Las cuevas del sexo

 

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opinion

Casablanca | 2001

 

Imouzzer. La Kasba. Llueve. ¿Una lluvia piadosa? ¡No! La piedad no pasó nunca por aquí. Abandonó esta región cediéndole el sitio a la miseria y la vergüenza, grabadas en la sólida roca de una montaña del Medio Atlas, un Medio Atlas perforado de cuevas, decenas de cuevas que sirven de refugio a los parias de la sociedad, a mujeres reducidas a deshechos humanos.

Las cuevas están ocupadas por viudas, mujeres de las cavernas, resignadas a su suerte, mujeres que agradecen a Dios haberles proporcionado ese techo “tan barato”. Estamos en el tercer milenio, pero este colectivo vive aún en la era de las cavernas. Hace frío, cuatro grados; en invierno la temperatura desciende hasta los 10 grados bajo cero. La nieve cubre la montaña taponando las improvisadas puertas de las cuevas. Me aproximo a una de las grutas. “Entra hija mía, ven a calentarte un poco”. Una mujer de más de 70 años me da la bienvenida con ese calor de los pobres, me hace sentarme sobre la piel de un cordero y me ofrece un té. Ella enviudó hace ya tanto tiempo que ni sabe decírmelo en años. Aquí el tiempo no se cuenta en días o años, se cuenta en los surcos que su paso deja en las almas; es la profundidad de esas heridas abiertas por la precariedad lo que lo determina.

Fadma se sienta en la oscuridad e hila la lana que otras mujeres le llevan

Una cueva de 3 por 2,5 metros: no hay ventilación, no hay luz, no hay rayo de sol alguno. Fadma se sienta en la oscuridad e hila la lana que otras mujeres le llevan. De este trabajo vive: obtiene unos 50 dirham (5 euros) a la semana.Cuando nieva, el reumatismo le impide hacer su trabajo. Entonces sobrevive con la gracia de Dios y restos de comida que le regalan sus vecinas. Aquí, a pesar de la miseria hay también solidaridad entre las mujeres, entre viudas. Es la montaña de las viudas solidarias entre ellas.

El objeto de mi visita es bastante particular. Investigo la prostitución. La región es conocida por su floreciente mercado de prostitución. Esta región comunica el Medio Atlas con la capital y las ciudades costeras. También es un paso entre el Tafilalet y el oeste, a través de el cual se ejercía un próspero comercio entre las ciudades subsaharianas y las urbes imperiales. Las caravanas acampaban en estos pueblos para descansar, avituallarse y también para satisfacer sus apetitos sexuales. Además, esta región es una de las más húmedas del reino, célebre por su vegetación, abundancia de fuentes y lagos, su clima sano y su famoso bosque de cedros, de manera que ha atraído siempre a muchos turistas nacionales deseosos de purificar sus pulmones, además de buscar placeres sexuales o una vía de escape para sus numerosas frustraciones.

Una región llena de cuarteles militares con soldados dispuestos a pagar por sueños y ternura

Estamos en el corazón de la prostitución. ¿Cómo podría ser de otra manera en una región que ha entregado a sus hombres al ejército y ha dejado a sus mujeres solas frente a las dificultades de la vida? Una región llena de cuarteles militares con soldados lejos de sus esposas y dispuestos a pagar por sueños y ternura, una región donde no existe ninguna posibilidad de encontrar trabajo, ninguna industria, ninguna producción, ninguna esperanza de obtener un contrato si no es en la agricultura, y esta es muy arcaica. Pequeñas parcelas mal equipadas donde el agua es cada vez más escasa. A día de hoy, se desarrollan plantaciones de peras y manzanas pero solo pueden ofrecer trabajo tres meses al año a unos pocos afortunados. ¿Cómo vivir de esto todo el año?

Esta miseria contrasta con los enormes edificios construidos en la época colonial y recuperados por gente rica de Fes, Meknés, Rabat y Casablanca. Se han construido nuevas villas y centros de vacaciones, un lujo arrogante que se burla despiadadamente de la pobreza! Y que contraste con Ifrane, una ciudad perfecta y lujosa donde las fortunas de Marruecos muestran sus riquezas. ¡Palacios y suntuosas mansiones abiertas solo un mes al año!

En esta montaña también han construido casas aquellos a los que la suerte les ha sonreído. La sonrisa aquí viene de manos del sexo. Hace cinco años, durante mi última visita, las puertas de las casas y cuevas estaban abiertas de par en par, las calles llenas de mujeres y chiquillas excesivamente maquilladas y ligeras de ropa, riendo a carcajadas y atrayendo, agarrando del brazo a los numerosos hombres que deambulaban por ese gran mercado de carne humana. Los hombres salían de las casas o cuevas, saciados, los ojos brillantes de felicidad, contentos y saciados de cuerpos cuyos favores habían comprado.

Hoy muchas de esas puertas están cerradas, algunas entreabiertas, otras cerradas. Las ventanas están abiertas, algunas protegidas por una tosca reja. Cuando nos acercamos percibimos una cara de mujer bien maquillada, discretamente al acecho, mostrando una sonrisa, una invitación…

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Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

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