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Es muy fácil decir que el ISIL no tiene nada que ver con el islam. Tan fácil que más de uno se ha sorprendido al ver que tan pocos musulmanes en Europa, o en el mundo, hayan llegado a decirlo. (O eso creen, como si a los kurdos que ahora mismo están a punto de ser masacrados en Kobani, más o menos tan musulmanes como todo hijo de vecino, les hiciera falta dar lecciones de teología mientras el ISIL les tira artillería de la pesada y afila sus cuchillos).

Pero es cierto: en Europa, pocos han salido a la calle a decirlo. No hemos visto manifestaciones masivas en Alemania, Francia ni España, denunciando la pretensión del así llamado “Estado Islámico” de llevar este nombre. No puede ser por carencia de musulmanes: dicen que por ahí viven unos cuantos millones. Por fin, algunos de ellos han lanzado una campaña en las redes sociales: #Notinmyname. No en mi nombre. Hay quien se fotografía con un cartel y un Corán, para dejar claras las cosas.

¿Acaso algún cristiano español ha visto necesidad de salir a la calle para distanciarse de lo que hace el Ku Klux Klan?

Otros se niegan. Por principio. Porque distanciarse expresamente del ISIL, argumentan, significaría asumir de entrada que un musulmán, si no lo hace, es parte de él. Que un musulmán en cualquier parte del globo es responsable de lo que hace en cualquier otra parte cualquier criminal que se hace llamar musulmán. ¿Acaso algún cristiano español ha visto necesidad de salir a la calle para distanciarse de lo que hace el Ku Klux Klan allende el océano, con su parafernalia de crucifijos ardientes? No ¿verdad? ¿Por qué a un cristiano se le supone la inocencia, y a un musulmán, la responsabilidad?

Efectivamente, esta sensación de distancia absoluta es la que durante años ha causado la pasividad de muchos millones de musulmanes, tanto en los países oficialmente islámicos como en Europa: uno no se manifiesta contra cosas con las que no tiene nada que ver. Y sólo a un analista de éstos que escriben en la prensa europea, ávido buscador de citas coránicas convenientemente seleccionadas, con una agudeza teológica sólo comparable a su ignorancia terrenal, se le puede ocurrir que las ideologías proclamadas por Al Qaeda tienen algo que ver con lo que un musulmán normal, de los de toda la vida, considera su religión.

Pero de esa época feliz, de cuando aún podíamos decir que la inmensa mayoría de los musulmanes simplemente no tenía relación alguna con las ideologías de Al Qaeda, han pasado algunos años. Ahora apenas queda un país – aparte quizás la mitad sureña y campestre de Marruecos – donde no florezca el burka negro, el hierro con el que los adherentes de esta ideología marcan a “sus” mujeres.

ISIL es una herramienta para aniquilar toda semilla de democracia en las sociedades árabes, y podar las europeas

Y especialmente la población musulmana de Europa ya no puede sentirse distante: es ella la que alimenta al ISIL. Más que ninguna otra, proporcionalmente. Ser musulmán en Europa, hoy día sí significa, con cierta probabilidad estadística, ser defensor de la ideología bajo cuya bandera se masacra a la población siria. Y significa verse considerado parte de un colectivo, el “musulmán”, representado por predicadores a los que cortejan políticos y prensa: fue Sarkozy quien elevó a Tariq Ramadan a príncipe del islam europeo, ofreciéndole un debate de igual a igual en televisión. Ese debate en el que el “moderado” predicador defendió como “islámicas” las mutilaciones como castigo, esas que no aplica ningún país musulmán salvo Arabia Saudí. Solo pidió una moratoria. Entre los musulmanes, o entre quienes figuran como tales en las estimaciones demográficas, seguramente muchos se sentían asqueados. Si alguien protestó, no nos enteramos.

Es fácil salir ahora a Facebook con un cartel de #No en mi nombre. Pero es tarde para eso.

Es tarde porque ya no es cierto que el ISIL no tenga nada que ver con el islam. Por supuesto – esto que no se nos olvide -, ISIL sigue siendo una estructura militar establecida con el fin, por una parte, de destruir Siria e Iraq y, por otra, de amedrentar a la población europea y norteamericana. Una herramienta creada para aniquilar toda semilla de democracia en las sociedades llamadas árabes, y podar todo lo que sea posible la democracia que en el último siglo ha crecido en Europa o Norteamérica. Esto, que no se nos olvide.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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  1. […] Europa ha fomentado, no sé si a ciegas o a conciencia, pero de forma activa y continua, de forma criminal, las corrientes más extremistas del islam, […]

  2. […] Europa ha fomentado, no sé si a ciegas o a conciencia, pero de forma activa y continua, de forma criminal, las corrientes más extremistas del islam, […]

  3. […] Europa ha fomentado, no sé si a ciegas o a conciencia, pero de forma activa y continua, de forma criminal, las corrientes más extremistas del islam, […]

  4. […] y más allá bajo un signo distintivo único. Solo algunas conversas, escudadas en una ignorancia a prueba de lecturas, mantienen que se trata de una “prenda tradicional islámica” (¿cuál es la prenda tradicional […]

 
 

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