Dinero, amistad, sexo (II)

 

opinion

 

[Lee aquí la primera parte de la columna]

Si la mujer debe sufrir para estar guapa, ¡el hombre debe sacrificar su dinero para admirarla!

Ofrecer su cuerpo a un hombre tiene un precio: “Tenemos una excelente relación amorosa. Yo le ofrezco mi cuerpo. ¡Él debe recompensarme!”

De ahí esta reacción: “Si un hombre tiene una vivienda, la chica se frustra. La invita a su casa. La chica está dolida porque se le priva de salir. Para él está bien. No invierte nada en la relación.”

La perspectiva del matrimonio empuja a la chicas jóvenes a exigir que los hombres paguen por ellas: “Los hombres dejan de salir con las mujeres cuando se casan. Yo aprovecho antes del matrimonio.” “Me niego a sacrificar mi soltería porque, una vez casada, tengo que renunciar a los momentos agradables que paso gracias a la generosidad de los hombres.”

En ocasiones, las exigencias de las chicas jóvenes radican en la astucia de los hombres. Un hombre que busca una relación sexual se muestra generoso. Le habla de boda y la mima. A mi edad, yo no soy tonta. Hago durar el placer. Me hago de rogar mucho tiempo para que siga gastando. Sé que cuando tenga lo que busca, ¡parará de ser generoso y me rechazará!”

“Sin dinero no hay romanticismo. No podemos sentirnos cómodos en un banco de un jardín público”

La astucia masculina apela a la venganza femenina: “Hace ya dos años que me habla de boda. Miente para conservarme. Mi venganza es empujarlo a gastar.”

¡El dinero y el amor van juntos! “El dinero es primordial en toda relación amorosa. Permite pasar buenos momentos en los que la seducción entra en juego. El amor va ligado al romanticismo. Sin dinero, no hay romanticismo. No podemos sentirnos cómodos en un banco de un jardín público o en una cafetería miserable.”

Mientras más lujoso sea el lugar de salida, más valorizado será el novio. Muchas chicas jóvenes reconocen sacar orgullo de sus parejas. Para su ego y por vanidad: “Me gusta ir a sitios lujosos. Presumo de ello. Y además, sienta bien que te vean en esos lugares.” De ahí el reconocimiento: “El hombre que invita a lugares distinguidos recibe mucho en contrapartida. Soy más afectuosa con él, más permisiva. Lo respeto.”

Moraleja: ¡más vale que un hombre sea rico y seductor, que enamorado y pobre! ¿Debemos deducir que las marroquíes son salvajes materialistas? Según muchos hombres, ¡la respuesta es SÍ!

Moraleja: ¡más vale que un hombre sea rico y seductor, que enamorado y pobre!

Lo que provoca el malestar de los jóvenes que no tienen todavía un sueldo: “Los adolescentes sufren. Las chicas prefieren a hombres mayores que les ofrecen el lujo. Para tener la compañía de las chicas, hace falta dinero. Son muy exigentes.”

Hay que diferenciar también la amistad del amor: “Con las amigas, cada uno paga su consumición. Aunque a las chicas les gusta que sus amigos hagan, de vez en cuando, algunos gestos. Pero cuando ligamos con una chica, ¡hay que mostrar el dinero! Como no tenemos muchos recursos a nuestra edad, las chicas nos rehúyen. A menos que seas de una familia rica. Entonces, todas las chicas van detrás de ti. ¡Es frustrante!

“Las chicas se encariñan más con los signos de fortuna que con el valor de los chicos. El que tiene un coche o un apartamento y que además paga la cuenta es muy codiciado. Pero si es pobre como yo, está frustrado.”

El problema surge sobre todo en el marco de las relaciones amorosas: “Sin dinero, no tengo ningún lugar donde quedar con las chicas. No puedo proponerle un parque. Si lo hago a menudo, me deja.”

El dinero, la virilidad y el honor están estrechamente unidos, mezclados

Los jóvenes llevan mal esta situación y se resignan con frecuencia con las prostitutas: “No tengo ninguna oportunidad con una chica de mi edad. Incluso si acepta hacer el amor, rechaza salir con pobretones. ¡A menos que esté locamente enamorada! En resumen, los jóvenes frecuentan las prostitutas. Cuesta entre 20 y 30 dírhams (2-3 € aproximadamente). Sacian su necesidad pero están frustrados porque no reciben ningún afecto.”

De ahí esta reacción: “Por culpa de la frustración, los chicos son agresivos con las chicas. Ellos se vengan molestándolas en la calle.” Algunos jóvenes recurren a la astucia: “Para ligar, salgo con un amigo que tiene un buen coche o que coge el de sus padres. Mientras más lujoso sea el coche, más éxito tendré. Me invento que mi padre es empresario, que tengo un chalé en un barrio residencial… Si salgo del coche para ligar a pie, ¡ninguna chica se interesa por mí!” A la frustración se le añade la vergüenza de ser un hombre sin dinero.

Lo que le da valor a un hombre de nuestra sociedad es su virilidad y su dinero. ¡Dos elementos indispensables para la fuerza masculina y el honor! El dinero, la virilidad y el honor están estrechamente unidos, mezclados. ¡Incluso si las mujeres disponen hoy en día de un sueldo!

1 2Página siguiente

 
 

Acerca del autor

Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

Etiquetas

,

Artículos relacionados

Dinero, amistad, sexo (II)
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario