de un mundo mejor.

© Soumaya Naamane Guessous | Primero publicado en: Le 360.ma · 7 Ago 2026 | Traducción del francés: Ilya U. Topper