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Rezo en un mezquita de Estambul |   |   © I.U.T. / M'Sur
Rezo en un mezquita de Estambul | | © I.U.T. / M’Sur

El islam conoce cinco ‘pilares’ básicos que debe respetar todo musulmán para considerarse como tal. No hay diferencias entre hombres y mujeres ni se establecen otras categorías sociales, excepto la de la edad: los niños son exceptuados de toda norma. Habitualmente, los jóvenes empiezan a cumplir (o a incumplir, en las sociedades menos estrictas) estas reglas a partir de la pubertad, aunque no se fija una edad concreta ni existe rito de iniciación.

Los cinco pilares son los siguientes:

  1. El credo (shahada): “No hay más dioses que Dios; Mahoma es el mensajero de Dios”.
  2. La oración (salat). Debe tener lugar cinco veces al día en horas determinadas.
  3. El impuesto religioso (zakat). Se da en beneficio de los huérfanos, pobres etc.
  4. El ayuno de sol a sol durante el mes lunar de ramadán.
  5. El peregrinaje a La Meca (hayy o hach), si las circunstancias lo permiten.

En las sociedades islámicas de hoy, el respeto a estas cinco pilares varía bastante. El impuesto religioso ya no existe como tal en las sociedades modernas, en las que el Estado recauda todas las tasas y se encarga de la atención a las capas desfavorecidas, y la palabra zakat define más bien las donaciones voluntarias para financiar obras religiosas.

Dado que el peregrinaje desde países lejanos como Marruecos o Pakistán es difícil y costoso, no se considera un deber religioso, sino apenas una buena obra reservada a las personas con recursos. Además, ante la gran demanda de visados para peregrinos, Arabia Saudí ha establecido cuotas para los países musulmanes, de manera que no se trata siquiera de una decisión individual.

Así, las sociedades islámicas de hoy mantienen a grandes rasgos dos costumbres religiosas: la oración y el ayuno, aparte del credo que cualquier musulmán debe pronunciar para identificarse como tal.

A los cinco pilares se añaden algunas prohibiciones que dividen las acciones y objetos en haram (prohibido) y halal (lícito); se refieren sobre todo a los alimentos —son haram por ejemplo la carne de cerdo y el alcohol— pero también a actitudes, sobre todo en el terreno sexual. La charia recoge con detalle estas prohibiciones. Además existe el concepto de la yihad, una obligación comunitaria a defender las tierras musulmanas cuando son atacadas.

Oración

La oración consiste en una serie de movimientos – arrodillamiento, inclinación al suelo, levantamiento – durante las que se reciten fórmulas religiosas y algunas suras del Corán. Debe realizarse al alba, al mediodía, a media tarde, a la puesta del sol y dos horas después del anochecer, siempre orientándose hacia la dirección en la que se encuentra La Meca. Aunque es preferible rezar en una mezquita junto a otros fieles, no es una condición: puede hacerse en cualquier lugar limpio.

En las ciudades, un almuédano llama desde un minarete para avisar de la hora correcta; quien no se halla cerca de una mezquita debe consultar el sol o el reloj. Antes de proceder a la oración es necesario lavarse manos, pies y cara de forma ritual (si no hay agua, se puede hacer con arena o simbólicamente con una piedra).

Hasta qué punto se cumplen las oraciones depende en gran parte de la cultura local. Es un rito de afluencia masiva en los países del Golfo o en Irán pero tiene una importancia mucho menor en el Magreb; en Marruecos, sólo un reducido porcentaje de la población acude a la mezquita y la vida pública no se orienta en los horarios previstos por la religión: las fábricas no interrumpen su producción, las oficinas no cierran, los autobuses no intercalan descansos, la sesión del Parlamento no se suspende. Lo mismo vale para la sociedad siria o para la iraquí antes de la invasión estadounidense de 2004. La religión es, en estos países, un asunto privado.

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