Matrimonio ‘orfi’
Soumaya Naamane Guessous

Casablanca | Julio 2025
Hace cinco años, me quedé sorprendida al enterarme de que una amiga quería casarse «a lo orfi», es decir sin formalizar legalmente la relación. Durante décadas, el Estado y la sociedad civil lucharon contra estas uniones. Ver a una mujer moderna y culta, médica para más señas, plantearse este tipo de matrimonio me pareció un retroceso que echaba por tierra todos esos esfuerzos.
Desde entonces, a mi alrededor, este tipo de unión se practica cada vez más, aunque no llega a convertirse en una plaga. El matrimonio “orfi” es una unión que responde a los criterios de matrimonio en el islam, pero que no está registrada con las autoridades administrativas. Para la religión, la unión es válida, pero no para la ley.
Según el islam, una unión es halal (lícito) si hay “niya”, es decir, la intención de formar una unión conyugal. El marido le entrega a la esposa unas arras, aunque tengan un valor simbólico. Se procede a la lectura de una sura del Corán, la Fatiha, en presencia de dos testigos dignos de confianza, y se entonan albórbolas para informar al vecindario, lo que sirve como prueba pública en caso necesario.
La ley no reconoce el matrimonio “orfi” y la unión se considera nula, incluso se equipara la fornicación
Sin embargo, desde que la formalización administrativa del matrimonio se convirtió en una obligación legal, la ley ya no reconoce el matrimonio “orfi” y la unión se considera nula a los ojos de la justicia. Puede equipararse al concubinato e incluso a la fornicación, castigada por el artículo 490 del Código Penal. Estos matrimonios, por muy sinceros que sean, no tienen, pues, ningún valor jurídico en Marruecos. Peor aún: pueden exponer a las mujeres a riesgos legales en caso de conflicto, separación, o fallecimiento de su pareja. Y, sobre todo, los hijos nacidos de uniones no declaradas no tienen un derecho automático a que se les reconozca la filiación paterna.
Pero aquí estamos hablando de mujeres que no tienen ninguna intención de tener hijos, ya que muchas de ellas ya tienen hijos de un matrimonio anterior. Entonces, ¿qué ventajas le ven al “orfi”? A veces, se trata de mujeres que buscan protegerse: “Mi divorcio fue muy mal. Quiero evitarme la misma pesadilla. Sin formalización legal, la separación es fácil”. En otros casos, se trata de una solución transitoria. Rachid cuenta: “Tenemos cada uno hijos de un primer matrimonio. Queremos ser prudentes para no perturbarlos. Vamos a vivir dentro de lo halal, por un tiempo, para estar seguros de llevarnos bien antes de formalizar legalmente el matrimonio”.
Muy a menudo, estas uniones se dan en familias reconstituidas, en las que hombres y mujeres ya tienen hijos. A estos últimos, el anuncio de un nuevo matrimonio puede causarles problemas psicológicos y afectivos. Un padrastro o una madrastra suele percibirse como una amenaza para la relación entre padres e hijos, ya que el progenitor pasa a estar menos disponible. Si todo va bien, pues menos mal, pero los conflictos pueden alejar al progenitor de sus hijos.
La herencia, en caso de fallecimiento de uno de los cónyuges, también es motivo para elegir un matrimonio “orfi”
Volver a casarse oficialmente conlleva otra amenaza: la posibilidad de que un nuevo cónyuge dilapide el patrimonio. “Me niego a que mi padre se case”, se inquieta un hijo. “Su dinero y sus bienes los adquirió gracias a la ayuda de mi difunta madre. Una nueva esposa va a beneficiarse de todos los esfuerzos de mi pobre madre”. Bajo este aspecto, el matrimonio “orfi” está pensado para los hijos. El hecho de no oficializar jurídicamente esta nueva unión, sino solo celebrarla simbólicamente, permite dar un reconocimiento afectivo sin dar la impresión de borrar el cónyuge antiguo, fallecido o divorciado.
Ciertas parejas “orfi” eligen también vivir de forma separada, cada uno en su casa con sus hijos, para no perturbarlos. Hana cuenta: “Nos llamamos todo el rato. Cenamos juntos una vez por semana. Los findes los pasamos en casa de él o en la mía, cuando nuestros hijos van a visitar al padre o la madre”.
La herencia, en caso de fallecimiento de uno de los cónyuges, también es motivo para decidirse por un matrimonio “orfi”: “Mi madre tiene bienes heredados de mi padre. Si ella se casa de nuevo, un desconocido va a heredar de ella y no nos dejará nada”. Algunas parejas toman esta decisión para no alterar un reparto que beneficia a sus propios hijos.
La celebración del matrimonio “orfi” se hace generalmente con el conocimiento de ambas familias
La celebración del matrimonio “orfi” se hace generalmente con el conocimiento de ambas familias y de su entorno cercano. Pero puede llegar a celebrarse en secreto si el marido ya tiene una esposa: “Nos queremos. Su mujer está muy enferma y él no se quiere divorciar. Nos hemos unido religiosamente, en secreto”.
Esta unión parece ofrecer más libertad a las mujeres y constituye una elección pragmática dictada por realidades familiares y jurídicas. Dos razones se repiten con frecuencia en los testimonios: evitar los conflictos relacionados con la herencia y proteger a los hijos en un contexto de reconstitución familiar. A menudo, cuando el nuevo matrimonio del progenitor no supone una amenaza para la herencia, la relación con el padrastro o la madrastra es menos tensa. Una madre cuenta: “Mis hijos se oponían a que me volviera a casar. Cuando elegimos el matrimonio ʽorfi’, eso les dio seguridad”.
Según las parejas en cuestión, el matrimonio “orfi” es una herramienta de gestión familiar, no
solamente un gesto romántico. Permite proteger la herencia de los hijos y ofrece una transición más suave y respetuosa dentro del contexto de recomposición familiar. Es un compromiso entre el amor, la fe y la estrategia familiar. Para estas parejas, es un acto de emancipación. Pero a veces, la realidad acaba imponiéndose: “El único inconveniente es cuando, en los hoteles, nos piden el contrato de matrimonio”, ironiza una mujer casada según el rito “orfi”.
¿Tenemos derecho a juzgar este tipo de unión, aunque sea halal? Personalmente, me desentiendo. Que cada uno haga lo que crea…
© Soumaya Naamane Guessous | Publicado en Le360.ma · 27 Jul 2025 | Traducción del francés: Roumaîssa Boussetta
