«Ojalá podamos reconducir el debate sobre el sexismo en el lenguaje»

Soledad Puértolas

 
Soledad Puértolas (2011) | © Casa de América (Cedida)

Soledad Puértolas (2011) | © Casa de América (Cedida)

Sevilla| Octubre 2016

Escritora de larga trayectoria, Académica de la Lengua, Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) ha sido siempre un capítulo aparte en el panorama de la narrativa española. Ganadora del premio Sésamo en 1979 con El bandido doblemente armado, del Planeta 1989 con Queda la noche, y del Anagrama de Ensayo 1993 con La vida oculta, entre otros muchos títulos, acaba de publicar en Anagrama su segundo libro de relatos consecutivo, Chicos y chicas, “que no es más que la relación con el otro. Ahí entra todo, sobre todo a edad temprana. El gran problema de la adolescencia es ese, chicos y chicas”.

En este nuevo libro se ha decidido por la tercera persona. ¿Es por huir de la tiranía del Yo en las letras actuales?

«En este nuevo siglo, la familia se ha convertido casi en la protagonista de los relatos»

Sí, dada la presencia invasora del Yo, he tenido necesidad de investigar esa vía diferente. Claro que la tercera persona de hoy no es la de antaño, aquellos narradores omniscientes y omnipotentes. Esta que es muy rica, porque está muy pegada al narrador, pero además te da una perspectiva. Ahora mismo estoy escribiendo una novela, de nuevo en primera persona, pero hay momentos en que vuelvo a la tercera. De alguna manera, es más serena.

Hoy se escribe mucho sobre relaciones familiares. Usted también pasó por ahí, ¿es uno de las grandes cuestiones de nuestro tiempo?

La relación familiar ha cobrado, en efecto, mucha importancia. Hemos pasado de las grandes crónicas a los asuntos familiares, es toda una tendencia de la literatura desde principios de siglo… ¡desde principios del siglo XX, quiero decir! [Risas] En este nuevo siglo, la familia se ha convertido casi en la protagonista de los relatos. Y creo que Freud tiene mucho que ver con esto. Y el hecho de que el individuo se sienta muy perdido, la pérdida de valores colectivos…

¿El paradigma familiar ha quedado invalidado?

«No busco la complicación o sofisticación, sino esta llaneza de la que hablaba Cervantes»

No solo eso. Ahí se fraguan las primeras emociones, que si no nos determinan, si nos condicionan muchas vivencias, nuestra forma de ver la vida… Lo que en general nos interesa a los lectores y a los escritores de esta corriente es la formación de la persona. Cómo se hace la persona. Y la familia es el entorno más significativo y potente, incluso para querer romper con ella. Se han producido unos cambios muy fuertes. El individuo tiene cada vez más peso, y cada vez sufre más de soledad. Es una época que nos ha obligado a mirar mucho nuestra identidad.

Cuando usted empezaba a publicar, chocó mucho que algún personaje tuviera sexo con un casi desconocido. ¿Siente que hizo su contribución al famoso destape?

No especialmente, no era consciente. Me asombraba cuando me hacían estas preguntas, porque es que la realidad era así: era lo que tenía a mi alrededor, lo que percibía. Creo que todos los escritores, aunque no seamos costumbristas, lo hacemos de una forma más o menos consciente. Los valores de una sociedad se van a notar en lo que escribes, si eres alguien interesado en ligarlo todo. Me fascina la relación de las distancias cortas con el entorno. Si la distancia corta la aíslas, si te quedas con el plano de detalle de la película, pierdes todo lo demás. Por eso lo que reflejé era una sociedad que cambiaba

También se le acusaba de escribir como una anglosajona traducida. ¿Era porque huía del casticismo?

En el lenguaje, no. Lo que pasa es que no me interesa el reflejo de las costumbres más anecdóticas, prefiero profundizar en lo universal. Esto, claro, no de una forma consciente, te vas orientando de una forma muy intuitiva. La necesidad de comprensión que tenía me llevó a buscar esos puntos en común. Sí he podido rechazar, a lo mejor, actitudes cerradas, las escenas que se empantanan en modismos… Y con el lenguaje, sí he sido cada vez más consciente, buscaba algo que se pueda entender, pero con la pureza de la expresión. No buscar la complicación o sofisticación, sino esta llaneza de la que hablaba Cervantes. Toda llaneza es poca, entendida como pureza, no como bajar el nivel. El nivel es aquel con el que nosotros queramos impregnar a las palabras.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Soledad Puértolas
 
 

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